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La moda circular enfrenta un nuevo desafío

Sociedad 29/06/2026

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Durante años, la moda circular fue presentada como una alternativa capaz de combinar ahorro, consumo responsable y sustentabilidad. Comprar prendas de segunda mano permitía extender su vida útil, reducir residuos textiles y, al mismo tiempo, acceder a marcas reconocidas a precios más bajos.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cada año se generan alrededor de 92 millones de toneladas de residuos textiles en el mundo, el equivalente a un camión de basura lleno de ropa que termina incinerado o en un relleno sanitario cada segundo. Además, el sector de la moda es responsable de entre el 2% y el 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, lo que lo convierte en una de las industrias con mayor impacto ambiental.

El crecimiento de la producción explica parte de este fenómeno.

Entre 2000 y 2015, la fabricación mundial de prendas se duplicó, mientras que el tiempo promedio de uso de cada prenda se redujo un 36%. En otras palabras, hoy se produce mucha más ropa, pero se utiliza durante menos tiempo antes de ser descartada.

En ese contexto, la moda circular aparece como una estrategia para extender la vida útil de las prendas mediante la reventa, la reparación y el reciclaje. Sin embargo, los especialistas advierten que el sistema aún está lejos de ser verdaderamente circular. El PNUMA estima que solo el 8% de las fibras textiles utilizadas en 2023 provinieron de materiales reciclados, mientras que menos del 1% corresponde al reciclaje de una prenda para fabricar otra nueva.

La paradoja es que buena parte de la ropa descartada no desaparece, cambia de destino. Millones de prendas son exportadas hacia países de ingresos medios y bajos, donde muchas veces no existe la infraestructura necesaria para clasificarlas, reutilizarlas o reciclarlas. Como consecuencia, enormes cantidades terminan acumuladas en vertederos a cielo abierto o son quemadas, trasladando el impacto ambiental desde los países consumidores hacia otras regiones del mundo.

En Argentina, este escenario global coincide con la expansión del mercado de ropa usada, la llegada de fardos importados y el crecimiento de plataformas de ultra fast fashion como Shein y Temu. Para los consumidores, la mayor oferta significa precios más bajos y más opciones; para fabricantes, comerciantes y emprendedores de moda circular, representa un desafío creciente para sostener la competitividad frente a un mercado cada vez más globalizado.

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Aunque muchas veces se utilizan como sinónimos, la moda circular y la importación de ropa usada responden a lógicas distintas. La primera busca mantener las prendas en circulación mediante reventa, reparación, rediseño, reciclaje y upcycling. El objetivo es prolongar la vida útil de la ropa y reducir el impacto ambiental de la industria textil.

La segunda consiste en la comercialización de grandes volúmenes de prendas provenientes de otros mercados, muchas veces adquiridas por kilo y revendidas. Para consumidores con ingresos ajustados ambas opciones representan una oportunidad de ahorro.

Sin embargo, para los comercios tradicionales de moda circular la llegada de mercadería importada generó una competencia mucho más intensa.

Uno de los fenómenos que más transformó el mercado en los últimos meses fue el crecimiento de la importación de ropa usada en grandes paquetes conocidos como “fardos”.

Estos lotes llegan con cientos o miles de prendas de diferentes calidades y permiten abastecer rápidamente a revendedores, ferias y comercios especializados. Quienes defienden esta modalidad sostienen que amplía la oferta y reduce los precios para los consumidores.

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Del otro lado, fabricantes textiles y comerciantes advierten que esta mercadería compite directamente con la producción nacional y con pequeños emprendimientos de moda circular que seleccionan, restauran y venden prendas de manera individual.

El resultado es una presión creciente sobre un sector que ya venía adaptándose a los cambios del consumo.

El deterioro del poder adquisitivo llevó a miles de personas a buscar alternativas más económicas para vestirse. Ferias americanas, tiendas vintage, aplicaciones de compraventa y cuentas especializadas en redes sociales, crecieron con fuerza durante los últimos años gracias a consumidores que priorizan precio antes que temporada o colección.

Ahora ese mismo público encuentra una oferta todavía más amplia gracias al ingreso de prendas importadas de segunda mano y a nuevos canales de venta digitales. La economía circular ya no es exclusiva de pequeños emprendedores. Cada vez más marcas comenzaron a desarrollar programas propios para recuperar prendas usadas de sus clientes, reacondicionarlas y volver a venderlas.

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Este modelo, conocido internacionalmente como resale, permite extender la vida útil de las prendas, captar nuevos consumidores con menor poder adquisitivo y fortalecer las estrategias de sustentabilidad de las empresas.

Para aquellas también representa una nueva fuente de ingresos en un mercado donde los consumidores permanecen más tiempo dentro del ecosistema de la empresa, incluso cuando compran productos usados.

Otro factor que alteró profundamente el mercado fue el crecimiento de las plataformas internacionales de ultra fast fashion, especialmente Shein y Temu.

Estas empresas ofrecen miles de productos nuevos a precios extremadamente bajos, con renovación permanente de catálogo y una logística internacional cada vez más eficiente.

Su expansión modificó el comportamiento de muchos consumidores. Mientras algunos optan por ropa usada como alternativa sustentable, otros encuentran prendas nuevas a valores similares o incluso inferiores.

Esta situación obliga a los comercios de moda circular a competir no solo con otras prendas usadas, sino también con ropa nueva importada de muy bajo costo. Ello puede reducir el atractivo económico de la segunda mano y generar una mayor rotación de prendas de baja calidad, alejándose de los principios originales de la economía circular.

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La reutilización de ropa sigue siendo una herramienta importante para disminuir residuos textiles y reducir el consumo de recursos naturales. No obstante, advierten que el verdadero problema continúa siendo la sobreproducción mundial de prendas.

Cada año se fabrican miles de millones de piezas de indumentaria, muchas de las cuales tienen una vida útil muy corta. Una parte importante termina siendo descartada y enviada a otros países, donde muchas veces no logra ser revendida y acaba acumulándose en enormes depósitos o basurales textiles.

En lugares de África, América Latina y el desierto de Atacama, en Chile, ya existen enormes acumulaciones de ropa descartada que evidencian el impacto ambiental del modelo de consumo global.

Por eso, la economía circular no puede limitarse únicamente a vender ropa usada. Los especialistas sostienen que también es necesario producir menos, fabricar prendas de mayor calidad, incentivar la reparación, reutilización y reciclaje, además de promover hábitos de consumo más responsables.

La moda circular dejó de ser únicamente un movimiento asociado a la sustentabilidad para convertirse en un mercado cada vez más competitivo.

El desafío para los próximos años será encontrar un equilibrio entre accesibilidad, sustentabilidad y desarrollo de una industria local capaz de innovar sin perder competitividad frente a un mercado global que cambia a gran velocidad.

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