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La mesa chica

El País 31/05/2022
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Sergio Massa volvió a imponer su agenda y logró torcerle el brazo a Martin Guzmán, el ministro de Economía que gana poder en un gobierno que las encuestas dan por terminado.
La actualización del Impuesto a las Ganancias llegó después del cruce público con el presidente de la Cámara de Diputados y consagró una vez más la estrategia del desgaste mutuo como forma de dirimir el rumbo de gobierno.

La avanzada permite una interpretación política adicional: que ocurra cuando Cristina está en mute.

Para Alberto, no es fácil que dos de los socios castiguen, en público, al ministro. Con la inflación interanual en torno al 60% y los aumentos paritarios que cerraron los sindicatos, la escala de Ganancias afectaba cada día a más trabajadores y perjudicaba a la base electoral que hizo grande a Massa, hace ya casi una década. 

Una paradoja, ya que 1 de cada 2 trabajadores está en la informalidad. Se trata es cierto, de una medida de estricta justicia que beneficia a una porción privilegiada, en un contexto en que la inflación descontrolada golpea a más a lo que menos tienen y los empuja al umbral de la pobreza. Si desde el cristinismo se libró una batalla contra la aristocracia obrera en los años de los salarios en dólares más altos de América Latina, el anuncio del viernes se hace en el país que hoy tiene los sueldos promedio más bajos de la región: 632 dólares, según un informe regional de ZonaJobs/Jobint.

El ida y vuelta de diferencias públicas por Ganancias coincide con otra marca de la gestión: una composición escénica que excede los resultados concretos. 

Ante la urgencia de los aumentos permanentes y la división que excede la puja albertismo vs cristinismo, los detractores de Guzmán insisten en presentarlo como un teórico que piensa que tiene tiempo para todo. Por lo pronto, el funcionario más importante de Fernández ya tuvo más tiempo que muchos de sus antecesores: acaba de cumplir 900 días como ministro.

En la Argentina agrietada, se dibuja un consenso mínimo de diagnóstico: el problema principal siguen siendo los salarios y la falta de dólares. Lo marca el último informe de la consultora Eco Go, cuando dice que en Chaco la vicepresidenta pronunció una frase que dio en el clavo: "no puede ser que tengamos salarios bajos y no tengamos reservas en el Banco Central".

Según Eco GO, en apenas dos años de la gestión Fernández, el BCRA le entregó 21,200 millones de dólares baratos al sector privado para pagar el endeudamiento que contrajo durante el gobierno de Macri.
A eso se suma, un nivel de importaciones fabuloso, de casi 7.000 millones de dólares en marzo y abril. Entre los ganadores del modelo, aparecen los productores de autos y textiles, que aumentaron los precios en 266% y 248% en dos años y medio, cuando la inflación acumulada en ese periodo fue de 162%.

Un descalabro que la nueva mesa chica que integran Cristina Kirchner y Sergio Massa, seguramente no tolera. En lo político, la lectura es consecuencia de la decisión de Alberto de cortar el diálogo con su vicepresidenta. Y más aún de la sensación que lo peor está por venir. 

El presidente no quiere retomar el diálogo y resiste la creación de una mesa integrada por las tres patas del Frente de Todos porque cree que condicionarán al máximo su gestión y como primera medida pedirán la renuncia de Martín Guzmán. No hace falta que lo hagan. 

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