

Argelia no es un rival más. Es el país más grande de África y el décimo del mundo, una inmensidad territorial donde el 80% del suelo está dominado por la arena y el Desierto del Sahara. Sin embargo, paradójicamente, el espíritu de la ciudad está en el 10% restante: una franja costera mediterránea donde se ubica Argel, su capital, conocida por la cascada de edificios encalados que miran al mar.
Argelia es una nación marcada por la inmensidad del Sahara, el desierto más grande del planeta, una geografía extrema que moldeó su identidad, su cultura y hasta el apodo de su selección nacional: “Los Zorros del Desierto” o Les Fennecs, en referencia al pequeño zorro sahariano capaz de sobrevivir en condiciones hostiles.
La mayoría de la población vive en el norte mediterráneo, donde ciudades como Argel, concentran la actividad económica y cultural. El contraste entre la modernidad urbana y la inmensidad del Sahara es uno de los rasgos más fascinantes del país.
Económicamente, es una potencia energética: posee la décima reserva de gas natural del mundo y es el sexto mayor exportador. Esto genera distorsiones curiosas para el visitante occidental. Mientras que en gran parte del mundo el combustible es un lujo, en Argelia llenar el tanque es sumamente barato.
Sin embargo, esta riqueza de hidrocarburos presenta la clásica paradoja de los recursos: aunque el Estado tiene una deuda externa insignificante y grandes ingresos macroeconómicos, una parte importante de la población sigue viviendo con lo justo, y el desempleo juvenil es un desafío constante que a menudo impulsa la migración.
Argelia obtuvo su independencia de Francia en 1962 tras una de las guerras de liberación violenta. Esa historia dejó una fuerte identidad nacional y una visión muy patriótica del deporte, especialmente del fútbol.
La sociedad argelina mezcla tradiciones árabes, bereberes y mediterráneas. El islam tiene una enorme influencia cultural y social, mientras que el francés continúa siendo ampliamente utilizado en negocios, educación y medios de comunicación.
Argelia cuenta con siete sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Entre ellos destaca Timgad, una ciudad romana tan perfectamente conservada en medio del desierto que a menudo se la llama la “Pompeya de África”, y la laberíntica Casbah de Argel, escenario de batallas históricas y películas de culto. Además, el país ostenta récords arquitectónicos modernos: la Gran Mezquita de Argel (Djamaa el Djazaïr) tiene el minarete más alto del mundo, una torre de 270 metros que vigila la bahía.
En Argelia, el fútbol es mucho más que un deporte: es una expresión de orgullo. Se vive con intensidad y la selección funciona como un símbolo de unidad. La generación actual combina futbolistas nacidos en Argelia con otros formados en Europa, especialmente en Francia. Esa mezcla le dio a la selección un perfil moderno, técnico y competitivo.
Argelia disputará su quinta Copa del Mundo. Sus participaciones fueron:
- España 1982
- México 1986
- Sudáfrica 2010
- Brasil 2014
- Mundial 2026
Su actuación más recordada ocurrió en Brasil 2014, cuando alcanzó los octavos de final y llevó a Alemania, luego campeona del mundo, hasta el alargue en un partido histórico.
En 1982 protagonizó una de las mayores sorpresas de la historia de los Mundiales al derrotar 2-1 a Alemania Federal. Aquel torneo quedó marcado por el polémico “Pacto de Gijón”, resultado entre Alemania y Austria que eliminó injustamente a los argelinos.
Argentina y Argelia jugarán el martes 16 de junio en Kansas City Stadium a las 22. Será el partido debut de Argentina en el Mundial y también el primer enfrentamiento mundialista oficial entre ambos seleccionados.
El equipo combina velocidad, técnica y transiciones muy agresivas. Suele apostar por extremos rápidos, presión alta y futbolistas técnicamente refinados gracias a la influencia europea. Muchos de sus jugadores se desarrollaron actúan en ligas importantes del continente europeo, algo que elevó notablemente el nivel competitivo del seleccionado.
Riyad Mahrez es el gran emblema moderno del fútbol argelino. Campeón de la Premier League con el Manchester City y figura histórica de la selección. Su liderazgo lo convierten en el rostro internacional del equipo. Ibrahim Maza es una de las grandes apariciones. Formado en Alemania y vinculado al Bayer Leverkusen, muchos lo comparan con Florian Wirtz por su creatividad y talento ofensivo.
El vínculo con Europa, es clave para entender el crecimiento futbolístico. Muchos jugadores nacieron o se formaron en academias europeas, pero eligieron representar a la tierra de sus familias.

La relación entre Argelia y Francia está marcada por una historia profunda, compleja y emocional. Durante más de 130 años, Argelia fue colonia francesa, desde 1830 hasta su independencia, conseguida tras una guerra brutal que dejó heridas que todavía siguen presentes en la memoria colectiva. Esa tensión histórica atraviesa la política, la sociedad, la cultura y también el fútbol. Eso generó un fenómeno único: futbolistas nacidos en Francia que deciden jugar para Argelia, familias divididas entre dos selecciones y partidos cargados de sensibilidad política y emocional.
La selección argelina se convirtió en un símbolo de orgullo para la diáspora norteafricana en Europa. Eso generó una selección multicultural, técnicamente sofisticada y físicamente competitiva.
La diáspora argelina en Francia también convirtió a la selección en un fenómeno social enorme dentro de Europa. Los jugadores “entre dos mundos” es uno de los aspectos más fascinantes de esta relación, futbolistas con doble identidad cultural. Muchos nacieron en suburbios franceses, crecieron en academias europeas y luego eligieron representar a Argelia como una forma de conexión con sus raíces familiares como Riyad Mahrez. También ocurrió el camino inverso: figuras nacidas de familias argelinas eligieron jugar para Francia, como Zinedine Zidane.
El desierto no es solo una característica geográfica: es parte central del imaginario argelino. El Sahara representa resistencia, adaptación y fortaleza, valores que la selección intenta trasladar al campo de juego.
El apodo “Zorros del Desierto” resume perfectamente esa identidad: un equipo resistente, veloz y difícil de doblegar. Llega al Mundial 2026 como una de las selecciones africanas más peligrosas. Tiene experiencia, futbolistas de primer nivel y una identidad futbolística muy clara. Para Argentina será un rival incómodo: dinámico, intenso y con jugadores capaces de desequilibrar individualmente. Su combinación de disciplina táctica y talento ofensivo la convierte en un adversario que merece máxima atención.









