La iglesia como último refugio

El País 11/08/2026

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Un estudio de la Universidad de Buenos Aires revela que el 35,5% de los argentinos acudió durante el último año a una iglesia o templo en busca de algún tipo de ayuda

La imagen tradicional de una persona entrando a una iglesia para rezar, participar de una ceremonia religiosa o buscar respuestas espirituales, parece mutar o tener un nuevo significado en la Argentina.

Un estudio del desarrollado por el Observatorio de las Creencias en Argentina (OCreAr), dependiente del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires, señala que el 35,5% de los argentinos acudió durante el último año a una iglesia, templo u otro espacio religioso en busca de ayuda.

El dato abre una pregunta que va mucho más allá de la práctica religiosa: ¿qué buscan realmente las personas cuando llegan a una institución religiosa en un momento de dificultad?

La respuesta muestra una realidad compleja. La búsqueda espiritual tiene un lugar importante, pero convive con otra necesidad cada vez más visible: encontrar contención, alimentos, trabajo, asistencia económica o simplemente una persona dispuesta a escuchar.

Durante mucho tiempo, la relación entre las personas y las instituciones religiosas fue pensada principalmente desde la perspectiva de la fe. 

Sin embargo, el nuevo escenario muestra que las iglesias y templos también pueden funcionar como espacios de contención social. Para algunas personas, la puerta de un templo no representa únicamente la posibilidad de acercarse a Dios. También puede ser el lugar al que se recurre cuando falta comida, cuando no aparece un trabajo, cuando una familia atraviesa dificultades económicas o cuando una persona necesita ayuda para enfrentar una situación que no puede resolver.

Ese fenómeno modifica la manera de entender el papel de las instituciones religiosas dentro de la sociedad.

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Uno de los aspectos más significativos del relevamiento es que la búsqueda de ayuda no necesariamente responde a un único motivo. Una persona puede acercarse a una iglesia para pedir trabajo y, al mismo tiempo, buscar una palabra de esperanza.

Otra puede necesitar alimentos para su familia y encontrar, además, un espacio donde sentirse acompañada. También puede ocurrir que alguien llegue atravesando una crisis personal y encuentre una red que le permita reconstruir vínculos y recuperar cierta sensación de pertenencia.

En ese sentido, la frontera entre ayuda espiritual y asistencia social se vuelve menos definida.

La iglesia puede ser templo, pero también comedor. Puede ser lugar de oración, pero también espacio de escucha. Puede ofrecer acompañamiento religioso y, simultáneamente, convertirse en un punto de contacto con personas que necesitan una solución concreta para continuar con su vida cotidiana.

Se transforma en una red que trasciende la pertenencia religiosa

Otro elemento relevante es que la asistencia a estos espacios no se limita exclusivamente a quienes tienen una creencia definida. Según el fenómeno también pueden acercarse personas que no se consideran practicantes o que no mantienen una relación institucional con una religión.

Esto resulta especialmente interesante en un país donde el vínculo con las instituciones religiosas se encuentra en transformación.

El informe mostró que la Argentina atraviesa una creciente diversidad religiosa y una progresiva desvinculación de parte de la población respecto de las instituciones tradicionales. El 22,4% de los encuestados se encontraba dentro del universo de personas sin filiación religiosa, mientras el catolicismo continuaba siendo mayoritario con el 57,7%.

La paradoja es evidente, puede disminuir la identificación institucional con una religión y, al mismo tiempo, mantenerse la necesidad de recurrir a espacios religiosos cuando aparece una situación límite.

Una institución religiosa puede ofrecer algo que muchas personas necesitan especialmente durante una crisis, comunidad. En momentos de problemas económicos, soledad o incertidumbre, la posibilidad de encontrar personas conocidas, voluntarios, referentes comunitarios o grupos que puedan brindar algún tipo de asistencia adquiere un valor que excede lo estrictamente religioso.

La propia UBA señala que OCreAr estudia no solamente las creencias, sino también los valores, costumbres, imaginarios y formas de organización comunitaria que atraviesan la sociedad argentina. El observatorio combina herramientas cuantitativas y cualitativas para analizar estas transformaciones.

Por eso, el dato puede leerse como parte de una transformación más amplia, esto es que las instituciones continúan ocupando un lugar social incluso entre personas cuyo vínculo con la religión tradicional puede ser débil o intermitente.

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Entre las razones que aparecen vinculadas con la búsqueda de ayuda se encuentran necesidades muy concretas. La falta de trabajo constituye una de ellas.

La asistencia alimentaria representa otro aspecto central. Comedores, merenderos, entrega de alimentos y otras iniciativas comunitarias forman parte de las actividades sociales que diferentes instituciones religiosas desarrollan en distintos lugares del país.

También aparece la necesidad de asistencia económica. Cuando los ingresos familiares no alcanzan, una ayuda puntual puede representar una diferencia significativa. En esos casos, el templo deja de ser únicamente un espacio al que se concurre para pedir una respuesta trascendente y se convierte en una parte de la red social de supervivencia.

El informe presentado por la UBA describió una Argentina en la que la pertenencia religiosa se encuentra atravesada por diferencias generacionales, sociales y territoriales. El estudio también registró una mayor presencia evangélica entre sectores con menor nivel educativo y una concentración más elevada de personas sin filiación religiosa en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

La religiosidad parece ser menos lineal que en el pasado.Una persona puede no participar regularmente de una ceremonia religiosa y, sin embargo, rezar cuando un familiar se enferma. Puede no identificarse completamente con una institución y, aun así, recurrir a ella cuando necesita ayuda.

Puede cuestionar determinados aspectos de la religión y mantener, al mismo tiempo, una búsqueda espiritual.

El dato sobre la asistencia a iglesias y templos adquiere una dimensión particular cuando se lo observa junto a las necesidades materiales de la población.

Las iglesias no reemplazan las políticas públicas ni deberían ser consideradas una solución estructural para problemas como el desempleo o la pobreza. Sin embargo, pueden actuar como un primer punto de apoyo para personas que necesitan una respuesta inmediata.

Allí aparece una cuestión social de fondo, cuando alguien llega pidiendo comida, trabajo o dinero, probablemente no esté buscando solamente una respuesta religiosa. Busca una forma de seguir adelante.

Hay otro componente que las estadísticas difícilmente pueden capturar por completo, el significado emocional de ser escuchado. Una persona que atraviesa una situación económica difícil puede sentir vergüenza, miedo, frustración o desesperanza.

Entrar a un espacio donde alguien pregunta qué necesita puede tener un efecto que va más allá de la ayuda material. En muchas comunidades existe además una estructura de vínculos que puede generar acompañamiento.

Por eso, puede entenderse como una combinación de dimensiones la fe, la necesidad y la comunidad.

Tres elementos que, en la vida cotidiana, muchas veces aparecen juntos.

Una persona a veces busca a Dios, una respuesta o algo mucho más concreto, un plato de comida, una oportunidad, una ayuda, una palabra de aliento o simplemente alguien que le diga que no está sola.

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