¿Viviremos días de 25 horas?

Sociedad 29/07/2026

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Durante los últimos días  una noticia despertó curiosidad de millones de personas: la Tierra estaría cambiando su velocidad de rotación y, en un futuro lejano, los días podrían llegar a durar 25 horas.

Al mismo tiempo, otra imagen difundida por la NASA mostró a nuestro planeta con una extraña forma irregular, muy distinta de la esfera perfecta que todos imaginamos.

La Tierra nunca gira exactamente igual. Aunque solemos pensar que un día dura exactamente 24 horas, la realidad es que la rotación de la Tierra nunca es completamente constante.

Los científicos saben desde hace décadas que nuestro planeta acelera y desacelera ligeramente su giro debido a distintos procesos naturales. Esas diferencias son tan pequeñas que apenas alcanzan algunos milisegundos y solo pueden detectarse mediante relojes atómicos y observaciones astronómicas de alta precisión.

Sin embargo, esas variaciones permiten comprender mejor cómo funciona el planeta y cómo evoluciona con el paso del tiempo.

El fenómeno que más influye en la desaceleración de la Tierra es la gravedad de la Luna.

Su atracción genera las mareas oceánicas y, al hacerlo, produce una pequeña fricción que va frenando lentamente la rotación terrestre.

Este proceso ocurre desde hace miles de millones de años. Cuando la Tierra se formó, hace unos 4.500 millones de años, un día duraba apenas entre cinco y seis horas. Con el paso del tiempo, esa duración fue aumentando hasta llegar a las 24 horas actuales.

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La velocidad de rotación también cambia por otros fenómenos naturales:

  • Los movimientos del núcleo interno de la Tierra.
  • Las corrientes oceánicas.
  • La circulación de la atmósfera.
  • Grandes terremotos.
  • La redistribución de masas por el derretimiento de glaciares.
  • Cambios en el nivel del mar.
  • Fenómenos climáticos como El Niño y La Niña.

Todos estos procesos modifican ligeramente el equilibrio del planeta y producen pequeños cambios en la duración de los días.

Hace pocos días volvió a circular una representación del llamado geoide terrestre, elaborada con datos satelitales.

Muchos creyeron que la NASA había descubierto que la Tierra era “ovalada” o tenía forma de “papa”.

En realidad, esa imagen no muestra la forma física del planeta, sino un mapa tridimensional del campo gravitatorio terrestre.

Las protuberancias representan zonas donde la gravedad es ligeramente mayor, mientras que las depresiones indican regiones donde es menor.

Esto ocurre porque la masa de la Tierra no está distribuida de manera uniforme. La distribución de la masa del planeta influye en su momento de inercia y, por lo tanto, también puede modificar muy levemente la velocidad de rotación.

Sin embargo, estos cambios representan apenas milisegundos y no son los responsables principales del aumento progresivo de la duración del día.

Las estimaciones científicas indican que, si la desaceleración continúa al ritmo actual, la Tierra necesitará millones de años para que un día aumente una hora.

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Por eso ningún ser humano llegará a experimentar jornadas de 25 horas debido a este fenómeno natural.

Curiosamente, algunos días son más cortos. Aunque la tendencia general es que la Tierra gire cada vez más despacio, durante los últimos años los científicos registraron varios de los días más cortos desde que existen mediciones modernas.

En esas ocasiones, el planeta completó una vuelta algunos milisegundos antes de lo habitual.

Esto demuestra que la rotación terrestre no sigue una línea recta, sino que experimenta pequeñas aceleraciones y desaceleraciones constantes.

Una diferencia de uno o dos milisegundos es completamente imperceptible.

Sin embargo, para la tecnología moderna sí resulta importante. Los sistemas GPS, los satélites, las telecomunicaciones, las redes financieras internacionales, las misiones espaciales y los observatorios astronómicos necesitan una sincronización extremadamente precisa.

Por eso organismos científicos de todo el mundo monitorean permanentemente la velocidad de rotación de la Tierra y realizan ajustes cuando es necesario.

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El cambio gradual en la duración del día ocurre en escalas de millones de años y no representa una amenaza para el clima actual.

Los cambios climáticos que experimenta hoy el planeta responden principalmente a otros procesos, como las emisiones de gases de efecto invernadero, la circulación oceánica y las variaciones atmosféricas.

La Tierra está viva desde el punto de vista geológico. Su eje oscila, las placas tectónicas se desplazan, el núcleo continúa moviéndose, los continentes cambian lentamente de posición y la gravedad varía de un lugar a otro.

Cada uno de esos procesos modifica, aunque sea de manera casi imperceptible, el comportamiento del planeta.

La posibilidad de que algún día los días duren 25 horas no significa que estemos frente a una catástrof, sino que confirma que la Tierra sigue evolucionando, tal como lo ha hecho durante miles de millones de años.

Más que una señal de alarma, estos descubrimientos muestran que vivimos sobre un planeta dinámico, complejo y en constante transformación, cuyo funcionamiento sigue sorprendiendo.

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