

El Vaticano acaba entra de lleno en el mayor debate tecnológico del siglo.
En la primera encíclica, Magnifica Humanitas, el papa León XIV colocó a la inteligencia artificial en el centro de la doctrina social de la Iglesia y lanzó una advertencia contundente al mundo: la tecnología no puede quedar en manos de las “lógicas de dominio, exclusión y muerte”.
El Papa León XIII publicó la histórica encíclica Rerum novarum el 15 de mayo de 1891 para responder a los estragos sociales de la Revolución Industrial. Exactamente 135 años después, el 15 de mayo de 2026, el Papa León XIV firmó la encíclica Magnifica humanitas, advirtiendo sobre los peligros de la Inteligencia Artificial (IA) y la automatización.
Ambos pontífices utilizaron la doctrina católica para hacer frente a una profunda disrupción tecnológica
León XIV lanzó su primera encíclica y pidió desarmar la IA de las lógicas de dominio, exclusión y muerte, un documento inédito que la coloca en el centro de la doctrina social de la Iglesia y advierte sobre sus riesgos
Uno de los aspectos más comentados de la presentación fue la participación de Chris Olah, cofundador de Anthropic, empresa dedicada al desarrollo de inteligencia artificial. Su presencia fue interpretada como una señal de que el Vaticano busca dialogar directamente con quienes crean estas tecnologías. Durante el evento, respaldó el llamado del Papa para aumentar la rendición de cuentas de las empresas tecnológicas:
León XIV no eligió a un político ni a un cardenal para acompañarlo en la presentación de la encíclica sobre inteligencia artificial: eligió a uno de los investigadores más influyentes del mundo en seguridad y comprensión interna de modelos de IA.

Olah lanzó una advertencia fuerte sobre el futuro del empleo: “apoyar a los trabajadores desplazados será un imperativo moral de proporciones históricas”.
Durante su intervención explicó que no funciona como un avión o un puente, porque no está completamente diseñada pieza por pieza, sino que “crece” sobre estructuras inspiradas en el cerebro humano. Incluso llegó a describirla como “dar vida a un personaje de ficción”.
La presencia de Olah mostró algo inédito: una alianza pública entre el Vaticano y figuras centrales del desarrollo de IA para discutir límites éticos antes de que la tecnología avance aún más rápido.

La frase proviene de El Retorno del Rey y es pronunciada por Gandalf en uno de los diálogos más recordados de la saga.
El Papa la utilizó para transmitir que la humanidad no puede controlar absolutamente todo el avance tecnológico, pero sí tiene la obligación ética de actuar correctamente dentro de su tiempo histórico.
León XIV usó la referencia como una imagen poderosa contra la idea de una IA omnipotente, manejada únicamente por intereses militares, económicos o políticos. Según la encíclica, la inteligencia artificial debe estar guiada por humildad, responsabilidad y bien común, no por una carrera por el dominio global.

Reesenta uno de los posicionamientos más fuertes jamás realizados por una institución religiosa sobre la IA, sus riesgos y su impacto en la humanidad.
El texto plantea que la humanidad atraviesa una encrucijada histórica comparable a la construcción de una nueva Torre de Babel: una civilización fascinada por el poder tecnológico, pero en riesgo de perder su dimensión humana.
“La tecnología no es un mal en sí misma”, aclara el documento. Pero tampoco es neutral: adopta “el rostro de quien la financia, la regula y la utiliza”.
Uno de los conceptos más impactantes de la encíclica es el llamado a “desarmar la IA”. El Papa cuestiona el uso de algoritmos y sistemas autónomos para fines militares, de vigilancia masiva o manipulación social. También critica la concentración del poder tecnológico en un pequeño grupo de corporaciones y gobiernos.
Advierte que delegar decisiones irreversibles a máquinas puede erosionar la conciencia moral humana y transformar a las personas en simples “recursos explotables” dentro de sistemas automatizados.
La encíclica denuncia especialmente:
- El desarrollo de armas autónomas.
- La vigilancia algorítmica.
- La manipulación política mediante IA.
- El reemplazo masivo de trabajadores.
- La concentración de datos y conocimiento.
- La desinformación automatizada.
El documento insiste en que ninguna inteligencia artificial puede reemplazar la conciencia, la libertad ni la dignidad humana.
“La persona no es un recurso que se usa y se explota”, afirma el texto, que reclama una regulación internacional capaz de proteger derechos fundamentales en la era digital.
Además, León XIV exige que el conocimiento tecnológico no quede monopolizado por unos pocos actores privados, porque eso ampliaría la brecha entre “incluidos y excluidos” de la revolución digital.
Más que una crítica a la tecnología, es un intento de definir quién controlará el futuro humano en la era de la inteligencia artificial.
Para León XIV, la gran pregunta ya no es si la IA avanzará, sino bajo qué principios lo hará: si estará al servicio de la dignidad humana y el bien común, o si terminará convirtiéndose en una herramienta de dominación económica, política y militar.
Con esta encíclica, el Vaticano dejó claro que no piensa quedar al margen del debate más decisivo del siglo XXI.






