La Antártida rompe un récord de frío y desconcierta al mundo

Sociedad 04/08/2026

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La Antártida registra el frío más intenso en más de una década:.

Por un instante, el dato parece romper toda lógica. Mientras el planeta acumulan récords de calor y los científicos advierten sobre la aceleración del cambio climático, la Antártida acaba de registrar -84,1 °C, la temperatura del aire más baja medida en cualquier lugar de la Tierra desde 2012

La medición se realizó el 18 de julio de 2026 en la estación científica franco-italiana Concordia, situada a más de 3.200 metros de altura sobre la meseta antártica oriental. 

A primera vista, el fenómeno podría parecer un argumento para quienes dudan del calentamiento global. Sin embargo, la realidad muestra lo contrario: un episodio extremo de frío no contradice el cambio climático; demuestra la enorme complejidad del sistema climático terrestre.

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La Antártida es el continente más frío, más seco y más ventoso del planeta. En su interior, durante la noche polar, el Sol permanece oculto durante meses y la atmósfera seca permite que el calor escape rápidamente hacia el espacio. Bajo determinadas condiciones de calma absoluta, cielos despejados y un vórtice polar muy estable, las temperaturas pueden desplomarse hasta valores extraordinarios. Eso fue precisamente lo que ocurrió en Concordia. 

Aunque impresionante, este registro no supera el récord mundial de -89,2 °C, medido en la estación soviética Vostok en 1983.

Aun así, constituye la temperatura del aire más baja registrada en el planeta en los últimos catorce años y la más baja en la historia de la propia estación Concordia. 

Lo interesante es que este récord llega apenas semanas después de que otra parte de la Antártida protagonizara una noticia completamente opuesta. En junio, la Base Esperanza, ubicada en la península antártica argentina, registró 15,4 °C, la temperatura más alta para ese mes desde que existen mediciones, provocando un deshielo inusual en pleno invierno austral. 

¿Cómo puede un mismo continente experimentar temperaturas excepcionalmente cálidas y, pocas semanas después, registrar un frío extremo?

La respuesta está en comprender que la Antártida no es uniforme. La península antártica, más cercana a Sudamérica y rodeada por océanos relativamente templados, responde de manera muy diferente al inmenso altiplano helado del este antártico, donde se encuentra Concordia. Mientras una región puede recibir masas de aire cálido provenientes del océano, otra permanece aislada bajo un domo de aire extremadamente frío.

Los climatólogos explican que el calentamiento global no significa que desaparezcan los episodios de frío. Significa que aumenta la energía disponible en el sistema climático. Esa energía modifica corrientes oceánicas, altera la circulación atmosférica y favorece fenómenos extremos más frecuentes e intensos, tanto cálidos como fríos.

Es una diferencia fundamental entre meteorología y climatología. El tiempo describe lo que sucede durante un día o una semana; el clima analiza tendencias que abarcan décadas.

Ningún científico evalúa el cambio climático utilizando una medición aislada.

Las observaciones globales muestran que la temperatura media del planeta continúa aumentando. Los océanos almacenan cada vez más calor, el nivel del mar sigue elevándose y la pérdida de hielo continental continúa siendo una preocupación central para la comunidad científica internacional. 

Paradójicamente, uno de los lugares más fríos del planeta es también uno de los más sensibles a los cambios climáticos. La Antártida contiene cerca del 90% del hielo terrestre y alrededor del 70% del agua dulce del mundo. Cualquier modificación significativa en su estabilidad repercute sobre el nivel del mar, la circulación oceánica, los ecosistemas marinos e incluso los patrones de lluvias que afectan a América del Sur, África y Oceanía.

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Los investigadores consideran que la Antártida funciona como un gigantesco regulador térmico del planeta. Su superficie blanca refleja gran parte de la radiación solar hacia el espacio mediante el llamado efecto albedo. Cuando disminuye la cobertura de hielo, el océano oscuro absorbe más energía, acelerando todavía más el calentamiento global en un proceso de retroalimentación.

Por eso, cada nuevo dato obtenido en las estaciones científicas tiene un enorme valor. Concordia no solo estudia temperaturas extremas; también investiga la composición de la atmósfera, el comportamiento del hielo, la astronomía, la fisiología humana en condiciones extremas e incluso aspectos relacionados con futuras misiones espaciales.

Lejos de representar una contradicción, el récord de -84,1 °C confirma que vivimos en un sistema climático extraordinariamente complejo. En un mismo año pueden coexistir olas de calor históricas, incendios forestales devastadores, lluvias torrenciales, sequías prolongadas y episodios de frío excepcional. Todos forman parte de una atmósfera que contiene más energía que hace apenas unas décadas.

Quizás esa sea la enseñanza más importante que deja este nuevo registro. La naturaleza no responde a consignas simples ni a debates en redes sociales. El clima es un inmenso mecanismo de engranajes donde una alteración en un extremo del planeta puede terminar modificando el comportamiento de océanos, vientos y precipitaciones a miles de kilómetros de distancia.

Cada récord, ya sea de calor o de frío, no debería utilizarse para negar el cambio climático, sino para comprenderlo mejor. La ciencia no construye sus conclusiones sobre una fotografía aislada, sino sobre una película que lleva décadas desarrollándose. Y esa película muestra con claridad que la Tierra está cambiando.

La pregunta ya no es si el clima está cambiando ya que la evidencia es contundente. La cuestión es si la humanidad será capaz de adaptarse con la misma velocidad con la que el planeta está transformándose.

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