¿A quién pertenecen los recursos naturales de la Luna?

Sociedad 08/04/2026
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La nueva carrera espacial reabre un debate clave sobre soberanía, derecho internacional y poder global.

En los próximos años, la humanidad volverá a pisar la Luna. Pero esta vez no se trata solo de exploración científica. Detrás del regreso hay un interés mucho más tangible: los recursos naturales del satélite.

Agua, minerales estratégicos y el prometedor helio-3 convierten a la Luna en un objetivo económico de enorme valor. Y con eso surge una pregunta incómoda: ¿A quién pertenecen esos recursos?

Los recursos naturales de la Luna pertenecen a la humanidad en su conjunto , según el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 de la ONU, que prohíbe la apropiación nacional, uso u ocupación por cualquier Estado o persona. No es propiedad de ningún país, empresa o individuo, aunque su explotación es un debate activo.

Durante décadas, la Luna fue vista como un patrimonio simbólico de la humanidad. Sin embargo, el escenario cambió. Hoy, potencias, junto a actores privados, buscan establecer presencia permanente.

La Luna ya no es solo un destino: es un recurso. El principal marco legal es el Tratado del Espacio Exterior, firmado en plena Guerra Fría. Este acuerdo establece que:

  • Ningún país puede reclamar la Luna como propia.
  • El espacio debe usarse con fines pacíficos.
  • Es un bien común de la humanidad.

Pero hay un vacío clave, no define con claridad qué pasa con la explotación de recursos. En 1979 se intentó avanzar con el Acuerdo de la Luna, que proponía regular su uso como patrimonio común, pero nunca fue adoptado por las principales potencias.

Ante ese vacío, surgieron iniciativas como los Artemis Accords, impulsados por NASA.

Estos acuerdos plantean que:

  • La extracción de recursos es legal.
  • No implica soberanía territorial.
  • Se promueve la cooperación entre países aliados.

Sin embargo, no todos están de acuerdo. China y Rusia han optado por desarrollar proyectos paralelos, lo que abre la puerta a una fragmentación del orden espacial.

El dilema: ¿explotación o apropiación?

El debate central es tan simple como complejo, se puede extraer sin adueñarse. Algunos expertos comparan la situación con la pesca en aguas internacionales: nadie es dueño del océano, pero sí de lo que se captura.

Otros advierten que esto podría derivar en una “privatización indirecta” del espacio, donde los primeros en llegar establecen ventajas difíciles de revertir.

El regreso a la Luna no es solo un hito tecnológico. Es el comienzo de una nueva etapa en la historia humana:

  • La posibilidad de bases permanentes fuera de la Tierra
  • La explotación de recursos extraterrestres
  • La expansión de la economía más allá del planeta

Pero también implica riesgos:

  • Conflictos geopolíticos
  • Desigualdad en el acceso a recursos
  • Falta de regulación global efectiva

La misión Artemis II marca el inicio de una nueva era. Una en la que la Luna deja de ser solo un objeto de contemplación para convertirse en un territorio de interés económico y estratégico. El problema es que las reglas aún no están del todo claras. Y en un contexto donde la competencia global es cada vez más intensa, la gran incógnita no es solo quién llegará primero, sino quién terminará quedándose con los recursos de la Luna.

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El dominio norteamericano de la colonización y la exploración lunar ha sido durante mucho tiempo un monopolio. La carrera del siglo XX entre Estados Unidos y la Unión Soviética fue descrita como “un accidente histórico”, en palabras del profesor Gerard J Degroot, del departamento de Historia Moderna de la Universidad de St. Andrews en Escocia, en su obra Dark Side of the Moon. Fue un campo de batalla político.

El objetivo de los americanos era llegar a la Luna antes que los soviéticos y por un “breve momento, el dinero no importaba”. Una vez logrado el objetivo, no había respuesta para una pregunta tan simple como, y ahora qué.

En los últimos años, el monopolio se ha visto amenazado. Lo que en principio empezó como un juego de dos superpotencias en el tablero de un ajedrez espacial se ha convertido ahora en una nueva batalla a cuatro manos por parte de los países más poderosos de la Tierra. A Estados Unidos, que trata de revivir y dar continuidad a la gloria de las conquistas de las misiones Apolo, y a la actual Rusia, disminuida al estar envuelta en una guerra que la ha aislado internacionalmente, se han unido los dos gigantes que quedaban: China e India.

Este último país hizo historia en agosto de 2023, cuando la sonda Chandrayaan-3 alunizó en el polo sur lunar, todavía inexplorado. El módulo contiene un rover, un robot con ruedas repleto de instrumentos científicos de observación. Allí, a la sombra de sus enormes cráteres, se almacena agua congelada, desmontando la creencia de que la Luna es un planeta seco y completamente deshidratado. Esta hazaña ha colocado a India en el cuarto puesto, con probada capacidad tecnológica para posar un artefacto en el satélite.

