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El fin de la política

Editorial Beat 20/09/2022
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La posibilidad de una reunión de Cristina y Macri se revela como algo extraordinario y debiera ser lo básico. La polarización fogonea una idea de intratabilidad elemental entre políticos. Una sociabilidad rota en pos de nunca traicionar la inercia algorítmica de la representación: el político será tan brutal e hijo de puta, como lo puede ser un panelista porque así lo piden sus bases.

Una pregunta muy primaria, ¿qué podrían acordar, si es que así evoluciona de producirse un encuentro imposible hoy, los que acordaron justamente que su desacuerdo es el motor principal de la política desde hace casi dos décadas.

Alfonsín y Menem, sellaron el primer acuerdo para una nueva Constitución. Menem cedía en la agenda un tercer senador provincial, la autonomía porteña, el jefe de gabinete y ganaba su reelección. El famoso “nosotros ponemos los votos, ellos ponen la república”. El acuerdo se escribía en la piedra y en la arena. Se hacía contra algo: el peligroso afán reeleccionista de Menem. Y para algo: para que haya una Constitución votada en democracia.

Tras el atentado a Cristina siguieron días de novedades judiciales en la investigación y la difusión de encuestas que dicen que nada cambió después. La política argentina parece regida bajo una ley de hierro, hoy la principal fuerza política es la inercia. Una de esas inercias es también la centralidad de la vice.

El rumor que proyecta acuerdos o promesas de desescaladas ocurre porque, más allá de la letra chica de las discusiones académicas en torno al odio, la polarización, vigoroso estado de salud del sistema político, se parece a los incendios controlados a los que se les escapa una chispa.

Si Macri acuerda algo con Cristina, en ese instante, ¿deja de ser Macri para los macristas?

Macri y Cristina están unidos en ese juego de bloqueos mutuos. En el empate. Así, sin resultados, con gobernabilidades de márgenes pírricos, la costumbre es impedir y “abrir procesos de debates”. El sistema de salud, la economía bimonetaria, el régimen penal juvenil, la inflación multicausal. Y qué pasa si nos preguntamos por los resultados de esos “debates. Otro efecto 2001: un asambleísmo estatizado. Los debates son infinitos, los pueblos y su paciencia no.

¿Qué hay entonces en este llamado al diálogo? ¿El intento de detentar el gesto? ¿El diálogo por el diálogo en sí mismo? ¿Pide el diálogo el que está débil?

Cualquier diálogo que comience hipotéticamente a tenderse en el horizonte será contra y para algo. Si así fuera entre el ingeniero y la vicepresidenta en principio se podría pensar que sería para dar una señal tan elemental como que no se mate en política. Y en segunda instancia para que de una vez la Argentina se encamine en la solución de alguno de sus problemas. Romper la inercia política de estos años: ser algo más que hinchas de su hinchada.

De la juventud, donde antes residía su fuerza, ahora surgen grupos que están dispuestos a volarle la cabeza. ¿Cómo fue posible? Pasaron 12 años desde la muerte de Néstor Kirchner, la polarización escaló como si no hubiera un mañana y coincidió con el agotamiento del kirchnerismo arrollador que apuntalaba el poder adquisitivo y hacía volar el consumo.

El magnicidio que no fue abre la puerta a un submundo de servicios y esquema piramidal: tenía jefes. Sospechada por parte del kirchnerismo, la jueza actuó hasta ahora bastante mejor que el gobierno: no cubrió el accionar indefendible de la custodia presidencial ni buscó cerrar el caso en un demente aislado de la política.

Producto de la enorme fragilidad de un gobierno que dilapidó un superávit comercial récord desde que llegó al gobierno y no tiene dólares, la vice ya había hablado varias veces de abordar en junto a distintos actores del poder el problema de la economía bimonetaria. El intento de magnicidio que la tuvo como blanco móvil le sumó otro motivo urgente a una misión imposible: el entendimiento con una oposición que llegó al gobierno unida en el rechazo al cristinismo y de la cual ella misma afirmó, dos días antes de que intentaran matarla: "No tenemos gente racional frente a nosotros".

El superministro de Economía avanza con un programa de esencia macrista que diluye las fronteras entre el gobierno y la oposición. Cerca del abismo, el Frente de Todos se entregó manso al aumento de tarifas, la suba de la tasa de interés y las concesiones al poder económico. Así Massa estiró el horizonte del peronismo de Cristina: de un día a tres meses. Ella es dogmática pero astuta. Cuando está cerca del precipicio, frena.

No se advierte que la vicepresidenta y el último presidente puedan encontrar sus “para algo” y “contra algo”.

Una parte importante del empresariado, sin embargo, todavía se entusiasma con la posibilidad de derrotar definitivamente al peronismo. La hipótesis que sostiene que es casi imposible aprender de las experiencias ajenas es tan extendida como insistente, pero nuestra clase dirigente debería mirar el ejemplo brasileño. Ayer, Lula realizó un acto de campaña junto a antiguos candidatos a presidente de Brasil. Entre ellos, quizás se encontrara el máximo representante del establishment en la política brasileña, Henrique Meirelles. Presidente del Banco Central entre 2003 y 2010, fue el garante del gobierno del Partido de los Trabajadores ante el sector financiero. La apuesta, de Lula y de gran parte de la clase dirigente a la que Meirelles representa, es que no sea demasiado tarde. No está claro

A un año de las PASO, un acuerdo de cooperación como el que propone la vicepresidenta le serviría al próximo presidente fuera quien fuera. Pero la transición demanda líderes y en Argentina escasean tanto o más que los dólares.

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