Crisis energética global: el desabastecimiento histórico de combustible y su impacto en la economía

El mundo14/04/2026

IMG_0462

El mundo atraviesa uno de los episodios de mayor tensión energética de las últimas décadas. El conflicto en Medio Oriente, con epicentro en Irán y el Golfo Pérsico, desencadenó una disrupción sin precedentes en el suministro de petróleo y combustibles, generando un escenario de escasez, aumento de precios y fuerte impacto en la economía global.

El detonante principal fue la interrupción del tránsito en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. El bloqueo  bastó para alterar todo el sistema global. La Agencia Internacional de la Energía advirtió que la producción mundial llegó a caer más de 10 millones de barriles diarios en marzo, un golpe comparable a las grandes crisis del siglo XX. 

En paralelo, el precio del crudo Brent pasó de unos 70 dólares a casi 120 dólares por barril, consolidando una suba abrupta que rápidamente se trasladó a los combustibles. 

El impacto no se limitó a los precios: la escasez física de combustible ya se hace visible en distintos sectores. La industria aérea es, probablemente, la más afectada en el corto plazo. El combustible representa entre el 25% y 35% de los costos operativos de una aerolínea. Las aerolíneas no pueden trasladar todo el aumento al precio del pasaje sin perder demanda

En crisis energéticas anteriores, como la de 2008, varias aerolíneas registraron pérdidas millonarias o incluso quebraron. El turismo depende directamente de la aviación y el transporte. Suben los pasajes y cae la demanda. Aumentan costos en hoteles y servicios. Esto genera un efecto cadena: menos turistas, menos empleo y caída de ingresos en economías locales.

El transporte de mercancías depende casi totalmente del gasoil Se trasladan a precios finales con mayor inflación en alimentos y productos básicos. El agro depende del combustible para maquinaria y transporte. La industria enfrenta mayores costos energéticos.

IMG_0464

El combustible es un insumo transversal. En la aviación, por ejemplo, la suba obligó a aerolíneas a cancelar vuelos y reducir operaciones. Incluso aeropuertos europeos comenzaron a limitar el repostaje, mientras compañías aéreas advierten sobre posibles interrupciones mayores si el conflicto se prolonga. Este escenario llevó a la Agencia Internacional de la Energía a calificar la situación como una de las crisis energéticas más graves de la historia moderna, con riesgo de racionamiento en algunos países. 

El encarecimiento del combustible tiene un efecto directo e inmediato: aumenta los costos de producción, transporte y logística en toda la economía. El Fondo Monetario Internacional advirtió que, si el conflicto continúa, el mundo podría acercarse a una recesión. En un escenario adverso, el crecimiento global podría caer al 2,5% o menos, con una inflación superior al 6%. 

Se prevé la primera caída de la demanda global de petróleo desde 2020, impulsada por precios elevados.  

Argentina no queda al margen. La suba internacional del petróleo ya impacta en el mercado local, especialmente en sectores dependientes del combustible.

En la industria pesquera, por ejemplo, el gasoil aumentó cerca de un 20% en pocas semanas, elevando el costo operativo hasta representar entre el 20% y el 40% de la producción, provocando:

  • Paralización parcial de flotas
  • Caída en la oferta interna
  • Riesgo de desabastecimiento en algunos productos

Además, el aumento del combustible impacta directamente en:

  • Transporte de mercancías
  • Producción agrícola
  • Costos logísticos
  • Inflación general

Más allá del corto plazo, los analistas coinciden en que esta crisis podría marcar un punto de inflexión. El conflicto evidenció la fragilidad del sistema energético global y la alta dependencia de zonas geopolíticamente inestables.

Como consecuencia, ya se aceleran tendencias como diversificación de proveedores de energía, inversión en energías renovables, desarrollo de reservas estratégicas y mayor protagonismo de regiones como América Latina. El desabastecimiento actual no es un evento aislado, sino el resultado de tensiones geopolíticas en un sistema energético altamente interconectado.

La situación en la Unión Europea es particularmente alarmante, dado que entre el 25% y el 30% de su demanda de carburante para aviones proviene directamente del Golfo Pérsico. En este contexto, el sector aeroportuario solicitó la intervención urgente de la Comisión Europea para priorizar el suministro estable frente a la crisis energética.

Si el conflicto se prolonga, el mundo podría enfrentar no solo una crisis energética, sino también una desaceleración económica de alcance global. En partes de Asia, la escasez ha llevado a robos de combustible y agresiones en estaciones de servicio. Los aeropuertos europeos han advertido formalmente que, si no se reabre el estrecho de Ormuz, en pocas semanas comenzará a faltar combustible para los aviones. Algunas aerolíneas como Volotea ya han anunciado la supresión de vuelos ante la actual situación, mientras otras como Ryanair o Luthansa lo están analizando. En Italia, cuatro aeropuertos destacados (los de Bolonia, Milán Linate, Treviso y Venecia) limitaron el repostaje en plena operación de Semana Santa.

Te puede interesar
Lo más visto