

En un fútbol dominado por las redes, declaraciones virales y celebraciones estudiadas al detalle, Michael Olise parece llegado de otra época.
A sus 24 años, el extremo del Bayern Múnich se ha convertido en una de las grandes figuras de Francia pero sigue siendo uno de los futbolistas más enigmáticos del planeta.
Su caso resulta tan particular que Hgo era titulares por dos motivos, no suele celebrar sus goles y, pese a representar a Francia, todavía no domina completamente el idioma.
Nacido en Hammersmith, Londres, Olise creció en Inglaterra. Su padre es nigeriano y su madre franco-argelina, lo que le permitía representar a Inglaterra, Francia, Nigeria o Argelia a nivel internacional. Sin embargo, eligió a Francia porque, según él mismo explicó, siempre sintió una conexión especial con la selección francesa.
La viralización de un discurso suyo durante una ceremonia de premios en Francia sorprendió a muchos aficionados. Olise tuvo dificultades para expresarse en francés y generó un momento incómodo que rápidamente recorrió las redes sociales.
La explicación es simple, pasó toda su vida en Inglaterra. Se formó en academias inglesas, desarrolló su carrera profesional en Reading y Crystal Palace, y el inglés continúa siendo su idioma principal. Incluso varios aficionados franceses destacan que habla francés con un marcado acento británico.
Lejos de convertirse en un problema, la situación genera hasta simpatía entre los seguidores franceses, que valoran el esfuerzo del jugador por representar al país de su madre, pese a no haber crecido allí. Si hay algo que desconcierta más que su relación con el idioma es su actitud después de marcar goles.
Desde sus primeros años, compañeros y entrenadores notaron que Olise rara vez celebraba. Podía marcar un gol decisivo y simplemente caminar hacia el centro del campo como si nada hubiera ocurrido. Tom McIntyre, excompañero suyo, recordó que dentro del vestuario todos se sorprendían porque después de anotar goles importantes apenas mostraba emociones. Michael Morrison, otro excompañero, también contó que nadie conseguía entender por qué reaccionaba de esa manera.

La curiosidad es que quienes convivieron con él aseguran que sí era extremadamente competitivo en los entrenamientos y en los juegos internos del plantel. Su falta de celebración no tiene que ver con apatía, sino simplemente con una personalidad diferente al resto.
Su carácter introvertido es tan conocido que incluso en Bayern Múnich se han vivido situaciones peculiares. En una entrevista posterior a un partido, Jamal Musiala tuvo que acompañarlo frente a las cámaras porque Olise prácticamente no quería hablar. El episodio reforzó la imagen de un futbolista que prefiere expresarse con la pelota antes que con palabras.
En redes sucede algo parecido. Publica muy poco, evita el protagonismo y rara vez concede entrevistas extensas. Para muchos hinchas, eso forma parte de su encanto: en una época donde todos buscan atención, Olise parece concentrado únicamente en jugar.
Su ascenso tampoco fue sencillo. Pasó por las academias de Arsenal, Chelsea y Manchester City antes de encontrar estabilidad en Reading. Incluso Chelsea lo dejó libre cuando era adolescente, una decisión que años después sería vista como un enorme error.
Tras destacar en Reading, explotó definitivamente en Crystal Palace y en 2024 dio el salto al Bayern Múnich. Desde entonces su crecimiento ha sido meteórico.
En los Juegos Olímpicos de París 2024 fue la figura de Francia con dos goles y cinco asistencias, mientras que en Bayern se convirtió en uno de los jugadores más determinantes de Europa gracias a su capacidad para asistir, desequilibrar y generar peligro constantemente.
Hoy, Francia debuta frente a Senegal en uno de los partidos más atractivos de la fase de grupos. Y gran parte de las miradas estarán puestas en Michael Olise. Llega quizás en el mejor momento de su carrera.
Junto a figuras como Mbappé y Dembélé, Olise representa la nueva generación que busca devolver a Francia a la cima del fútbol mundial. Y ahí radica lo fascinante de su historia, mientras el mundo intenta entender por qué no celebra un gol o por qué habla poco o tiene dificultades con el francés, Michael Olise continúa haciendo lo que mejor sabe hacer.







