

Un descubrimiento que parece sacado de una película sorprendió a la comunidad científica: investigadores identificaron un tiburón de Groenlandia que tendría cerca de 399 años, lo que lo convierte en el vertebrado más longevo jamás registrado.
Según los estudios, este animal habría nacido en 1627, cuando todavía se vivían los primeros años de la era colonial en América. El dato surge de una investigación que analizó 28 tiburones de Groenlandia capturados de manera incidental por pescadores en las frías y profundas aguas del océano Ártico.
La ciencia busca respuestas sobre las causas de esta longevidad excepcional. Entre los factores principales destaca un crecimiento extremadamente lento, que alcanza apenas un centímetro por año. La madurez ocurre muy tarde en su ciclo vital, llegando a la adultez recién a los 150 años de vida. Además, estos animales poseen un metabolismo bajo que les permite sobrevivir en condiciones cercanas al punto de congelación.

Su hábitat, ubicado a profundidades superiores a los 2.000 metros, ofrece una estabilidad necesaria para un estilo de vida lento y reposado. Investigaciones recientes abren la puerta a mecanismos genéticos particulares que facilitarían la reparación del ADN, lo que detiene el envejecimiento y combate diversas enfermedades.
El hallazgo se consolidó a partir de un trabajo publicado en 2016 en la revista Science. Los científicos utilizaron una técnica poco común para determinar la edad de estos animales: la datación por radiocarbono en las lentes oculares, un tejido que no se regenera después del nacimiento.
Comparando los niveles históricos de carbono, los expertos lograron estimar la edad de cada ejemplar. Los resultados fueron asombrosos: la edad promedio de los tiburones analizados fue de al menos 272 años, pero el más grande, de más de 5 metros, alcanzó los 399 años.
La especie llega a medir siete metros y supera los 1.000 kilos de peso. Su velocidad de nado es baja, inferior a los 2 km/h, mientras que su dieta incluye peces, focas, calamares y restos orgánicos del lecho marino.
Como especie ovovivípara, su tasa reproductiva es escasa. A pesar de su capacidad biológica para perdurar, estos tiburones enfrentan riesgos críticos en la actualidad. La pesca incidental, el avance del cambio climático y la presencia de contaminantes en las aguas árticas ponen en peligro la estabilidad de esta población.
La comunidad científica insiste en la necesidad de proteger estos entornos profundos para asegurar la continuidad de una especie que habitó los océanos durante siglos y representa una pieza clave para el estudio de la biología evolutiva y el envejecimiento celular en el mundo marino.







