Las rutas invisibles de la contaminación

Sociedad 30/09/2026

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La polución salta cualquier frontera. Esta contaminación, cargada de nocivas partículas, viaja cientos de kilómetros. Incluso en ocasiones, atraviesa países y océanos. La calidad del aire en nuestras ciudades, pueblos o países no solo está influenciada por actividades locales, sino que puede verse afectada por la contaminación de países vecinos o bastante lejanos, según la Agencia Europea de Medio Ambiente.

El Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus publica este miércoles un estudio centrado en esa contaminación transfronteriza, con el caso del ozono troposférico, el que respiramos los seres humanos, ocupando un lugar destacado.

Porque, según detalla este análisis, titulado Atmosphere Watch, el 40% de la población mundial estuvo expuesta este 2026 a niveles extremadamente altos de ozono.

Ofrece un retrato de lo ocurrió en los primeros meses del año y se nutre de millones de datos que provienen de observaciones satelitales, redes terrestres y aeronaves del sistema global de predicción de la contaminación atmosférica. Este año ha estado marcado en el planeta por un calor por encima de lo normal debido al cambio climático y, desde junio, incrementado por El Niño que está registrando niveles récord. Y afecta también a la contaminación por ozono y la ligada a los incendios.

La exposición al ozono a nivel del suelo durante los primeros ocho meses de 2026 fue extremadamente alta y persistente en toda Asia, mientras que se observaron varios días con una exposición muy alta en Europa y Norteamérica en medio de frecuentes olas de calor veraniegas”, resume el estudio. “Oceanía fue el continente menos afectado”.

El 60% de la población asiática ha estado expuesta a niveles extremadamente altos de ozono en los ocho meses analizados. Además, los niveles de ozono estuvieron acompañados de una contaminación significativa por partículas, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre en regiones industrializadas y densamente pobladas. En el caso de Europa, las olas de calor también han incrementado los niveles de ozono. Como resultado, el 50 % de la población europea estuvo expuesta a niveles de ozono malos, muy malos o extremadamente malos este año, señala.

Italia, con especial incidencia en el norte, España en la costa Mediterránea y el valle del Guadalquivir y Grecia, son los países más afectados. Hay a una clara diferencia entre el norte y el sur. En realidad, los países del sur, los mediterráneos, están más expuestos debido a la luz solar y las altas temperaturas.

La contaminación por ozono troposférico surge cuando se combinan varios factores, por un lado, ese calor que está aumenta de la mano del cambio climático y la luz solar. Pero además se necesitan precursores químicos como, por ejemplo, el dióxido de nitrógeno, emitido por el tráfico y los combustibles fósiles y otros compuestos orgánicos emitidos por la industria, disolventes, algunos productos domésticos y vegetación.

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Por eso resulta mucho más complicado combatirla. De hecho, en Europa se produjo una disminución de las emisiones de los precursores químicos que están detrás de la generación del ozono troposférico. Sin embargo, no se ha reducido este tipo de contaminación. Es lo que se llama “la paradoja del ozono”, una polución transfronteriza.

Porque los precursores químicos pueden recorrer miles de kilómetros movidos por el aire. Además, el propio ozono, que permanece activo durante días, también puede desplazarse ignorando las fronteras.

Solo el 5% de la población mundial ha estado expuesta a niveles buenos de ozono a largo plazo y el 15% a niveles razonables durante 2026 señala el estudio. Sin embargo, en el hemisferio sur hay muchos menos episodios debido a que tiene menos emisiones precursoras y el área cubierta por los océanos es mucho mayor que en el norte.

Otro de los fenómenos de contaminación transfronteriza es el de los incendios, que liberan una amplia gama de contaminantes, incluyendo partículas finas, óxidos de nitrógeno y muchos compuestos orgánicos volátiles y gases de efecto invernadero. Aunque las emisiones globales por la quema de biomasa han disminuido en las últimas décadas, la exposición global al humo de los incendios forestales está aumentando debido a los incendios más extremos cerca de zonas pobladas.

Una vez emitidos a la atmósfera, estos contaminantes pueden ser transportados lejos del lugar donde arden los incendios, convirtiendo una emergencia local en un episodio regional o continental de calidad del aire.

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Francia, España y Bélgica tuvieron megaincendios. En julio, se produjeron grandes incendios forestales en las regiones de Gironda y las Landas, en Francia. Casi al mismo tiempo en España, otro gran incendio se inició en la provincia de Ávila. El fuego en Francia quemó casi 50.000 hectáreas, obligando a evacuar a 40.000 personas, en una de las mayores evacuaciones desde la Segunda Guerra Mundial, y causando impactos significativos en la calidad del aire a cientos de kilómetros de distancia.

Si los incendios hacen que aumente la concentración de las nocivas partículas finas, los episodios de polvo del desierto contribuyen a disparar las partículas  conocidas como PM10, que también causan problemas de salud. Cada año alrededor de 2.000 millones de toneladas de arena y polvo entran en la atmósfera.

Existe algo así como un cinturón global de polvo que incluye a algunos de los mayores desiertos del planeta, desde China y el desierto de Gobi en Mongolia, pasando por la península arábiga, que juegan un papel fundamental. Entre todos destaca el Sahara, cuyo polvo suele ser transportado a través del Mediterráneo hacia Europa o cruzando el Atlántico Norte hasta el Caribe.

La contaminación demuestra que la calidad del aire de una región no depende únicamente de lo que ocurre dentro de sus propios límites. Las condiciones meteorológicas, los incendios, las emisiones industriales, el transporte y los fenómenos naturales, forman una red en la que las consecuencias pueden aparecer muy lejos de donde comenzó el proceso.

Seguir estas rutas invisibles es fundamental para comprender cómo funciona la contaminación a escala regional y global. Los satélites, las estaciones de monitoreo y los modelos meteorológicos permiten reconstruir el recorrido de las masas contaminantes y determinar, con distintos grados de precisión, de dónde proceden y hacia dónde se desplazan.

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