

En El Chaltén evalúan instalar sensores de alerta temprana ante un eventual desprendimiento de hielo en la zona del Fitz Roy. Perú ya monitorea en tiempo real tres lagunas consideradas de alto riesgo.
La Cordillera de los Andes suma nuevos sistemas de vigilancia para anticipar posibles movimientos de agua, hielo y sedimentos en zonas de alta montaña.
En Argentina, el foco está puesto en El Chaltén, Santa Cruz, donde se analiza la instalación de sensores de alerta temprana vinculados con un eventual desprendimiento de glaciar en el área del cerro Fitz Roy. El objetivo es obtener información con anticipación y mejorar la capacidad de respuesta ante una posible afectación del lago y el río Fitz Roy.
La iniciativa se suma a experiencias que ya funcionan en otros sectores de los Andes. En Perú, organismos especializados monitorean en tiempo real tres lagunas consideradas de alto riesgo: Palcacocha, en Áncash; Gangrajanca, en Huánuco; y Upiscocha, en Cusco.
Los sistemas de monitoreo permiten seguir diferentes variables de los ambientes glaciares. Entre ellas se encuentran el nivel del agua y las precipitaciones, información que puede transmitirse de manera remota desde estaciones automáticas instaladas en zonas de difícil acceso.
La finalidad es detectar modificaciones en las condiciones del sistema que puedan anticipar un desborde o movimientos de agua y sedimentos.

Una laguna glaciar puede aumentar su volumen por el deshielo, las precipitaciones u otros factores. Si se produce una situación de inestabilidad y el agua se libera de manera repentina, puede arrastrar sedimentos, rocas, hielo y otros materiales, generando un flujo con capacidad de desplazarse rápidamente por sectores de montaña.
En el Himalaya, el riesgo de aluviones asociados a glaciares y lagunas de alta montaña es seguido desde hace años mediante sistemas de monitoreo y alerta temprana. El calentamiento global está acelerando el retroceso de numerosos glaciares y modificando los sistemas naturales que contienen el agua de deshielo. A medida que el hielo retrocede pueden formarse o expandirse lagunas glaciares, algunas contenidas por acumulaciones de rocas y sedimentos que funcionan como barreras naturales.
Cuando esas barreras se rompen o se produce un desprendimiento de hielo o roca, enormes cantidades de agua, barro y sedimentos pueden desplazarse rápidamente hacia los valles. Estos fenómenos son conocidos como inundaciones por desborde violento de lagos glaciares y pueden convertirse en aluviones capaces de afectar poblaciones, caminos, puentes e infraestructura ubicada aguas abajo.
En agosto, el evento asociado al colapso de un glaciar en la región fronteriza entre Nepal y el Tíbet provocó una crecida cargada de agua y sedimentos y volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad de las poblaciones instaladas en los valles de alta montaña.

El calentamiento global está modificando las condiciones que pueden favorecer este tipo de eventos. El retroceso de los glaciares puede generar nuevas lagunas o hacer crecer las existentes, mientras que el aumento de las temperaturas también puede afectar el hielo y el permafrost que contribuyen a mantener estables las laderas de montaña.
Por eso, el riesgo no se limita al derretimiento de los glaciares. Está transformando la propia geografía de las montañas: aparecen nuevos cuerpos de agua, cambian los cursos de deshielo y pueden aumentar las condiciones de inestabilidad en determinados sectores.
Perú identificó 58 lagunas en condición de alto riesgo, aunque actualmente tres cuentan con sistemas de monitoreo en tiempo real.
Uno de los casos es Gangrajanca, donde una estación automática registra de manera continua el nivel del agua y las precipitaciones. Los datos son transmitidos a distancia y permiten analizar la evolución de las condiciones de la laguna.
El seguimiento también se extiende a quebradas. El Instituto Geofísico del Perú implementó el Sistema de Monitoreo de Flujos para la Generación de Alertas (MOFLU-IGP) en cinco quebradas priorizadas de Áncash: Cojup, Llaca, Mancos, Tinco y Llanganuco.
La experiencia de esa región está marcada además por antecedentes graves. En 1970, después del terremoto que afectó a Perú, un desprendimiento en el nevado Huascarán provocó un alud que sepultó Yungay.
En Argentina, la atención está puesta en el entorno del cerro Fitz Roy, en una zona caracterizada por glaciares, lagos, ríos y grandes macizos.
El proyecto contempla sensores capaces de aportar información ante una eventual inundación relacionada con un desprendimiento de glaciar. El objetivo es conocer con mayor rapidez cualquier modificación que pueda afectar el sistema formado por el lago y el río Fitz Roy.
El área forma parte del entorno del Parque Nacional Los Glaciares, uno de los principales sectores de ambientes glaciares de Argentina y una zona de gran actividad turística.
El Inventario Nacional de Glaciares incluye además sitios de seguimiento en distintos sectores de la Cordillera, entre ellos el área del cerro Chaltén y el Lago del Desierto.

La instalación de sensores y el monitoreo de lagunas glaciares no significa que exista actualmente una emergencia ni que un aluvión vaya a producirse.
Se trata de sistemas de prevención destinados a detectar cambios y reunir información que permita tomar decisiones con mayor anticipación.
El objetivo es contar con datos antes de que un eventual fenómeno pueda alcanzar a las poblaciones, infraestructura o sectores turísticos ubicados en zonas expuestas.
En ese sentido, la tecnología permite transformar las mediciones de agua, precipitaciones y otros parámetros en información útil para los organismos encargados de la gestión del riesgo.
La vigilancia adquiere importancia en los ambientes de alta montaña, donde las condiciones pueden modificarse y generar nuevos escenarios de riesgo.
Mientras Perú ya cuenta con estaciones de monitoreo en tiempo real para tres lagunas consideradas de alto riesgo, Argentina busca avanzar con un sistema de alerta temprana en El Chaltén.
El objetivo es el mismo: conocer qué está ocurriendo en la montaña y contar con información suficiente para actuar antes de que un fenómeno pueda convertirse en una emergencia.








