Los líderes del G7 se reúnen en Borgo Egnazia, un lujoso resort de Apulia

El mundo 13 de junio de 2024
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Una típica aldea de Apulia, sur de Italia, con seis restaurantes, cuatro piletas, un spa de 2000 metros cuadrados y un campo de golf de competición profesional de 18 hoyos con vistas al mar. Es Borgo Egnazia, el mega complejo turístico de lujo elegido por el Gobierno italiano como escenario para la cumbre del G7 que empieza este jueves bajo su presidencia.

La urbanización, elegida por famosos como los Beckham o Madonna para celebrar sus cumpleaños, se ha convertido en un lugar fortificado para hospedar a los líderes mundiales que participarán en un encuentro en el que la primera ministra italiana Giorgia Meloni busca afianzar su figura en la escena internacional, tras revalidar en el voto de las europeas la victoria que hace un año y medio llevó la líder del partido ultraderechista Hermanos de Italia al gobierno del país.

Los temas que  estarán sobre la mesa, Oriente Medio, con la guerra en Gaza, y Ucrania, con un acuerdo sobre el desbloqueo de los fondos rusos para financiar a Ucrania y con Estados Unidos que va a anunciar nuevas sanciones a Moscú. El presidente ucraniano Volodimir Zelensky acude a la cumbre, donde el viernes también intervendrá el papa Francisco, la primera vez de un papa en la reunión.

 “Hablaremos de inteligencia artificial y de paz”, dijo Francisco a los periodistas en Roma. Confirmó que hará encuentros bilaterales y que ha recibido pedidos de los siete jefes de estado. Además de los líderes de los países del G7, participan representantes del G20 como Ignacio Lula da Silvia, Narenda Modi o Recep Tayyip Erdogan, y también Javier Milei.

“Pasear por las calles de piedra es como transportarse a un viaje al pasado, suspendido en una dimensión atemporal”, asegura la web del complejo turístico, que fue construido recuperando la arquitectura tradicional de la zona para parecerse a las aldeas surgidas alrededor de las antiguas grandes fincas de los terratenientes.

Y en ese “tiempo suspendido” que durará hasta el sábado, y terminará con la rueda de prensa de la presidencia italiana, los líderes encerrados en la fortaleza de lujo, donde una habitación doble en verano puede llegar a los 2.500 euros por noche, que tendrán que abordar las cuestiones más importantes de la política mundial.

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La elección de un lugar periférico, alejado de las grandes ciudades y más fácil de blindar contra manifestaciones de protesta es ya una costumbre de las últimas cumbres del G7 como la de 2022 que se celebró en Schloss Elmau, en los Alpes bávaros, o la de 2021 en Cornualles, en Reino Unido.

En Italia es aún abierta la herida que dejó en la memoria colectiva la penúltima cumbre que organizó el país, la de Génova en 2001. La violencia policial contra las marchas y los manifestantes que protestaban contra la globalización, con la muerte de  Carlo Giuliani, fue definida más tarde por Amnistía Internacional como “la suspensión más grave de los derechos democráticos desde la posguerra”.

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