
Súper Niño 2026: cuándo alcanzaría su máxima intensidad y cómo afectaría a Argentina
Sociedad 14/10/2026
El fenómeno climático se fortalecería durante la primavera y alcanzaría su punto máximo en diciembre.
Las proyecciones anticipan cambios en las precipitaciones, crecidas de ríos y posibles complicaciones en distintas regiones de la Argentina. Especialistas también alertan sobre las condiciones que podrían favorecer al mosquito transmisor del dengue, aunque advierten que no es posible anticipar una epidemia.
El fenómeno de El Niño se encamina a una fase de intensidad muy fuerte durante los próximos meses y vuelve a poner en alerta a distintas regiones de la Argentina. Los pronósticos indican que podría alcanzar su punto máximo en diciembre de 2026 y que sus efectos sobre el clima podrían extenderse hasta los primeros meses de 2027.
El escenario abre varios frentes de preocupación: precipitaciones superiores a los valores habituales, posibles inundaciones, crecidas de los principales ríos y cambios en las condiciones ambientales que pueden favorecer la reproducción del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que el episodio continuará intensificándose y que existe una probabilidad muy alta de que persista hasta febrero de 2027. Sin embargo, los especialistas subrayan que El Niño no produce los mismos efectos en todas partes: mientras algunas regiones pueden recibir lluvias abundantes, otras pueden experimentar condiciones diferentes.

El Niño forma parte del fenómeno climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Se desarrolla cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial se calientan por encima de sus valores habituales y generan cambios en la circulación atmosférica.
Esas alteraciones modifican los patrones de temperatura y precipitaciones en distintas partes del mundo. En América del Sur, pueden aumentar las probabilidades de lluvias intensas en determinadas regiones, además de modificar la frecuencia y la distribución de otros eventos meteorológicos.
De acuerdo con la información difundida por la OMM , las temperaturas superficiales del Pacífico tropical central y oriental podrían alcanzar valores excepcionalmente elevados durante el trimestre octubre-noviembre-diciembre.
Las proyecciones mencionadas en ese informe sitúan la anomalía del índice Niño 3.4 en torno a los 3,7 °C por encima del promedio para ese trimestre. Se trata de una proyección de la temperatura del océano, no de un aumento de esa magnitud en la temperatura del aire en la Argentina.
El antecedente también llama la atención: el valor proyectado superaría la anomalía de 2,6 °C registrada durante el episodio de 2015-2016, uno de los eventos más intensos observados hasta entonces.
La OMM considera que el fenómeno podría ubicarse entre los más fuertes desde, al menos, 1950. No obstante, la intensidad del calentamiento del Pacífico no permite anticipar por sí sola cuánto lloverá en cada ciudad ni cuándo ocurrirán posibles inundaciones.

Las previsiones internacionales apuntan a diciembre como el período en el que El Niño alcanzaría su mayor intensidad.
El último boletín de la OMM prevé un fortalecimiento progresivo durante la primavera y el comienzo del verano. Los efectos climáticos podrían continuar durante los primeros meses de 2027, aun después de que el fenómeno alcance su máximo.
Las condiciones meteorológicas posteriores también serán importantes para evaluar la evolución de las lluvias, el nivel de los ríos y la situación de los suelos.
Además, el pronóstico estacional no equivale a una alerta puntual para una localidad. Para saber cuándo y dónde podrían producirse tormentas fuertes, las autoridades y la población deben consultar los avisos meteorológicos actualizados.
Las proyecciones señalan especialmente a la región del Litoral y el noreste argentino, además de sectores de la región pampeana y otras áreas donde el comportamiento de los ríos y la saturación del suelo pueden aumentar la vulnerabilidad.
Entre las provincias que aparecen con mayores probabilidades de recibir precipitaciones superiores a lo normal durante los próximos meses se encuentran Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa.
El comportamiento de los ríos Paraná y Uruguay merece especial atención. El Uruguay puede experimentar crecidas rápidas que requieren respuestas urgentes, mientras que el Paraná suele responder de manera más lenta, pero moviliza grandes volúmenes de agua.
La situación de las cuencas también depende de las precipitaciones que se registren en otros países de la región, especialmente en el sur de Brasil. El agua que cae aguas arriba puede influir posteriormente en los niveles de los ríos argentinos.

La región pampeana también aparece entre las áreas que deben seguir de cerca la evolución del fenómeno. El riesgo no depende solamente de la cantidad de lluvia que pueda caer, sino de las condiciones previas del terreno y de la capacidad de drenaje.
El norte pampeano, el sur de Córdoba y la cuenca del Salado bonaerense presentan una vulnerabilidad particular por la proximidad del agua a la superficie en determinados sectores.
Cuando el suelo ya está saturado, una nueva precipitación puede escurrir con mayor facilidad y provocar anegamientos. En áreas rurales, esto puede complicar la circulación, las tareas productivas y el acceso a los establecimientos.
En las ciudades, la combinación de lluvias intensas, desagües insuficientes y expansión urbana sobre zonas inundables puede agravar las consecuencias.
El riesgo hídrico surge de la combinación de varios factores. La intensidad de las precipitaciones es importante, pero también lo son la humedad previa del suelo, la topografía, el estado de los desagües, la infraestructura y la ubicación de las viviendas y actividades productivas.
Además de las consecuencias meteorológicas, el posible impacto sanitario del fenómeno genera preocupación por la próxima temporada de dengue.
Un período con temperaturas favorables y abundancia de agua acumulada puede ampliar las oportunidades de reproducción del insecto. Por ese motivo, los especialistas recomiendan reforzar las medidas preventivas antes y durante los meses de mayor actividad del mosquito.
Las lluvias extraordinariamente intensas también pueden desbordar algunos recipientes y arrastrar larvas. El efecto depende de la cantidad de agua, de cómo se distribuye y de dónde queda acumulada después.
El agua estancada resulta fundamental para el desarrollo del mosquito. Por eso, una lluvia moderada puede llenar recipientes y crear nuevos criaderos, mientras que una precipitación muy intensa puede eliminar algunos de ellos.
Córdoba se encuentra entre las provincias incluidas en la estrategia de vacunación contra el dengue del Ministerio de Salud de la Nación, junto con otras jurisdicciones consideradas prioritarias por sus características epidemiológicas.
La evolución de El Niño obliga a prestar atención a tres cuestiones que están relacionadas, pero que requieren información diferente.
La primera es el pronóstico meteorológico. Los boletines estacionales permiten identificar tendencias generales, mientras que los avisos de corto plazo ayudan a anticipar tormentas fuertes y otros fenómenos peligrosos.
La segunda es la situación hidrológica. El nivel de los ríos, la humedad del suelo y la capacidad de drenaje pueden determinar si una precipitación produce consecuencias limitadas o agrava un escenario de inundación.
La tercera es la vigilancia sanitaria. La presencia del mosquito, las condiciones ambientales y la circulación del virus son elementos necesarios para evaluar el riesgo de dengue.
Para la Argentina, el desafío será evaluar cómo se combinan las lluvias previstas, el estado de los suelos, las crecidas de los ríos y la vulnerabilidad de cada territorio.





