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Editorial Beat 10/06/2022
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Se respira nerviosismo en el mercado financiero. La inversión estrella del año está sufriendo pérdidas considerables luego de otorgar rendimientos superiores al 20% entre enero y mayo.

Estos títulos vienen muy demandados por los Fondos Comunes de Inversión (FCI) que los bancos y casas de bolsa ofrecen a sus clientes para generar rendimientos y cubrirse frente a la inflación creciente. Sin embargo, los rescates de estos FCI (como se denomina al proceso de retiro de dinero) acumulan $29.790 millones durante las seis primeras ruedas de junio, de los cuales $13.392 millones se rescataron solo este miércoles, según un informe de la consultora 1816.

Al ejecutar los rescates, quienes gestionan los Fondos Comunes deben devolver los pesos a sus clientes. Pero cuando las magnitudes son importantes, no suelen tener los billetes disponibles, por lo que están obligados a vender instrumentos en tenencia de los FCIs. De esta forma, la salida de dinero de los Fondos genera caída en los precios de los bonos CER, en este caso, y pérdidas de capital para quienes están posicionados en los FCIs. Al ver las pérdidas en sus cuentas, más inversores entran en pánico, rescatan su dinero y gatillan más ventas de bonos, generando una espiral a la baja.

Este jueves, organismos públicos salieron a comprar títulos para frenar las caídas y estabilizar el mercado de bonos. La definición sobre la estabilidad (o no) de este mercado se dará el próximo martes,cuando el Tesoro deberá salir a licitar nueva deuda.

Pero el problema de incrementar la deuda atada a la inflación es un mayor costo de financiamiento. Históricamente, los Gobiernos intentan financiarse a una tasa de interés menor que la inflación, de forma que la deuda se vaya “licuando” en el tiempo. Sin embargo, en un escenario de aceleración en el nivel de precios, la emisión de títulos indexados al CER incrementa la deuda total y no permite que el paso del tiempo la desvalorice.

En este punto se encuentra el motivo fundamental por el cual la deuda del Tesoro se desploma. Además de rescates de FCIs por parte de las empresas que requieren pesos para pagar impuestos y aguinaldos, o consolidar las ganancias obtenidas durante los meses anteriores, crece la desconfianza en el stock de deuda y su futuro. 

La historia argentina también nos enseña que, cuando la deuda no se puede “licuar” con inflación, no se paga. Estas operaciones tuvieron distinta denominación y aplicación para camuflar el default, como el recordado “plan Bonex” o el reciente “reperfilamiento” bajo el Gobierno de Macri en 2019.

La mayor preocupación frente a este panorama es la posibilidad de un colapso de la deuda argentina, inducido por estos rumores que se magnifican en un mercado tan chico. Indudablemente, si al Tesoro se le cierran las posibilidades de endeudamiento en el mercado, deberá recurrir al Banco Central.

Pero un incremento en el financiamiento monetario no sólo llevaría a incumplir el acuerdo con el FMI, sino también a una corrida cambiaria con pocas espaldas para hacerle frente, dado el nivel de reservas internacionales disponibles en el BCRA

 

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