

La Antártida registró 15,4°C en junio de 2026, una temperatura récord para el invierno austral. Qué dicen los científicos y por qué preocupa al mundo.
El continente más frío de la Tierra, acaba de registrar un dato que hace apenas algunas décadas habría parecido imposible. El 6 de junio de 2026, la Base Esperanza de Argentina, ubicada en la Península Antártica, alcanzó una temperatura de 15,4°C, un récord absoluto para esta época del año y aproximadamente 20°C, por encima de lo normal para junio, cuando el invierno está comenzando.
El fenómeno no fue un episodio aislado de unas pocas horas. Durante tres semanas consecutivas, diversas estaciones meteorológicas de la región registraron temperaturas superiores al punto de congelación, provocando lluvias, derretimiento superficial de nieve y hielo, e incluso cambios visibles en el paisaje antártico.
La marca superó en más de dos grados el récord anterior para junio, registrado en la misma base en 1998. Más impactante aún es la comparación con la media histórica: la temperatura máxima habitual para esta época ronda los -6,2°C.
Los científicos describieron el evento como una anomalía extrema. El climatólogo Raúl Cordero, de la Universidad de Groningen, señaló que se trata de un calentamiento excepcionalmente elevado para la estación y una señal preocupante dentro de una tendencia de largo plazo.
Los análisis preliminares indican que una combinación de factores atmosféricos permitió el ingreso de masas de aire cálido desde latitudes más bajas hacia la Península Antártica. Fuertes vientos del norte transportaron aire inusualmente templado hacia una región que debería encontrarse en pleno proceso de acumulación de nieve y hielo. En varias zonas se observó lluvia sobre glaciares que normalmente deberían estar ganando masa durante el invierno.
Además, investigadores destacaron la escasa presencia de hielo marino en sectores del mar de Bellingshausen. La ausencia de esta barrera natural facilita la penetración de aire más cálido y modifica el equilibrio térmico regional.
Aunque muchas personas imaginan a la Antártida como una enorme masa de hielo uniforme, la realidad es más compleja. La Península Antártica, donde se encuentra la Base Esperanza, es una de las regiones con mayor calentamiento observado en el hemisferio sur durante las últimas décadas.
Diversos estudios muestran que esta zona se ha calentado mucho más rápido que el promedio global desde mediados del siglo 20.
La importancia de este fenómeno va mucho más allá de la propia Antártida. Los cambios en el continente blanco afectan el nivel global del mar, las corrientes oceánicas planetarias, patrones meteorológicos de distintas regiones y ecosistemas marinos del océano Austral.
El récord no surge en un vacío. En abril de este año, investigadores publicaron en la revista científica Climate and Atmospheric Science un estudio sobre la histórica ola de calor antártica de 2024. El trabajo concluyó que el debilitamiento del vórtice polar fue un factor clave, pero que el calentamiento global inducido por la actividad humana amplificó significativamente la intensidad del evento.
Otro estudio publicado en Communications Earth & Environment concluyó que incluso el interior de la Antártida, tradicionalmente considerado más estable, está experimentando cambios climáticos detectables y cada vez más evidentes.
Estas investigaciones sugieren que los episodios extremos observados en los últimos años no son anomalías aisladas, sino parte de una transformación climática más amplia que afecta al continente antártico.
Los especialistas advierten que un único evento cálido no determina por sí solo el destino de la capa de hielo antártica. Sin embargo, la creciente frecuencia e intensidad de estas olas de calor genera preocupación porque pueden acelerar procesos de pérdida de hielo ya existentes.
Glaciares estratégicos como Thwaites y Pine Island son observados de cerca por la comunidad científica debido a su potencial impacto sobre el aumento futuro del nivel del mar.
La imagen de lluvia cayendo sobre glaciares antárticos en la antesala del invierno austral resume la magnitud del desafío climático actual.
La Antártida sigue siendo uno de los lugares más fríos de la Tierra. Sin embargo, los récords de temperatura registrados en junio de 2026 muestran que incluso los sistemas climáticos más extremos no son inmunes al calentamiento global.
Más que un dato meteorológico extraordinario, los 15,4°C registrados en la Base Esperanza constituyen una señal de advertencia sobre la velocidad con la que están cambiando algunas de las regiones más sensibles del planeta.





