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Adidas y Puma: la historia de dos hermanos enfrentados

Tendencias 11/03/2022
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Se enzarzaron toda su vida en una batalla comercial que se extendió a sus hijos y nietos. Adolf (Adidas) y Rudolf Dassler (Puma) crearon dos imperios de calzado deportivo y patrocinaron a las mejores estrellas del siglo XX. La periodista Barbara Smit reconstruye en un libro la historia de esta saga alemana que llevó a sus empresas a la cima movida por el odio. Vamos a conocer una de las historias más impactantes entre las grandes marcas: Adidas vs. Puma, la historia de dos hermanos enfrentados.

Los hermanos alemanes Adolf y Rudolf Dassler, que hace casi 60 años crearon respectivamente las marcas de material deportivo Adidas y Puma, se distanciaron por culpa de una brutal competencia comercial. Recurrieron a los más turbios manejos, a métodos mafiosos para esmerilar al rival y colocar a sus compañías en la cumbre.

Igual comportamiento tuvieron hijos y nietos que heredaron el negocio y la rivalidad, perpetuando la contienda doméstica. Lo cuenta pormenorizadamente la periodista holandesa Barbara Smit en el libro Hermanos de sangre (LID Editorial). La obra –una mirada afilada y retrospectiva que indaga en el origen del deporte como espectáculo de masas, patrocinio de sus grandes figuras y negocio mundial sin escrúpulos– husmea en archivos, federaciones y vidas secundarias.

El calendario señalaba 1926. En el interior de la «Gerbüder Dassler Schuhfabrik» los hermanos Adolf y Rudolf confeccionan zapatillas y calzado con clavos para los pocos temerarios que se dedican a eso de correr al aire libre. Buena calidad en los materiales y resistencia extrema. Las bondades del calzado Dassler llegaron a oídos de Josef Waitzer, entrenador del equipo alemán de atletismo.

Jesse Owens y las bambas adidas
Con Adolf (más conocido como Adi) en el papel de artista introvertido, y Rudolf en las relaciones públicas, la pareja no tardó en colar sus productos en la villa olímpica en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Además, el advenimiento del nazismo supuso una inyección económica, contemplando el deporte como el espejo perfecto para mostrar al mundo la perfección aria. Pero fueron los Juegos de Jesse Owens. Para disgusto de Hitler y su cineasta de cabecera Leni Riefensthal, el atleta negro se colgó al cuello la gloria dorada cuatro veces. La proeza contenía un secreto: Jesse calzaba unas zapatillas de clavos obra de Adi Dassler.La compañía comenzaba a despegar de la mano y los pies de un joven de Alabama.

Antagónicos en su manera de interpretar la vida y la empresa, Barbara Smit incide en que las desavenencias entre Adolf y Rudolf se recrudecieron durante la II Guerra Mundial. Por orden del III Reich, la factoría se reconvirtió en taller de tanques y repuestos de lanzamisiles. Adi se libró de empuñar armas para hacerse cargo del bélico rumbo que había tomado su empresa. Rudolf, convencido de la causa nazi se unió a las tropas en Sajonia y desde allí escribió una misiva a su hermano: «No dudaré en pedir el cierre de la fábrica para que tengas que asumir una ocupación que te permita jugar a ser jefe y, como deportista de elite que eres, tengas que llevar un arma».

Para colmo, el clima doméstico explotó al acabar la contienda. Tras un juicio celebrado por los aliados para evaluar su nivel de compromiso con el nazismo, Adi salió exonerado y pudo retener el control de la empresa. Con la derrota y tras haber sido prisionero de los americanos y denunciado por su propio hermano, Rudolf tuvo que emigrar, con mujer y dos hijos, al otro lado del río Aurach para empezar de cero en una pequeña fábrica en Würzburgerstrasse. La mitad de los empleados –los técnicos– se quedaron con Adi; la otra mitad –los de ventas– se enrolaron con Rudolf.

De esta separación nació la marca de calzado deportivo Puma en 1948, fundada por Rudolf.
Un año después, Adolf registró otra compañía para hacerle la competencia. Fundió en un solo nombre su diminutivo y el comienzo de su apellido. Había nacido Adidas.

La primera gran victoria de estar rivalidad Adidas vs. Puma se la apuntó Adi en el Mundial de Suiza de 1954. Rudolf había menospreciado al entrenador alemán Sepp Herberger, quien comenzó a trabar amistad con Adolf. Este le suministró unas botas con tacos ajustables para que los jugadores alemanes no resbalasen. Y así sucedió en la final disputada contra la imbatible selección húngara. Comenzó a llover y las botas Adidas resultaron. Alemania ganó 3 a 2. La prensa bautizó aquel partido como “el milagro de Berna’” y tuvo hasta película en 2003. Los botines alcanzaron dimensión mítica.

Rudolf Dassler moría el 6 de septiembre de 1976. Alegría desbordante que se reflejó en la siguiente nota de condolencias: «Por razones de piedad humana, la familia Adolf Dassler no hará comentario alguno sobre la muerte de Rudolf Dassler». Cuatro años después moría Adi y su tumba se colocó a la mayor distancia posible de la de su hermano.

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El testamento de Rudolf daba plenos poderes a su mujer Gerd y excluía a su díscolo hijo Armin, quien finalmente se pudo hacer con el timón de la empresa tras una eterna lucha legal. Armin abrió un periodo fantástico para la compañía. Fichó a  Cruyff, al danés Simonsen, al nibelungo Netzer... y en el año 86 Diego Maradona ganó el Mundial de México con unas Puma que dejaron a los jugadores de Inglaterra desparramados en el Azteca.

Mientras tanto, las multinacionales invirtieron en Mundiales y Olimpiadas. Intrigas, sobornos, sospechas sobre la UEFA, la FIFA, el COI. La casa Adidas cayó en manos del empresario francés y ex presidente del Olympique de Marsella Bernard Tapie en 1990 por 243 millones de euros. Dos años más tarde llegó la bancarrota. El ocaso coincidió con la explosión de las marcas estadounidenses Nike y Reebok, que le arrebataron parte del negocio gracias a la popularización de la NBA. Madonna o Brad Pitt luciendo modelos de Puma contribuyeron al relanzamiento de una empresa.

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Adidas volvió a manos alemanas, compró Reebok y su consejero delegado, Herbert Hainer, devolvió gloria y dividendos. «Irónicamente, el único miembro de la saga ligado a alguna de las dos compañías es Frank Dassler, nieto del fundador de Puma que trabaja para Adidas.
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