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La hora del crepúsculo

El País 02 de marzo de 2023
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Alberto, el moderado del inicio y el locuaz del final, le habló a Cristina. El primero ensayó una autoreivindicación de la tibieza que le reprocha la vice. El segundo, a costa de desdecir al primero, actuó tal y como Alberto Fernández cree que Cristina quiere que actúe sin detenerse en lo que parece una obviedad: no hay nada que pueda hacer para recomponer con la dirigente que lo impuso como candidato.

La frialdad de Cristina cristaliza eso: la relación política y personal entró en un estadío irreversible, que ya no contempla momentos de tregua pero que no descarta movimientos explícitos de tensión y o ruptura.

Pero, de fondo, por táctica o reflejo, lo único que busca es ganar tiempo, sobre todo porque se acercan dos episodios -uno el 11 de marzo, con un acto contra la “proscripción”, otro con la marcha del 24 de marzo, que seran las bisagras en la relación. Cristina ya mandó el mensaje; que quería que Alberto entienda: no aceptará que sea candidato.

El gran interrogante es cómo reaccionará ante la hipótesis de que, a pesar de todo, insista con su plan reeleccionista. Vía Máximo Kirchner y Andrés Larroque avisó que el dispositivo K no aceptará ir a una PASO contra el Presidente. Es, probablemente, un recurso para evitar participar de una primaria. Nunca lo hizo. El tema es que el mismo día se vota en la provincia de Buenos Aires y cuesta imaginar un artefacto electoral que permita que Axel Kicillof compita por la gobernación sin candidato a presidente.

En su discurso ante el Congreso, Alberto dejó un aroma a despedida, cómo si fuera ya un post presidente, reflejó la urgencia por hacer una defensa de una gestión que tiene, quizá como ninguna otra en los últimos veinte años, una ausencia notoria de defensores.

En eso, el Presidente también le habla a Cristina, cuando reprocha que no se destaca lo que está bien, más que hablarle a los medios, le habla a la socia mayoritaria. Su único recurso es visibilizar eso mediante la enumeración de datos sobre distintas virtudes económicas o de derecho, una poesía que desentona con el clima de hostilidad. Aquello que no por repetido, es menos cierto: el Frente de Todos, el Gobierno de Nadie.

El 11 de marzo es una incógnita si, finalmente, se hace el acto contra la “proscripción” y la vice acepta subirse a ese escenario. Si lo hace ¿para qué lo haría? ¿Para repetir sus críticas a la Justicia, volver a decir que no renunció sino que está proscripta? ¿O para emitir un ultimátum al Presidente respecto a que decline una candidatura que pocos alimentan? ¿Contempla la vice decir que analizará ser candidata a presidente para, de ese modo, terminar de desactivar lo que queda del plan reeleccionista de Alberto?

Hay un dato cierto: el Presidente, aunque sea una ejercicio solitario, mantiene viva la idea de competir para, al menos, seguir en el juego y ganar el tiempo que día a día se le agota. Una versión más táctica de Fernández contempla la variable de bajarse para que el candidato oficial sea Sergio Massa o Daniel Scioli. Nunca lo haría para que ese lugar lo ocupe Wado. Alberto y Cristina, apuestan entonces, al menos a retener un poder de veto y al día después de las Paso. 

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