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La ofensiva conservadora

Sociedad 26/06/2022
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La explicación simple de cómo las estadounidenses perdieron su derecho a interrumpir un embarazo podría resumirse en un nombre: Donald Trump.

El magnate inmobiliario y estrella de concursos de la televisión primero sorprendió al mundo al ganar la presidencia de Estados Unidos, y luego recompensó a sus votantes al confirmar a tres jueces del Tribunal Supremo para una corte de nueve miembros con mandato vitalicio. Sus nombramientos han hecho que el Tribunal se incline hacia el lado conservador durante toda una generación.

Ese corto camino ha llevado a Dobbs vs.. Jackson Women's Health Organization, la sentencia publicada este viernes en la que los jueces votaron 6-3 para anular el caso histórico Roe v. Wade, que en 1973 garantizó el derecho constitucional al aborto.

Se espera que el fin de la protección federal del aborto lleve a 26 estados a prohibir el procedimiento de forma inmediata o tan pronto como sea posible, lo que afectará a millones de mujeres en Estados Unidos.

La decisión se produce a pesar de que cerca del 85% de los estadounidenses están a favor del aborto legal al menos en algunas circunstancias. El porqué y el cómo de una decisión a la que se opone la mayoría de los estadounidenses está relacionada con el poder político.

El movimiento antiabortista es “la facción mejor organizada de la política estadounidense”, dice Fred Clarkson, experto en la derecha cristiana y socio de Political Research Associates.

“Entienden que son una minoría de la población, del electorado, y ciertamente un conjunto minoritario de opiniones sobre cuestiones de derechos reproductivos”, dice. “Pero como lo saben, han encontrado formas eficaces de maximizar su influencia política al estar mejor organizados que las facciones numéricamente mayores que están menos organizadas...”. El movimiento antiabortista “domina las herramientas de la democracia para conseguir resultados antidemocráticos”, concluye.

Las corrientes que han llevado a esta sentencia se encuentran entre las más poderosas de la política estadounidense actual. A lo largo de décadas, un movimiento religioso se impuso aprovechando las fuerzas de la polarización, la erosión de las normas constitucionales y la manipulación de la democracia estadounidense.

“No es que hayamos tenido esta lenta erosión del derecho al aborto”, dice Niel Siegel, experto en Derecho Constitucional y profesor de la Universidad de Duke que fue ayudante legal de la jueza progresista del Supremo Ruth Bader Ginsburg, que murió en septiembre de 2020. Según explica, el Supremo ha dictado una sentencia que “desprecia por completo lo que ha sido el derecho constitucional durante literalmente cinco décadas” y que ha sido hasta ahora “repetidamente reafirmado por jueces designados por ambos partidos”.

El Tribunal de tendencia conservadora ha revocado una norma constitucional en un movimiento histórico. Esto sucede tras otro acontecimiento sin precedentes modernos: la filtración de un borrador de una sentencia del Tribunal Supremo, lo que ya anunciaba un mal pronóstico para Roe v. Wade.

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En la actualidad, el aborto es uno de los temas más partidistas de Estados Unidos, con los republicanos y el movimiento antiabortista tan alineados que apenas hay diferencia entre ellos. Sin embargo, en la década de los 70, el aborto se consideraba una “cuestión católica”, con republicanos proabortistas y demócratas antiabortistas en el Congreso. El Tribunal Supremo votó a favor del caso Roe vs. Wade por un margen de 7-2, con el apoyo de magistrados elegidos por presidentes republicanos.

Parte de esta transformación refleja cambios deliberados por parte del movimiento antiabortista, otra parte son cambios estructurales de la democracia estadounidense, y, finalmente, otra parte es “simplemente suerte”, según explica Mary Ziegler, profesora visitante en Harvard y profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de California Davis.

En contra de la creencia popular, no hubo una reacción política inmediata al caso Roe vs. Wade que garantizó constitucionalmente el derecho al aborto. En los años siguientes, importantes proyectos de ley prohibieron que el Gobierno federal pagara los abortos, pero fracasó una enmienda constitucional para prohibir totalmente el procedimiento.

Pasaron décadas antes de que los cristianos evangélicos y los católicos fusionaran por completo su agenda actual, con el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la libertad religiosa como temas principales. Sin embargo, la nueva alianza pronto produjo una llamada “mayoría moral” que impulsó la campaña de Ronald Reagan. Al igual que Trump, Reagan apoyó inicialmente la ley del aborto “liberalizada” antes de prometer que se opondría al aborto como presidente.

Las fuerzas que están detrás de la sentencia también muestran cómo los valores que se han considerado tradicionalmente estadounidenses: la autonomía, la libertad y la autodeterminación, se redefinirán en una nueva era. Un cambio de paradigma.

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