

Las lluvias en la cuenca del río Iguazú llevaron el caudal de las Cataratas a más de 8 millones de litros por segundo. El fenómeno ocurre mientras El Niño se fortalece y los organismos meteorológicos advierten sobre meses de mayor variabilidad climática.
Las Cataratas del Iguazú volvieron a mostrar una imagen extraordinaria. En los primeros días de septiembre, el caudal del río Iguazú llegó a superar los 8,3 millones de litros de agua por segundo, más de cinco veces por encima de su promedio habitual, que se encuentra alrededor de 1,5 millones de litros por segundo.
El aumento fue provocado por las intensas lluvias registradas en distintos sectores de la cuenca del río Iguazú, especialmente en territorio brasileño. El agua acumulada aguas arriba comenzó a desplazarse hacia el sur hasta llegar a uno de los paisajes naturales más importantes de Argentina y Brasil.
Pero detrás de esta crecida aparece algo que va más allá,, la relación entre este fenómeno, El Niño y el cambio climático.
El agua que llega desde cientos de kilómetros
Las Cataratas del Iguazú no generan su propio caudal. Lo que se observa desde las pasarelas es el resultado de todo lo que ocurre aguas arriba.
El río Iguazú recorre alrededor de 1.320 kilómetros antes de desembocar en el río Paraná. A lo largo de ese recorrido recibe el agua de una enorme cuenca.

Cuando las lluvias son particularmente intensas, el volumen aumenta y esa masa de agua termina concentrándose en la zona de las Cataratas.
Por eso, cuando el río alcanza niveles extraordinarios, el fenómeno comenzó mucho antes de que el agua llegara a la Garganta del Diablo.
El 2 de septiembre se registró un pico de aproximadamente 8,37 millones de litros por segundo. Al día siguiente, el caudal continuaba en torno a los 7,75 millones de litros por segundo.
En otras palabras, las Cataratas estaban recibiendo aproximadamente cinco veces más agua de lo habitual.
El fenómeno de El Niño está asociado a un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Ese cambio altera la circulación atmosférica y puede modificar los patrones de temperatura y precipitaciones en distintas partes del planeta.
En sectores de Sudamérica puede favorecer períodos de lluvias más intensas, mientras que en otras zonas puede aumentar el riesgo de sequías.
En el caso del sur de Brasil y otras regiones cercanas, los especialistas están observando la evolución de las precipitaciones y su posible relación con el actual episodio de El Niño.
La Organización Meteorológica Mundial ha advertido sobre la posibilidad de que este episodio alcance una intensidad considerable hacia finales de 2026 y tenga efectos que se prolonguen durante los primeros meses de 2027.
Eso convierte al fenómeno en uno de los principales factores climáticos que habrá que seguir durante los próximos meses.
El cambio climático está relacionado con el calentamiento global provocado principalmente por la acumulación de gases de efecto invernadero generados por las actividades humanas.
El Niño puede contribuir a modificar los patrones de precipitación y el calentamiento global modifica las condiciones generales en las que se producen estos fenómenos.
La cuestión científica más importante es entender cómo interactúan todos esos factores.

Las Cataratas del Iguazú ya atravesaron en los últimos años varios episodios de crecidas extraordinarias.
En julio de 2026, el río volvió a superar niveles de ocho millones de litros por segundo y algunas zonas de los circuitos turísticos tuvieron que ser cerradas preventivamente debido al volumen de agua.
El agua que cae por las Cataratas es también el resultado de lo que sucede en una enorme región de Sudamérica.
Las lluvias que alimentan el río ocurren principalmente aguas arriba, lejos de los turistas que observan el espectáculo.
Por eso las Cataratas pueden funcionar, en cierto modo, como una ventana hacia todo un sistema climático.
Cuando el caudal aumenta cinco veces, no solamente cambia el paisaje. También cambian las condiciones de seguridad, el funcionamiento de los circuitos turísticos y la situación de las comunidades ubicadas cerca de los ríos.
El desafío es comprender mejor las cuencas hidrográficas mejorar los sistemas de alerta, monitorear las lluvias.
Preparar la infraestructura. Anticipar los efectos sobre las comunidades. Y adaptar las actividades económicas y turísticas a un clima cada vez más variable.

El fenómeno de El Niño continuará durante los próximos meses y sus efectos dependerán de cómo evolucione la temperatura del Pacífico y la circulación atmosférica.
El agua finalmente bajará. El río recuperará sus niveles habituales. Las pasarelas volverán a mostrar el paisaje conocido.
Pero la pregunta es si estamos preparados para un clima en el que los fenómenos extremos pueden representar desafíos cada vez mayores
La naturaleza está mostrando su fuerza. La cuestión es si nosotros estamos ala entendemos.








