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Qué hacer con el litio?

En un contexto de escasez de divisas crónico, la explotación del litio en Argentina aparece asociado a la promesa de revertir un panorama sombrío e insertar al país en la economía del futuro.

Sociedad 18/04/2022
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Desde hace algunos años el litio se ha convertido en uno de los commodities de moda. Impulsado por el uso creciente de energías renovables en medio de la amenaza del calentamiento global y la meta de reducir a cero las emisiones netas de carbono para 2050, su aplicación en la fabricación de baterías de almacenamiento de energía eólica, solar, y en autos eléctricos lo puso en el centro de la escena económica mundial. Las empresas mineras globales y países productores buscan posicionarse para liderar el nuevo boom, en el que Argentina ocupa un lugar estratégico.

El país tiene claras ventajas comparativas: integra junto a Bolivia y Chile el denominado “triángulo del litio”, un área geográfica donde se ubican salares con niveles de concentración del mineral que hacen que su explotación sea más rentable que en otras zonas y que contiene cerca del 67% de las reservas probadas de litio, la mitad de la oferta global, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

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En un contexto de escasez de divisas crónico, la explotación del litio en Argentina aparece asociado a la promesa de revertir un panorama sombrío e insertar al país en la economía del futuro. Los anuncios de inversión de empresas de Australia, China, EEUU y Corea del Sur se multiplican, aunque no está claro aún el horizonte de su puesta en producción. 

En una entrevista reciente, el subsecretario de Minería del Ministerio de Desarrollo Productivo, Andrés Vera, habló de un “frenesí de capitales” para invertir en cobre y en litio y se mostró confiado en que la inversión extranjera directa en minería va a generar divisas en el corto plazo. Pero en la actualidad solo dos proyectos se encuentran en fase operativa: el Salar del Hombre Muerto, en Catamarca, operado desde 1998 por Minera del Altiplano, una subsidiaria de la estadounidense Livent; y el Salar de Olaroz, en Jujuy, operado desde 2015 por la empresa australiana Orocobre, la japonesa Toyota Tsusho Corporation y la empresa estatal Jujuy Energía y Minería Sociedad del Estado (JEMSE).

Otros seis proyectos se encuentran en etapa de construcción, entre ellos la planta de extracción de litio del proyecto Sal de Oro, en Salta, por parte de la empresa coreana Pohang Iron and Steel Company (POSCO) con una inversión de 1.700 millones de dólares; y el proyecto Tres Quebradas, en Catamarca, a cargo de la minera china Zijing, con una inversión aproximada de 380 millones de dólares. Otros 28 proyectos se encuentran en “estado de avance”.

Recursos y reservas
El litio es un metal de color blanco y liviano que se encuentra en algunas rocas y que no fue descubierto y aislado químicamente hasta 1817. Un siglo después, en 1920, comenzó su producción industrial mediante el método de electrólisis. Hacia la misma época el químico y geólogo argentino Luciano R. Catalano fue el primero en detectar su presencia en los salares de la Puna. Los primeros estudios para su explotación comercial comienzan en 1970 y recién en 1990 se inauguró el primer proyecto de producción de litio en el Salar del Hombre Muerto, en la provincia de Catamarca, actualmente operado por la empresa Livent.

“En lo que respecta a recursos (concentración de un material de interés económico) somos el segundo país a nivel mundial”, explica Jorge González, director nacional de Promoción y Economía Minería. “En esa métrica sólo nos supera Bolivia. Mientras que, en materia de reservas (que son los recursos con viabilidad económica de explotación), estamos posicionados como el tercer país. Chile y Australia son los dos primeros”. 

En el 2021 se exportaron 208 millones de dólares, en cloruros y carbonatos de litio, un 6.4% de las exportaciones mineras totales el año pasado (3.240 millones de dólares), según datos de la Secretaría de Minería. El Gobierno espera que esos valores aumenten a medida que los seis proyectos que al día de hoy se encuentran en etapa de construcción comiencen a entrar en operación. Las proyecciones hablan de una expansión de la capacidad productiva desde las 37.500 toneladas producidas en la actualidad a 144.000 una vez finalizado los proyectos.

Los ingresos fiscales por la actividad minera están basados en el cobro de impuesto a las ganancias, derechos de exportación (8% para el oro, 4,5% para plata y litio), regalías del 3% valor boca de mina y diversos aportes que varían según la provincia. Parte de esa recaudación se destina a la conformación de fondos fiduciarios con distintos fines, como el desarrollo de infraestructura.

Las regalías de la actividad minera en general dependen de lo que las empresa declaran, pero no hay fiscalización al respecto, explica Mara Pedrazzoli, economista e investigadora del Departamento de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación. 

La clave del impacto del desarrollo del litio en Argentina es cómo industrializar la materia prima. El litio se encorseta como minería pero tiene un segundo paso que es la química y un tercer paso de industrialización, el armado de baterías que hoy está concentrado en China, Corea del Sur y Japón. Si se exporta el litio para comprar baterías a China, eso obviamente  daña la balanza comercial y repite esquema pasados de una economía primadizada. Un eslabonamiento de la cadena de valor donde sean las empresas locales las que fabriquen los insumos y maquinarias también impactaría positivamente en la balanza de pagos.

Para Pedrazzoli hay otro factor que podría optimizar la gestión del recurso desde el Estado: exigir la reinversión de utilidades. “Es una medida muy criticada pero en un sector puntual como el litio se podría pensar en una reinversión al declararlo como recurso estratégico, como hizo Chile, y que se invierta en investigación local”.

Mientras tanto la carrera sigue y las empresas se adelantan a cerrar acuerdos, incluso con proyectos sin terminar: a comienzos de esta semana la automotriz Ford firmó un acuerdo con la empresa australiana Lake Resources, a cargo del proyecto Kachi, en Catamarca, actualmente en etapa de prefactibilidad, para el suministro de 25.000 toneladas anuales del mineral destinado a la fabricación de baterías para automóviles. 

Las corporaciones del ámbito energético saben que el verdadero valor se halla en el conocimiento científico y económico que permite contar con las baterías, para lo cual el litio es un insumo básico, pero no el único, y no está solo presente en Sudamérica. En este sentido, sería ideal desplegar una «geopolítica del litio» que en el ámbito nacional apuntale los entramados industriales, que –en términos del triángulo del litio– genere políticas que articulen a los países productores del carbonato de litio –iniciativa que está muy lejos de concretarse, tan solo contando los históricos diferendos entre Bolivia y Chile–- y que proyecte a Sudamérica como horizonte estratégico de acción, ya sea como mercado, fuente de innovación o respaldo estatal, y más aun teniendo en cuenta el papel medular que podría jugar Brasil. La tecnología del litio naciente brinda una nueva oportunidad para evitar el triste y conocido papel regional de abastecer de materias primas a los países centrales y comprar productos terminados, esto es, caer en una neodependencia. No hay que olvidar que vivimos en un mundo signado por el cambio ambiental global y por el agotamiento de los combustibles fósiles, lo cual obliga a que, tarde o temprano, se sienten las bases de una generación energética autónoma y descentralizada.

Una mención final merece el papel jugado por las comunidades originarias locales. Estas antiguas comunidades tienen un rol nulo en Argentina, muy secundario en Chile e importante en Bolivia, pero aun en este último caso resta ver el que tendrán cuando comience la explotación. El ecosistema altiplánico, además, puede colapsar debido al consumo de agua dulce que requiere la extracción.

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