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Vacunas argentinas

Sociedad 31/03/2022
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La ANMAT aprobó el comienzo de la Fase 1 en humanos de la vacuna contra el Covid-19 ARVAC Cecilia Grierson: se hará un ensayo con 80 participantes. Nombrada en homenaje a la primera médica argentina, su desarrollo está a cargo de la UNSAM y el CONICET en conjunto con el Laboratorio Cassará.

Se trata de un hecho histórico.

"El 31 de diciembre se presentó el expediente oficial ante la ANMAT y hasta el 2 de marzo se generaron las evaluaciones pertinentes. El 23 (de marzo) recibimos la respuesta satisfactoria. Estamos en un momento histórico", volvió a destacar la titular de Salud, que dejó espacio a la presencia de Juliana Cassataro, investigadora del Conciet y directora del proyecto.

Este prototipo de vacuna es el primero diseñado en una universidad pública argentina que llega a esta instancia. Hay otros cinco proyectos nacionales en desarrollo.

"Se pensó en una vacuna que sirva para refuerzo y cambio de variantes", argumentó en un momento de alta población vacunada. "Es de segunda generación, ya que tiene una nueva variante y los resultados en Fase 1 van a permitir saber si podemos desarrollar una vacuna que permita cambiar la variante ante un escape inmunológico", setenció Cassataro.

Un repaso por los principales proyectos locales de vacunas en marcha.
Uno de los desarrollos más avanzados es de un equipo de científicos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) que trabaja junto a un consorcio de laboratorios públicos y centros de investigación, cuyos ensayos se encuentran en etapa preclínica y ha mostrado excelentes resultados en las pruebas con animales. El proyecto obtuvo un financiamiento de 60.000.000 de pesos otorgado por el Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC), y se trata de una iniciativa impulsada por el laboratorio VacSal (Vacuna – Salud), del Instituto de Biotecnología y Biología Molecular de la Facultad de Ciencias Exactas (UNLP- CONICET), que dirige la doctora Daniela Hozbor.

“La plataforma sobre la que se desarrolla la vacuna es la proteína Spike entera trimérica glicosilada de distintas variantes del SARS-CoV-2 (vacuna proteica) expresadas en células de mamífero más un adyuvante comercial aprobado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT)”. Nuestro desarrollo utiliza la proteína espiga entera del virus, que está formada por tres cadenas de naturaleza proteica. Tiene además unos azúcares pegados, por eso es glicosilada. En definitiva, es muy aproximada a lo que el virus es, pero sin la carga viral”.

Esta vacuna está desarrollada dentro de lo que se llaman vacunas de segunda generación. Son productos que están mirando la pandemia ahora, y en vista de lo que puede pasar. Se hacen con información científica nueva partir de la experiencia recabada en los últimos dos años y también en el desarrollo de las primeras vacunas contra COVID-19.

Otra vacuna en fase preclínica que obtuvo financiamiento de la Agencia I+D+i, es la que están desarrollando investigadores del CONICET en la Universidad del Litoral, junto a Cellargen Biotech SRL y Biotecnofe SA. Al igual que la de la UNSAM, su fórmula se basa en proteínas recombinantes, que son más estables y menos dependientes de la cadena de frío. Esto las vuelve más económicas, fáciles de producir y de distribuir.

También es prometedor el proyecto de investigadores del Conicet en el Instituto Leloir, junto a la biotecnológica Vaxinz. Este equipo diseñó una fórmula monodosis, que generó inmunidad de 100% en pruebas preclínicas en ratones. Además de anticuerpos, la vacuna del Leloir despertó inmunidad celular que, a diferencia de éstos, perdura por varios meses en el organismo, comentó el doctor Osvaldo Podhajcer, coordinador del proyecto, jefe del Laboratorio de Terapia Molecular y Celular de la Fundación Instituto Leloir e investigador del Conicet.

El INTA junto a laboratorios Bagó avanzan con otra vacuna basada en una tecnología patentada en 2018 por el INTA Bariloche que generó inmunidad ante el coronavirus en ratones.

El siguiente paso será “comprobar que esos anticuerpos logren neutralizar el coronavirus y verificar que la respuesta inmunológica sea duradera”, describió el médico veterinario y virólogo Sebastián Pappalardo, responsable del Laboratorio de Nanomedicina Veterinaria de INTA Bariloche.

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Por último, investigadores argentinos del CONICET en la Universidad Católica de Córdoba participan junto a sus pares brasileños de la Universidad Federal de San Pablo y franceses de la Sorbona, en el desarrollo de una vacuna oral contra la Covid-19.

La iniciativa es liderada por Hugo Luján, investigador del Conicet y de la Universidad Católica de Córdoba; Jorge Kalil, de la Universidad Federal de San Pablo, Brasil; y David Klatzmann, de la Universidad de la Sorbona, en Francia, uno de los descubridores del virus del Sida.

Las ventajas de este tipo de vacunas, que se administran como pastillas, son su amplia aceptación, y que no requieren personal especializado para suministrarlas. Una de las principales dificultades para el desarrollo de vacunas orales es que, para llegar al intestino, los antígenos, despertadores de la respuesta inmune, deben superar un ambiente hostil, incluyendo altas temperaturas, el pH gástrico y los jugos biliares y pancreáticos.

La vacuna cordobesa en desarrollo consiste en la combinación de moléculas de varios virus que no infectan a humanos y que se recubren con proteínas de superficie llamadas VSP, que a modo de escudo resisten las “inclemencias” del tracto digestivo.
“Bajo esa capa protectora, insertamos moléculas del nuevo coronavirus que apuntan a generar una fuerte respuesta inmune”, explicó el investigador cordobés Hugo Luján. Al igual que todas las mencionadas, ésta también se encuentra en fase de investigación preclínica.

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