Lecciones de la pandemia

Sociedad El jueves
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La vacuna de Oxford-AstraZeneca contra el Covid-19 iba a ser el estrella de la pandemia. La semana pasada la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) retiró la autorización de comercialización, por pedido de la propia empresa, debido a la falta de demanda de un producto que ya no se fabrica por el excedente de dosis disponibles.

Termina así una historia que en el imaginario tiene olor a fracaso y que será recordada por un efecto adverso, un tipo de trombo muy raro pero grave, descubierto en 2021. Sin embargo, su fama venía de antes. Hoy podemos extraer lecciones, pero también revindicar su papel,  que salvó millones de vidas e intentó que su acceso fuera global.

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Para entender la historia de las vacunas del Covid-19, hay que ir más allá de la parte científica, los ensayos clínicos y los porcentajes de efectividad. Hablamos de una carrera entre países y empresas repleta de contratos secretos, juegos políticos, ataques, propaganda y juego sucio. Estados Unidos, la Unión Europea y Reino Unido se tiraron con todo mientras competían por acaparar dosis en el mercado internacional a expensas de los países menos privilegiados, dependientes de las donaciones realizadas a la alianza internacional COVAX.

“El mundo mira a la profesora de Oxford, Sarah Gilbert”, decía la portada de Bloomberg de julio de 2020. La historia de esta vacunóloga, cara visible de la vacuna de Oxford-AstraZeneca, tenía todo. Investigadora en una de las universidades más importantes del mundo, sus trillizos participaron como voluntarios en su ensayo clínico.

La campaña de vacunación comenzó el 8 de diciembre de 2020. Por entonces la comunicación estaba muy centrada en los científicos, con biografías tan interesantes como la de la propia Gilbert o la del matrimonio de inmigrantes turcos con nacionalidad alemana, Uğur Şahin y Özlem Türec, que trabajaban en la vacuna de BioNTech que finalmente se convertiría en “la vacuna de Pfizer”.

Las historias de Gilbert y el matrimonio Şahin se volvieron mucho más conocidas que los nombres de los jefes las grandes farmacéuticas: Pascal Soriot, Albert Bourla y Stéphane Bancel, directores ejecutivos de AstraZeneca, Pfizer y Moderna, respectivamente.

La negociación entre AstraZeneca y la Comisión Europea se tradujo en atrasos para Europa entre acusaciones de que la farmacéutica británica estaba priorizando a Reino Unido mientras apenas entregaba 100 de los 300 millones prometidos al continente.

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Al mismo tiempo, la sociedad como los gobernantes querían la vacuna que hubiera mostrado una mayor efectividad contra variantes según los datos más recientes. . En Europa, un medio alemán dijo incorrectamente que la vacuna era “apenas efectiva” en mayores, con un porcentaje del 8%. El presidente francés Emmanuel Macron la definió como “casi inefectiva” para ese grupo poblacional. Nada de esto era cierto.

El golpe llegó el 11 de marzo de 2021, cuando Noruega suspendió el uso de la vacuna por efectos adversos potenciales. La investigación finalmente revelaría unos raros casos de trombosis con plaquetas bajas, Alemania detectó 31 casos entre 2,7 millones de vacunados. Para fines de 2021, la mayoría de países de la Unión Europea había dejado de utilizarla. 

AstraZeneca no es la única afectada por la noticia de que el interés por las vacunas del Covid-19 haya decaído con el tiempo, sino que sus competidores también sufrieron la falta de demanda. Las acciones de Pfizer, la ganadora de la pandemia, han perdido lo ganado desde 2020 para situarse en mínimos desde 2013. Más dramática es la situación de Moderna, que en el primer trimestre del año reportó una caída en sus ventas del 90%.

La vacuna de Oxford/AstraZeneca tenía una efectividad de más del 90 % contra cuadros graves. Resultaba segura pese a los trombos, sobre todo en aquellos perfiles más vulnerables al coronavirus durante las grandes oleadas de 2021. Así, salvó millones de vidas. Más de 6, según algunas estimaciones.

A esto hay que sumar que fue desarrollada con rapidez y que su filosofía apostaba por la equidad más que sus competidores: era la vacuna más barata, vendida a costo, fue la que más donó a COVAX y compartió su propiedad intelectual con decenas de empresas, incluido el Instituto Suero de India, donde se fabricaba bajo el nombre de Covishield.

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