El mundo en un sólo lugar El mundo en un sólo lugar

La única verdad es la realidad

El País 17/08/2022
89CCE04F-40D2-4A89-87F7-685B09743467

La frase que el general Perón le tomó prestada a Aristóteles describe a la perfección lo que ocurrirá con las tarifas de luz, gas y agua, a las que la gestión de Sergio Massa y su nuevo equipo no aplicará aumentos sino una “readecuación de subsidios". Ponele.

Funcionarias y funcionarios se esforzaron en dar detalles y ejemplos para que la cuestión no se percibiera como lo que es. La verdad se conocerá cuando lleguen a los hogares las facturas con los aumentos de septiembre, noviembre y en enero.
Por lo pronto, se prevén subas del 150%, según La Nación, y de entre 40 y 150%, de acuerdo con Clarín, en el tramo de generación para quienes reciban el mayor impacto.

Los medios trataron de explicar el nuevo marco. Infobae le dedicó una nota al modo de "utilizar los electrodomésticos para no cruzar el tope de consumo y mantener los subsidios", pero admitió al final del texto que "todavía no es posible establecer con precisión cuál será el consumo mensual de gas que requiere cada artefacto para no pasarse del límite y no tener que pagar por la tarifa plena". Se hace lo que se puede.
 
En este caso, más que los aumentos por venir, resulta más fácil medir los impactos políticos de la decisión.

Este guzmanismo sin Guzmán le pone punto final a una larga porfía del kirchnerismo que explica no pocas de sus incongruencias y de los males actuales de la economía nacional: los subsidios que beneficiaron sobre todo a sectores sociales de la zona metropolitana que incluso jamás le iban a devolver el favor con su voto y cuya capacidad de consumo no iba a resentirse mayormente –si se hubiese actuado a tiempo, antes de que se acumulara un desbarajuste como el actual– por la aplicación de tarifas razonables, no las dollar-linked de Mauricio Macri y Juan José Aranguren. Asimismo, esos subsidios impactaron sobre las cuentas públicas y deterioraron de modo duradero el entorno macroeconómico, generando inflación, deuda o ambas. Un mal autoinfligido que ahora, se revertirá de modo brusco.

En los intersticios de los tres grupos definidos para la quita completa, el recorte y el mantenimiento total de los subsidios –una minoría pudiente, usuarios y usuarias medios y sectores más desfavorecidos, respectivamente–, mediatizados además por criterios geográficos– se acumularán inevitables enojos y quejas que muchos medios se cuidarán de airear generosamente en su debido momento. Acaso entonces podrá constatarse cuán apresurados resultaron ciertos festejos en la tarde de la jura del expresidente de la Cámara de Diputados.

Estabilizar las principales variables, evitar una megadevaluación del peso, mejorar la posición en divisas del Banco Central, reducir sensiblemente la inflación, propiciar una mejora de los ingresos, sentar las bases de un crecimiento importante y duradero, todos esos objetivos, propios de un presidenciable con aspiraciones, quedan claramente fuera del alcance de un ministro que asumió en las condiciones conocidas y que tiene, si todo va bien, solo 16 meses de horizonte.

Cuando se pueda contar punta a punta la historia del ¿primer o último?gobierno del Frente de Todos, se hablará de una permanente apuesta a evitar males mayores: eludir el defaulten un país que recibió sobreendeudado, no agravar una inflación que recibió tomó en el 55%, ponerle piso a la caída de los ingresos populares. De modo más dramático, evitar muertes en la pandemia y, una vez decidido el confinamiento, lograr con un enorme esfuerzo fiscal que millones de argentinas y argentinos no se quedaran literalmente sin comer. Pasado ese trance –que, hay que admitirlo, duró más que lo prudente–, se trató de que aquella megaemisión monetaria no se convirtiera en dolarización e inflación. El racconto es elocuente: al final, mucho de lo que podía salir mal, salió mal sin remedio. Como en las tragedias griegas.

El día que termine su mandato y vuelva al llano, sea cuando sea, es posible que Alberto se quede con un gusto amargo en la boca. El confinamiento dolió en la economía, pero el IFE y el ATP evitaron males mayores. Asimismo, el saldo de víctimas del covid-19 resultó mucho más alto que lo pretendido, pero Argentina logró al menos que quienes se enfermaron contaran con asistencia médica, a la vez que puso en marcha una campaña de vacunación razonablemente exitosa en la comparación internacional. ¿Nada de eso vale algo de gratitud?

El detalle es que raramente se vota en función de los males evitados. ¿Correría Massa el mismo riesgo si lograra ahorrarle al país una megadevaluación, un empobrecimiento mayor que el actual y una espiralización de los precios al rango de una híper?

Te puede interesar

Lo más visto

Newsletter