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La nueva doctrina de la OTAN para tratar las migraciones como problemas de seguridad

Sociedad 26/06/2022
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Convertir la inmigración en una alerta de seguridad que debe ser combatida en el plano militar es una tendencia en la OTAN que tiene peligrosos riesgos humanitarios. Esta es la alerta que formula el Centro Delas de Estudios por la Paz en un informe en el que repasa las nuevas estrategias de la Alianza, en las vísperas de la cumbre que se celebrará la próxima semana.

Entre las nuevas doctrinas de los países que forman parte de la unión defensiva, el centro Delas destaca lo que denomina como “nueva deriva securitaria en relación a las migraciones”. Una etiqueta con la que critica la mirada de la OTAN sobre los grandes desplazamientos humanos como si se tratase de un peligro similar a la guerra e incluso como un modo de ataque en el caso de conflictos bélicos, que por tanto deben ser respondidos por la vía militar.

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Esta práctica es especialmente acusada en el Mediterráneo, un área que ha sido escenario de importantes migraciones en las últimas décadas y, también, de operaciones militares para vigilar y repeler los movimientos de personas. Por ejemplo, el centro Delas señala a países como Turquía por sus prácticas para controlar flujos migratorios bajo la estrategia defensiva de la Alianza Atlántica, mediante unas operaciones que han ido mucho más allá de lo que podía hacerlo. Esto sucede porque mientras la Agencia Europea solo puede dejar a los barcos encontrados en las costas de países miembros, los dispositivos de la OTAN pueden devolverlos a Turquía u otros países, donde la UE puede desentenderse de los derechos de los migrantes como demandantes de asilo.

No es este el único caso que señala el informe, que cita también la operación Sea Guardian, asentada en el Mediterráneo occidental y muy centrada en el Estrecho de Gibraltar, por lo que España tiene un papel de liderazgo. Según destacan desde el centro Delas, bajo el mandato de la OTAN de luchar contra posibles amenazas terroristas, esta operación terminó convirtiéndose en una respuesta militar para controlar y repeler las posibles llegadas de inmigrantes desde las costas del Magreb hasta las playas del sur de la Península Ibérica.

Ambos ejemplos constituyen, según el informe, “una forma evidente de interceptar y desviar los flujos migratorios fuera de los países de la UE, que además no garantiza la protección de las personas migradas”. Esta forma de controlar la inmigración tiene un enorme impacto en en los derechos humanos, en primer lugar por estar diseñadas como operaciones de defensa militar, y no por tanto bajo un enfoque humanitario, y en segundo lugar porque se desarrollan en unos espacios fronterizos a los que llegan de manera forzada personas que pueden ser tratadas no solo como “ilegales” sino como atacantes por el mero hecho de migrar.

Esta segunda cuestión constituye un riesgo de especial relevancia para la cumbre de la OTAN que comenzará el próximo miércoles, en la que buena parte de la atención estará centrada en la reemergencia de Rusia como amenaza para los países atlánticos. Sin embargo, algunos miembros ya han dado muestras de querer introducir otros temas que les son más cercanos tanto geográficamente como por interés defensivo.

En estas circunstancias, el informe del centro Delas se pregunta cuál ha sido el papel de la OTAN en la construcción de la seguridad y la estabilidad a la que la organización suele apelar, teniendo en cuenta los desplazamientos forzados a los que han contribuido algunas intervenciones de la Alianza en zonas como Afganistán, Libia e Irak. “Teniendo en cuenta que un indicador importante de inseguridad es el desplazamiento forzado de poblaciones, es posible afirmar que la OTAN está lejos de haber contribuido a estabilizar y dar seguridad a las poblaciones de los países en los que ha intervenido”, concluye el informe de la organización.

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