El impacto silencioso del cambio climático

Sociedad 29/09/2026
IMG_0132

El cambio climático no solo está afectando al planeta, sino que también está impactando profundamente nuestra salud mental. En estos tiempos, hablar de cómo la ansiedad, el estrés y otros problemas emocionales crecen debido a las consecuencias del cambio climático, desde la angustia por los desastres naturales hasta la tristeza por la pérdida de nuestros ecosistemas, es algo que se ha vuelto necesario. 


Diversos estudios ponen el foco en estos efectos, mostrando cómo millones de personas, sienten preocupación, incertidumbre y hasta desesperanza por el futuro.
El cambio climático constituye una de las mayores amenazas para la salud pública del siglo 21. Sus efectos no solo impactan en la salud física, sino también en el bienestar psicológico y la salud mental de las poblaciones, especialmente las más vulnerables, en una relación de riesgo caracterizada por la interacción entre peligros climáticos, exposición y vulnerabilidad.

El concepto de eco-ansiedad y otros efectos derivados de la crisis climática han comenzado a atraer la atención de la comunidad y de los responsables de políticas públicas. Se observa que el impacto es profundo, especialmente entre las poblaciones que han experimentado directamente desastres naturales.

El cambio climático está generando un impacto notable en la salud mental de las personas, con diversos trastornos que van desde la ansiedad hasta el estrés postraumático. Es cada vez más común, especialmente debido a la constante exposición a noticias sobre la crisis ambiental y la falta de acción política. Los desastres naturales dejan secuelas emocionales profundas, como el estrés postraumático en quienes pierden sus hogares o sus medios de vida.
Además, muchas personas experimentan lo que se conoce como duelo ecológico, un sentimiento de tristeza y pérdida por la destrucción de ecosistemas y especies. Estos impactos emocionales se agravan en comunidades desplazadas por fenómenos climáticos extremos, donde la ansiedad y la incertidumbre sobre el futuro son frecuentes.


Impactos del cambio climático en la salud mental y factores agravantes

Impacto en la salud mentalDescripciónFactores agravantes
Eco-ansiedadAnsiedad crónica y persistente por la crisis climática y sus consecuenciasExposición prolongada a noticias sobre cambio climático, falta de acción política
Estrés postraumático (TEPT)Trastorno derivado de la exposición a desastres naturales como incendios, huracanes e inundacionesDesastres repetidos, pérdida de viviendas y medios de vida
Duelo ecológicoDolor y tristeza por la pérdida de ecosistemas y biodiversidadDestrucción visible del entorno, pérdida de especies o paisajes icónicos
Depresión climáticaDepresión derivada de la percepción de un futuro deteriorado debido al cambio climáticoFalta de esperanza, inacción política
Ansiedad por desplazamientoAnsiedad y estrés en poblaciones desplazadas por eventos climáticos extremosDesarraigo, pérdida de comunidad, incertidumbre sobre el futuro
Fuente: elaboración propia

IMG_0130

La migración forzada por fenómenos climáticos extremos conlleva pérdidas de identidad, desarraigo, aislamiento social, incertidumbre sobre el futuro y sufrimiento psicológico, generando importantes impactos en la salud mental de las poblaciones desplazadas.
Se ha investigado el impacto del cambio climático en la salud mental desde un enfoque sistémico, sugiriendo que los desastres naturales, como incendios forestales, inundaciones y olas de calor, están directamente asociados con un aumento en la incidencia de trastornos como la depresión y el estrés postraumático. Varios estudios destacan que los individuos que experimentan eventos climáticos extremos tienen más probabilidades de desarrollar trastornos de ansiedad y depresión y el riesgo aumenta cuando estos eventos se repiten con frecuencia.

Esto resalta la importancia de abordar la salud mental como parte de la respuesta global a la crisis climática. Un ejemplo reciente en España es la depresión aislada en niveles altos (DANA) ocurrida en Valencia en 2024, que provocó lluvias torrenciales e inundaciones con importantes consecuencias materiales, humanas y psicosociales. En esta región se ha puesto en marcha un estudio de seguimiento de tres años para evaluar el impacto psicológico de este evento en la población afectada, inspirado en la cohorte nacional inglesa que identificó tasas elevadas de depresión y TEPT tras inundaciones y una vigilancia sistemática de la salud mental a través de las fuentes de información sanitarias de la comunidad autónoma.
IMG_0134
Uno de los estudios más significativos sobre la eco-ansiedad se realizó en jóvenes de 10 países. El 59% de los encuestados se sentían muy o extremadamente preocupados por el cambio climático, lo que afectaba negativamente su vida cotidiana. Los jóvenes expresaron un profundo sentimiento de abandono por parte de los gobiernos, lo que aumentaba su ansiedad y desesperanza. El estudio concluyó que la ansiedad climática no solo es un fenómeno individual, sino que también refleja una falla en la acción colectiva

Otro aspecto relevante es el duelo ecológico, término introducido por Cunsolo y Ellis en 2018, y que viene a ser una respuesta a las pérdidas tangibles e intangibles que están ocurriendo en el mundo natural debido al cambio climático. Estos autores identificaron que las comunidades que dependen directamente de la naturaleza, como los pueblos indígenas o los habitantes de áreas rurales, experimentan una profunda tristeza y angustia ante la destrucción de sus ecosistemas. Esta forma de duelo está vinculada a la pérdida de biodiversidad, la degradación de paisajes y la desaparición de especies, y afecta tanto a individuos como a comunidades enteras.
La depresión climática es otro fenómeno psicológico asociado al cambio climático, ampliamente discutido. La percepción de un futuro cada vez más deteriorado debido a la inacción frente a la crisis climática ha llevado a un aumento de los casos de depresión, especialmente entre los jóvenes:
Además, el concepto de solastalgia desarrollado por Albrecht, describe el dolor emocional causado por la degradación ambiental. Este fenómeno se experimenta comúnmente en comunidades rurales afectadas por la minería, la deforestación y otros tipos de explotación ambiental.

