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El hambre aumenta en América Latina mientras sus exportaciones de alimentos baten récords

Sociedad 17/10/2022
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En toda América Latina, las familias tienen dificultades para llevar comida a la mesa, a pesar del aumento de la producción de productos básicos y de las exportaciones de la región que, “alimenta al mundo”.
Después de haber sacado lentamente a su población de las garras del hambre durante los últimos 15 años, América Latina se ha visto, una vez más, desbordada por la inseguridad alimentaria, ya que la pandemia, la guerra en Ucrania y la mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos pesan mucho en lo que acaba en los platos de la gente.

Cuando comenzó la pandemia de Covid-19 en 2020, casi 3.100 millones de personas en todo el mundo no podían permitirse una dieta saludable. Según el informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”, publicado este año por la ONU, 117,3 millones de esas personas estaban en América Latina.

Esto supone el 21% de la población de la región, y un 6,9% más que el año anterior.

Un total de 45,1 millones de latinoamericanos, o el 7,4% de las personas que viven en la región, estaban desnutridos en 2020. Ese mismo año, la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada y severa -falta de acceso físico, social y económico a alimentos seguros y saludables- alcanzó el 37,5%. En 2021, esas cifras volvieron a aumentar, alcanzando los 49,4 millones de personas, es decir, el 8%, y el 38,9%, respectivamente.

Pero mientras millones de latinoamericanos pasan hambre -o están crónicamente desnutridos- muchos de ellos siguen produciendo alimentos para otros.

Un festín para la agroindustria
Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, entre otros países de la región, han seguido impulsando la producción y las exportaciones de productos básicos en los últimos años. En el primer semestre de 2022, las exportaciones agroalimentarias de Brasil, principalmente de carne, soja y café, ascendieron a 79.300 millones de dólares, lo que supone un aumento del 29,4% y se considera un nuevo récord para el semestre.

Ese crecimiento se ha atribuido sobre todo al aumento de los precios de los alimentos, muy afectados por la interrupción de las cadenas de suministro por la guerra de Ucrania y su influencia en los precios de los fertilizantes y la energía, así como por los efectos de la pandemia.

Las exportaciones agroalimentarias argentinas nunca habían aportado tantos dólares al país como este año. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el principal mercado agropecuario del país, señala que el agro aportó 65 de cada 100 dólares exportados durante el primer semestre de 2022. En total, en esos seis meses ingresaron al país 22 mil millones de dólares, cifra récord, por la exportación de granos, cereales y subproductos.

Pero al igual que en el resto de América Latina, la inseguridad alimentaria, la subalimentación y el hambre siguen creciendo en Argentina.

Problemas estructurales, una inflación galopante, una elevada concentración del mercado en la industria alimentaria y una macroeconomía débil son algunos de los factores que ayudan a explicar cómo un país con tanta riqueza en la agroindustria puede tener dificultades para alimentar a su propia población.

“Producimos alimentos para 400 millones de personas, pero parece que ninguna de ellas vive aquí, donde cada vez hay más pobres”, dice Enrique Martínez, coordinador del Instituto para la Producción Popular y ex director del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). “Es una gran paradoja”.

Según un estudio realizado por la Red Brasileña de Investigación sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Rede Penssan), el hambre entre la población negra de Brasil aumentó un 70% entre 2020 y 2022. El informe, titulado “Olhe Para a Fome” (Mira el hambre), también destaca que los hogares con jefatura femenina se vieron más afectados que los masculinos, ya que el porcentaje de estos hogares con hambre pasó del 11,2% al 19,3% en los últimos dos años.

En los hogares con niños menores de 10 años, el hambre se ha duplicado, alcanzando el 18,1% este año. El hambre también es mayor en los hogares en los que el responsable está desempleado (36,1%), trabaja en agricultura a pequeña escala (22,4%) o tiene un empleo informal (21,1%).

Victoria Clérici es una de las responsables de una asociación argentina de recicladores informales, un trabajo que, según ella, es cada vez más popular y que, según calcula, actualmente realizan 300.000 personas en todo el país.

La carne y la fruta, dice, son en su mayoría compras “imposibles” para la gente que vive en los barrios populares de Argentina. “Ahora compramos los cortes de carne más baratos, lo que antes dábamos a los perros”, dice. “El pollo se consume más porque es más barato, y así al menos podemos añadir algo al guiso”.

Según Clérici, los barrios situados en la periferia de las grandes ciudades argentinas sufren mucho más la inflación que los sectores más acomodados, ya que tienen menos acceso a los grandes comercios que cuentan con el respaldo financiero para ofrecer gangas.

“Es increíble, pero la comida en estos barrios es a veces más cara, no hay tanta variedad y no hay supermercados que puedan vender cosas más baratas”, dice, y señala que lo que la mayoría de la gente puede comprar no es saludable. “Incluso los alimentos que llegan como ayuda estatal son todos secos y bajos en proteínas”.

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