Un viaje de 6400 kilómetros

Sociedad 11/03/2026

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La historia de Diana es la de una sobreviviente y, además, la de un viaje extraordinario. Esta
tortuga boba inició una travesía de más de 6.400 kilómetros desde las costas ceutíes hasta el Caribe, un viaje que ha permitido a los científicos comprender mejor las rutas migratorias de esta especie y su conexión entre el Mediterráneo y el Atlántico. Diana, una tortuga boba de unos 20 años, la especie puede superar los 60, ha recorrido desde Ceuta, España, hasta el Caribe, una de sus zonas de anidación. Los investigadores que la siguen la rescataron en junio del año pasado de las redes de la almadraba de Ceuta, a la que se había acercado atraída por los peces capturados, una fuente fácil de alimento. Entonces nadie imaginó que cruzaría el Atlántico.

Salió por el Estrecho de Gibraltar en septiembre del año pasado y llegó a la costa americana en febrero, donde aún se encuentra.

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La historia se inició en junio de 2025, cuando Diana quedó atrapada en las redes de una almadraba situada en Ceuta. Los científicos lograron rescatarla, pero el animal estaba débil y tenía dificultades para sumergirse, lo que indicaba que algo no estaba bien en su organismo.

Se quedó en un centro de recuperación durante cerca de un mes hasta que los veterinarios corroboraron que estaba todo bien para regresar al océano. Fue liberada de nuevo en el Mar Mediterráneo el 4 de agosto de 2025, pero en esta ocasión tenía un dispositivo GPS pegado a su caparazón.

El seguimiento era un componente del proyecto Alma, que fue promovido por el Instituto Oceanográfico de España. Este proyecto tenía como meta analizar la preservación de las tortugas marinas y examinar cómo las poblaciones de estas especies se ven impactadas por el cambio climático.

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Después de ser liberada, Diana pasó varias semanas navegando por la parte occidental del Mediterráneo. En el mapa generado por el GPS, sus desplazamientos formaban un entramado irregular, lo cual es común en este período de tiempo en el que el animal come y recupera energías.

Los investigadores interpretan que la tortuga, en ese periodo de tiempo, se estaba preparando para comenzar una migración más extensa, aguardando las condiciones apropiadas de temperatura.

El 18 de septiembre de 2025, cuando por fin atravesó el estrecho de Gibraltar y dejó atrás el Mediterráneo para dirigirse hacia el Atlántico, fue un momento crucial.

Desde allí , la ruta fue mucho más directa. El trayecto es más recto porque en mar abierto hay menos alimento que cerca de la costa. Asimismo, las tortugas bobas tienden a viajar en solitario, lo que contrasta con la imagen que se ha difundido a través de documentales o grabaciones esta especie.

Diana cruzó el Atlántico y llegó a la desembocadura del Amazonas en Brasil en poco más de cuatro meses. No obstante, siguió moviéndose a lo largo de la costa del sur de América y no llegó a entrar en el río.

El animal hizo contacto con la tierra por lo menos dos veces a lo largo de esa travesía costera: en Trinidad y Tobago, y en Surinam.

Un dato importante para los científicos ha salido a la luz por medio del viaje de Diana; las poblaciones de tortuga boba del Atlántico y del Mediterráneo están más interconectadas de lo que se creía. En el mar de Alborán, donde se liberó, cohabitan ejemplares provenientes de diversas áreas del océano.

La observación de estas migraciones también contribuye a la investigación acerca del impacto que tiene el cambio climático. En las tortugas marinas, la temperatura de la arena en que las crías incuban los huevos, no los genes, determina si el sexo de las crías será masculino o femenino, cuando la temperatura es más alta, hay una mayor cantidad de hembras.

Este fenómeno causa preocupación entre los investigadores, quienes notan que el incremento de las temperaturas tiene el potencial de modificar el equilibrio poblacional.

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