Se ha observado que las pérdidas intangibles relacionadas con el cambio climático, como la pérdida de sentido de lugar, identidad cultural y relaciones con el entorno natural tienen un fuerte componente psicológico, afectando la forma en que las personas perciben su futuro y su capacidad de adaptación. Según los estudios, “la falta de reconocimiento de las pérdidas intangibles en el contexto del cambio climático puede generar consecuencias psicológicas profundas”.
El impacto alcanza también al patrimonio musical. Los autores señalan que la madera de abeto de tono del Val di Fiemme, en los Dolomitas italianos, usada históricamente en los violines Stradivarius, está bajo amenaza por el aumento de temperaturas y la proliferación de plagas. Las maderas para arcos e instrumentos de cuerda, a su vez, se vuelven más escasas por el estrés hídrico y la deforestación.

IMG_0131

La amenaza es concreta y ya produce efectos. Una encuesta de museos de arte de Estados Unidos citada por Schrapffer y Angué indica que el 35% de sus directores informó haber sufrido daños relacionados con el clima y el 50% adoptó planes específicos para enfrentarlos. En Francia, el Museo del Louvre transfirió alrededor de 250.000 obras a su Centro de Conservación de Liévin, en Pas-de-Calais, para protegerlas del riesgo de inundación.
La inseguridad alimentaria y nutricional derivada de sequías prolongadas o inundaciones afecta especialmente a poblaciones vulnerables, como niños y adultos mayores, aumentando significativamente los trastornos mentales relacionados con la ansiedad, la depresión y estrés agudo. El aumento sostenido de temperaturas, las olas de calor y la contaminación atmosférica asociada al cambio climático también tienen consecuencias directas en la salud mental. Las altas temperaturas incrementan la irritabilidad, las alteraciones del sueño e incluso la ideación suicida. Se encontró evidencia que asocia el aumento de temperaturas absolutas, su variabilidad y las olas de calor con un mayor riesgo de suicidio, conductas suicidas y hospitalizaciones por enfermedades mentales, pudiendo el impacto estar modulado por factores contextuales como edad, género, variables demográficas, temporales y otras condiciones climáticas.
Por otro lado, no debemos olvidar que los efectos de las altas temperaturas sobre la salud pueden ser más nocivos en presencia de un aire de mala calidad. Los días de calor pueden facilitar niveles no saludables de contaminantes en el aire como ozono, materia particulada fina (como PM2,5) y dióxido de azufre (SO2), entre otros. La exposición a ambos factores juntos (calor y contaminación atmosférica) puede aumentar el riesgo de desenlaces adversos del embarazo, en comparación con la exposición aislada a cualquiera de estas condiciones. Una de las complicaciones puede ser el parto prematuro, con el consiguiente aumento del riesgo de complicaciones neurológicas y del desarrollo cognitivo en el neonato.
La contaminación atmosférica, íntimamente ligada a las actividades humanas que contribuyen al cambio climático, impacta negativamente en el desarrollo cognitivo y en la estructura cerebral de la infancia. La exposición prenatal e infantil a contaminantes como PM2,5, dióxido de nitrógeno (NO2) y partículas metálicas del aire ha mostrado asociaciones significativas con alteraciones en la microestructura de la sustancia blanca del cerebro y la reducción del volumen cerebral en niños, con potenciales consecuencias sobre la salud mental y la capacidad cognitiva.
El acceso a la naturaleza ayuda a reducir el estrés, facilita la recuperación emocional y mejora el bienestar subjetivo. La exposición a espacios naturales impacta positivamente en la salud mental, reduciendo el ritmo cardíaco y la presión arterial en situaciones de estrés, lo que también contribuye a reducir la ansiedad asociada con la percepción de amenazas ambientales, como el cambio climático.
La inclusión de espacios verdes urbanos, como parques y jardines, no solo promueve el bienestar psicológico, sino que también fortalece la resiliencia comunitaria. Hay estudios señalan que el diseño urbano verde es una herramienta de intervención que puede reducir los niveles de estrés y promover la adaptación emocional ante el cambio climático, especialmente en áreas densamente pobladas donde la percepción de amenazas ambientales es alta. Un estudio realizado en Australia con más de 46.000 adultos mayores de 45 años encontró que la exposición a un 30% o más de dosel arbóreo se asoció con un 31% menos de probabilidades de sufrir angustia psicológica.
La participación en estas actividades de restauración, además, permite a las personas desarrollar un enfoque de afrontamiento activo ante la crisis ambiental. Se ha observado que involucrarse en acciones directas para mejorar el entorno natural contribuye a reducir la sensación de impotencia y la desesperanza climática, transformando la ansiedad en un sentido de agencia y empoderamiento.

La evidencia confirma que el cambio climático tiene un impacto profundo y creciente en la salud mental a escala global y local. La conexión con las desigualdades sociales en salud vuelve a estar servida, ya que impacta con más dureza en los colectivos más vulnerables.
A través del marco de la salud planetaria es posible desarrollar intervenciones que integren la salud mental y el bienestar ambiental. Los responsables de las políticas públicas deben priorizar estrategias que promuevan tanto la resiliencia climática como el bienestar psicológico.
IMG_0136
Te puede interesar
Lo más visto