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El estrés térmico global alcanza niveles récord

Sociedad 23/06/2026

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Un fenómeno silencioso que afecta a miles de millones de personas. El calor ya no da tregua, las noches se calientan más rápido que los días y aumenta el estrés térmico global.

Durante décadas, la preocupación por el cambio climático estuvo asociada principalmente a las olas de calor diurnas. Sin embargo, una nueva investigación revela una tendencia aún más inquietante, las noches se están calentando más rápido que los días, reduciendo la capacidad de recuperación del organismo y aumentando los riesgos para la salud.

El estudio, publicado en la revista Nature Climate Change y difundido recientemente por diversos medios científicos internacionales, concluye que el estrés térmico global se ha intensificado de forma sostenida desde la década de 1970. Actualmente, cerca del 70% de la población mundial experimenta al menos tres meses al año de condiciones de calor potencialmente peligrosas. Además, hay aproximadamente mil millones de personas más expuestas al calor extremo que hace medio siglo.


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El problema no es solo el calor, es no poder recuperarse. Los investigadores advierten que las noches más cálidas impiden que el cuerpo humano reduzca su temperatura interna después de jornadas extremadamente calurosas.

Los datos muestran que las diez noches más cálidas del año aumentan su temperatura a una velocidad promedio de 0,32 °C por década, mientras que los diez días más calurosos lo hacen a 0,27 °C pensar el mismo lapso. Aunque la diferencia parece pequeña, sus consecuencias sanitarias son significativas.

La falta de enfriamiento nocturno provoca alteraciones del sueño, incrementa el estrés cardiovascular, reduce la capacidad de recuperación física y eleva el riesgo de enfermedades asociadas al calor.

Expertos en salud ya consideran al calor extremo un “asesino silencioso”, ya que muchas muertes relacionadas con altas temperaturas no aparecen registradas directamente como consecuencia del calor, aunque este actúe como factor desencadenante.

Ciudades cada vez más calientes

La situación es especialmente crítica en los grandes centros urbanos.

Las superficies de hormigón y asfalto absorben energía durante el día y la liberan lentamente durante la noche, creando el llamado efecto “isla de calor urbana”. Investigaciones recientes realizadas en ciudades densamente pobladas detectaron que las temperaturas interiores de muchas viviendas permanecen por encima de los 31 °C incluso durante la madrugada.

A medida que las noches pierden su capacidad de refrescar el ambiente, millones de personas comienzan a modificar sus hábitos cotidianos. Estudios muestran que en numerosas ciudades del mundo las actividades económicas y sociales se están desplazando progresivamente hacia horarios nocturnos para evitar las horas de mayor calor.

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Los informes climáticos más recientes coinciden en que el calentamiento global está amplificando la frecuencia, duración e intensidad de los episodios de calor extremo.

Climate Central estimó que al menos 955 millones de personas estuvieron expuestas a más de treinta días de calor riesgoso agravado por el cambio climático. Además, cada día del verano boreal más de una quinta parte de la población mundial experimentó temperaturas significativamente influenciadas por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.

Otro informe elaborado junto a World Weather Attribution concluyó que cuatro mil millones de personas sufrieron al menos treinta días de calor extremo durante un período de doce meses, y que todos los grandes eventos de calor analizados mostraron influencia directa del cambio climático.

Aunque Europa y algunas regiones del hemisferio norte muestran los aumentos más acelerados de temperatura, América Latina no está exenta del fenómeno.

Argentina figura entre los países sudamericanos con mayores anomalías térmicas registradas durante los últimos años. Diversas ciudades experimentaron un aumento significativo en los días de calor extremo vinculados al cambio climático, con Córdoba entre las más afectadas.

Los especialistas advierten que la combinación de urbanización acelerada, infraestructura insuficiente y olas de calor más frecuentes podría aumentar la vulnerabilidad de millones de personas en la región.

Frente a este escenario, los expertos coinciden en que la adaptación será tan importante como la reducción de emisiones.

Entre las medidas recomendadas aparecen la expansión de espacios verdes urbanos, techos reflectantes, mejoras en la ventilación de viviendas, sistemas de alerta temprana y planificación urbana orientada a reducir el efecto isla de calor. Nuevas investigaciones incluso utilizan inteligencia artificial para identificar las zonas urbanas con mayor estrés térmico y diseñar estrategias de enfriamiento más eficaces. (arXiv)

La evidencia científica es cada vez más contundente: el desafío ya no consiste únicamente en soportar días más calurosos. El verdadero problema es que el planeta está perdiendo sus noches frescas, y con ellas una de las principales defensas naturales frente al calor extremo.

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