China, por su parte, cuenta con un programa lunar sólido desde que se aprobó en 2004. La velocidad con la que los chinos siguen cosechando éxitos es un asunto discreto que no tiene la potencia publicitaria de los logros americanos. Al mismo tiempo, el tradicional hermetismo de las autoridades chinas aporta un grado de discreción conveniente en un océano de informaciones cambiantes dentro del mundo de las redes sociales.

De la exploración a la explotación lunar

La nueva carrera espacial va mucho más allá de las motivaciones políticas o la rivalidad internacional. En el siglo XXI, la Luna se ha convertido en un objetivo más razonable ante el ambicioso plan de llegar a Marte en algún momento. El Laboratorio Jet Propulsion Laboratory, en Pasadena, California, asegura que nuestro satélite contiene tres elementos fundamentales que lo hacen útil de cara a la exploración espacial y quizá a la de otros mundos.

El primer tesoro es el agua. La Luna no contiene agua líquida, pero sí agua congelada suficiente para llenar 240.000 piletas olímpicas, de acuerdo con las estimaciones– a la baja– que ha realizado la Sociedad Planetaria. El agua es esencial para mantener los cultivos agrícolas y de alimentos fuera de la Tierra y para fabricar combustible. Y es muy probable que las cantidades supuestas sean superiores, ya que podría existir hielo subterráneo no detectado aún fuera del alcance de los radares de las sondas actuales.

El segundo tesoro dentro de esta peculiar lista es el helio 3. Es un isótopo del helio, muy raro en la Tierra, pero abundante en el suelo lunar. Debido a que la Luna no tiene campo magnético, la acción del viento solar –inmensas corrientes de partículas de muy alta energía emitidas por el Sol– ha pelado la primitiva atmósfera y depositado abundantes cantidades de este isótopo en el regolito lunar. Se ha argumentado que el helio 3 es el combustible ideal y limpio para lograr la fusión nuclear. Si se fusiona con deuterio, un isótopo estable del hidrógeno, se lograría una fusión limpia, sin residuos radiactivos, y una fabulosa cantidad de energía.

El tercer tesoro tiene son los metales raros. En la Luna hay 15 de ellos, junto con el escandio y el itrio, que se usan comúnmente en la fabricación de los componentes electrónicos de los teléfonos móviles, las tabletas y los ordenadores. El 90% del suministro de estos metales raros viene de China. Y en un contexto internacional convulso, el gigante asiático asegura que solo tiene reservas para 15 ó 20 años.

Aunque parece bastante árido, el terreno lunar contiene minerales, como tierras raras, hierro, titanio y helio, que se utiliza en todo tipo de productos, desde superconductores hasta equipos médicos.

Las estimaciones del valor de todo esto varían enormemente, desde miles de millones a trillones de dólares. Así que es fácil entender por qué algunos ven en la Luna un lugar para hacer dinero. Sin embargo, también es importante tener en cuenta que se trataría de una inversión a muy largo plazo, y que la tecnología necesaria para extraer y devolver estos recursos lunares está aún muy lejos.

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Frans G. Vino der Dunk, profesor de Leyes Espaciales, que forma parte del programa Cyber de Telecomunicaciones del Colegio de Leyes de la Universidad de Nebraska-Lincoln en Estados Unidos. “A la humanidad entera. Y si quiere más precisión, a todos los países juntos. Está muy claro en los artículos I y II del Tratado del Espacio Exterior de 1967. Ese tratado proporcionó todo el entramado legal de todas las actividades espaciales, que incluían la Luna, y que afecta a todos los países que viajen al espacio”.

¿Es posible que alguien reclame con éxito una parte del territorio de la Luna? “No. Ningún estado puede poseer un lugar concreto en la Luna. Y por añadidura, ninguna persona ni compañía puede reclamar esa posesión, incluso si incluimos algunas de esas falsas informaciones que hablan de ventas de parcelas en la Luna. Tampoco serviría haber llegado el primero a un determinado lugar”.

Aunque hay mucho espacio en la Luna, las zonas cercanas a los cráteres llenos de hielo son los principales objetivos lunares. ¿Qué pasará si todos quieren el mismo lugar para instalar una base? Y una vez que un país ha establecido una, ¿qué impedirá que otro establezca otra demasiado cerca?

"Creo que existe una interesante analogía con la Antártida", afirma Jill Stuart, investigadora de política y derecho espacial de la London School of Economics del Reino Unido. Un apasionante debate de la nueva era aquí y en el espacio.

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