

La temperatura media de la superficie del océano alcanzó un récord histórico de 21,1 °C. Qué significa, cuánto influye El Niño y por qué los científicos advierten sobre un océano bajo una presión sin precedentes.
El 22 de agosto, la temperatura media diaria de la superficie del océano fuera de las regiones polares llegó a 21,1 °C, superando el récord de marzo de 2024.
El dato coincide con el fortalecimiento de El Niño que podría convertirse en uno de los más intensos hasta hoy registrados. Los científicos advierten que el fenómeno no explica por sí solo el récord sino que se suma a décadas de calentamiento, provocado por la actividad humana.
El 22 de agosto, la temperatura media diaria de la superficie del océano en las regiones comprendidas entre 60°S y 60°N alcanzó los 21,1 °C, según los datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus.
Los océanos suelen alcanzar su temperatura superficial media global más elevada durante marzo y abril.
Esta vez, el récord apareció en agosto, y además superó el máximo histórico para ese mes: 20,98 °C.
Los registros diarios deben analizarse dentro de un contexto climático más amplio. Y precisamente ello es lo que convierte este episodio en algo más relevante que una cifra.
El análisis utiliza la llamada temperatura de base del océano, estimada aproximadamente a unos 10 metros de profundidad.

La serie utilizada para este seguimiento comienza en 1979, período en el que la disponibilidad de observaciones satelitales permite una comparación particularmente sólida.
Por eso el récord debe entenderse como lo que es: el valor más alto de la temperatura media diaria de esa región oceánica en la serie utilizada por Copernicus.
El detalle que más preocupa es que el récord llegó en agosto
La estacionalidad es fundamental para entender la dimensión del fenómeno. Representa una anomalía llamativa.
Copernicus señala que este récord se produce después de una sucesión de temperaturas mensuales récord o cercanas al récord durante el año. El organismo considera que el episodio es consistente tanto con el calentamiento prolongado del océano como con la aparición de un fenómeno extremo de El Niño en el Pacífico tropical.

Estamos ante un sistema que ya venía acumulando calor y que ahora recibe un impulso adicional.
El Niño se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial y modifica los patrones atmosféricos y oceánicos en distintas partes del mundo.
Puede funcionar como amplificador temporal. Pero hay una tendencia persistente de calentamiento provocado por el aumento de gases de efecto invernadero.
La situación podría no haber llegado todavía a su punto máximo. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos informó que El Niño se está fortaleciendo y estimó más de un 90% de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales de 2026-2027.
Para el período octubre-diciembre de 2026, NOAA calcula una probabilidad del 69% de que se produzca un evento de intensidad histórica, definido como uno que podría superar la fuerza de los eventos registrados desde 1950 bajo el criterio utilizado.

Cuando se habla del calentamiento oceánico, existe una tendencia a imaginar un problema limitado al ecosistema marino. La realidad es más amplia.
El océano funciona como uno de los grandes reguladores del sistema climático terrestre. Absorbe enormes cantidades de calor y dióxido de carbono y mantiene intercambios permanentes de energía y humedad con la atmósfera.
Aumenta el riesgo de olas de calor marinas que pueden provocar mortalidad de especies, desplazamiento de poblaciones, blanqueamiento y deterioro de corales y alteraciones en ecosistemas completos.
Según Copernicus, la cantidad de días de olas de calor marinas a escala global se triplicó desde comienzos de la década de 1990.
Un océano más caliente ocupa más espacio. Ese fenómeno, conocido como expansión térmica, contribuye al aumento del nivel del mar.
A esto se suma el derretimiento de glaciares y capas de hielo. El resultado es una presión creciente sobre ciudades costeras, islas, infraestructura portuaria, viviendas y sistemas de agua.
El océano intercambia constantemente calor y humedad con la atmósfera. Por eso puede proporcionar más energía y vapor de agua a determinados sistemas meteorológicos.
La OMM también advierte que El Niño puede modificar los patrones de lluvia y temperatura en diferentes regiones del mundo, aumentando en algunos lugares el riesgo de lluvias e inundaciones y, en otros, las condiciones de sequía.
El océano ayuda a moderar el calentamiento global porque absorbe una parte importante del dióxido de carbono que emitimos.
El informe State of the Global Climate 2025 de la OMM confirmó que 2015-2025 fueron los años más cálidos desde que existen registros.

Además, 2025 fue el segundo o tercer año más cálido registrado, con una temperatura aproximadamente 1,43 °C superior al promedio de 1850-1900.
El mismo informe señala que el desequilibrio energético de la Tierra alcanzó su nivel más alto en un registro de 65 años. Es decir, el récord oceánico de agosto, no aparece en un vacío.
El sistema climático es una red. Los eventos extremos ejercen una presión creciente sobre sociedades y ecosistemas.
Durante décadas, absorbió una enorme cantidad del exceso de calor del sistema climático. La humanidad puede no percibir inmediatamente ese calor porque una parte considerable permanece almacenada en el mar.
Pero el océano lo registra. Lo acumula. Y finalmente empieza a mostrar las consecuencias.






