James Talarico, el demócrata que hizo historia en Texas

Texas, uno de los bastiones emblemáticos del conservadurismo estadounidense, protagonizó este martes un terremoto político. James Talarico, un demócrata de 37 años, exdocente y estudiante de teología, derrotó al republicano Ken Paxton en una histórica elección para el Senado, puso fin a más de tres décadas sin victorias de su partido en el estado y asestó un duro golpe a Donald Trump y a Elon Musk, que había invertido más de 200 millones de dólares para impedir su triunfo.
“Hemos vencido a Goliat. Hemos mandado un mensaje a los donantes multimillonarios, a todos los defensores corruptos de este sistema político roto: en este país, en este estado, el poder pertenece a la gente”, dijo en un discurso tras conocer su victoria, en alusión a Elon Musk.
Esta es la primera vez que un demócrata gana un escaño en el Senado en Texas desde 1994, lo que supone un cambio radical para un estado dominado durante mucho tiempo por los republicanos. El resultado es uno de los vuelcos diametrales que permitieron a los demócratas recuperar el control del Senado.
La de Texas fue la batalla electoral más cara de la historia de EE.UU., con casi 600 millones de dólares en publicidad electoral. Entre ellos, los 200 millones que se calcula que Elon Musk, dueño de Tesla y SpaceX, destinó a financiar la campaña de Paxton.
El nuevo senador demócrata, exprofesor de primaria y seminarista presbitariano centró su campaña en el costo de la vida, el reparto de la riqueza y la unidad frente al odio en la política, además de en las acusaciones de corrupción contra Paxton, fiscal general del estado, apoyado por Donald Trump.
Ese mensaje le permitió una cómoda victoria de más de 11 puntos sobre su rival. El resultado es casi inverso al de las elecciones presidenciales de 2024, en las que Trump ganó por casi 14 puntos.
Pero la victoria de Talarico tuvo además una dimensión nacional. Se produjo frente a una de las mayores operaciones de financiamiento político de la historia estadounidense y convirtió la contienda texana en la elección no presidencial más cara de la historia del país.
En el centro de esa batalla estuvo Musk, cuya empresa SpaceX tiene su sede en Texas y que destinó al menos 212 millones de dólares a respaldar a Paxton, según un análisis de The New York Times. En total, el magnate desembolsó cerca de 500 millones de dólares durante las elecciones de medio término, una de las mayores contribuciones individuales del ciclo electoral.
La victoria demócrata representó así un revés para el enorme despliegue financiero del empresario y para la apuesta del movimiento MAGA por conservar el control de Texas.
Talarico construyó su carrera política con un perfil poco convencional. Antes de llegar a la Legislatura estatal había trabajado como maestro de escuela pública y posteriormente cursó estudios en un seminario presbiteriano. Lejos de abandonar las referencias religiosas, las convirtió en una parte central de su discurso, con un mensaje que combinó la defensa de los valores cristianos, las preocupaciones económicas y las críticas a la concentración de riqueza y poder.
Durante la campaña, buscó atraer no solamente a los votantes demócratas tradicionales, sino también a independientes y republicanos moderados descontentos con el rumbo de su partido.
Su principal argumento fue que la política texana había quedado capturada por una élite de grandes donantes, mientras las familias enfrentaban dificultades crecientes para pagar alimentos, vivienda y combustible.
En su último acto de campaña, el lunes en San Antonio, el candidato había anticipado la posibilidad de una victoria histórica.
“Vamos a hacer algo extraordinario. Vamos a hacer historia. Vamos a sorprender a los multimillonarios, sorprender al mundo, cuando recuperemos Texas”, afirmó.
Según The Washington Post, el demócrata buscó presentar la elección como una disputa entre dos modelos políticos: uno asociado a los grandes donantes y otro centrado en el carácter de los dirigentes y las necesidades de los ciudadanos.
La enorme inversión de Musk convirtió la elección en una prueba de la capacidad de los multimillonarios para influir sobre las urnas.
Durante la campaña, Paxton había contado con el respaldo del presidente y presentado la elección como una batalla por preservar el modelo conservador de Texas, caracterizado por bajos impuestos, regulaciones limitadas y políticas sociales tradicionales.


















