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Macron intenta vencer la desconfianza de la Francia rural que reivindica Le Pen

El mundo 22/04/2022
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El presidente galo no consigue despojarse de su imagen de presidente “de las élites” y “las grandes ciudades” mientras Le Pen se reivindica como defensora del mundo rural, “la Francia de los olvidados”

En Francia, a los políticos les gusta repetir que las elecciones presidenciales “son la cita de un hombre o una mujer y un pueblo”. Esta frase se materializa en una maratón de visitas a mercados, fábricas, almacenes, comercios y colegios, en el que viven inmersos Emmanuel Macron y Marine Le Pen desde hace casi un mes. Con este ejercicio, Macron intenta deshacerse de su etiqueta de “presidente de los ricos” y “presidente de las ciudades” y Le Pen trata de presentarse como la portavoz de la “Francia de los olvidados”. Es una forma de explotar la fractura territorial y el desafecto que el presidente suscita en los territorios no urbanos.

La cara más visible de ese rechazo se reveló durante las protestas de los chalecos amarillos. El 4 de diciembre de 2018, Macron acudió a comprobar los daños del incendio provocado por los manifestantes en la prefectura de Puy-en-Velay. Al salir, el cortejo presidencial fue alcanzado por un grupo de manifestantes y se vivieron momentos de tensión. Acostumbrado desde su primera campaña a discutir directamente con los votantes –incluidos aquellos que no están de acuerdo con sus medidas–, los episodios de violencia y el alcance de las protestas sorprendieron al presidente.

Ello desembocó en septiembre de 2019 en una nueva Agenda Rural, con algunas medidas que Macron reivindicó este miércoles en el debate presidencial. Estas medidas buscan paliar el desamparo de los territorios que han visto sus servicios degradarse al tiempo que su población menguaba: ampliación de la cobertura de la red móvil, creación de espacios de servicio que combinan coworking, apoyo digital y actividades culturales, reapertura de líneas de tren de media distancia. Por otro lado, el Gobierno articuló la desescalada de la crisis sanitaria sobre el eje alcalde-prefecto, que fue la base de la desescalada nacional pilotada por un alto funcionario llamado Jean Castex.

Antiguo alcalde de Prades, en Pirineos Orientales, Castex fue identificado entonces como la figura perfecta para compensar los puntos débiles del presidente. Así que cuando en julio de 2020 Macron decidió sustituir a Édouard Philippe como primer ministro, Castex –poco conocido en la política nacional– fue el elegido. Desde entonces, lleva una incansable agenda de desplazamientos regionales, en los que defiende la acción del Estado y habla de su experiencia en la política local, al tiempo que despliega su acento del sur y su afición al rugby.

Esta estrategia local no impidió los malos resultados en las elecciones regionales y departamentales de 2021, así como en las municipales del año anterior. Lo importante, sin embargo, son las presidenciales del 24 de abril.

Le Pen y la Francia rural
La candidata de extrema derecha ha pasado los últimos cinco años tratando de erigirse en representante de la Francia rural, una estrategia que le dió un relativo éxito en las urnas: en la primera vuelta obtuvo sus mejores resultados en los municipios de menos de 50.000 habitantes. “Si soy elegida presidenta de la República, crearé un gran ‘Ministerio de la ruralidad’ para dar a nuestros territorios y a nuestros compatriotas olvidados la atención que merecen”.

“Desmetropolización” y “localismo” son dos conceptos que se repiten a menudo en su campaña, haciendo suyas, propuestas de los chalecos amarillos. Las capitales regionales son, a sus ojos, un símbolo de la globalización. Las acusa de “vaciar” los territorios y de “absorber la riqueza”. “El problema, señor Macron, es que para usted todo acaba en las grandes ciudades y en los barrios difíciles”, dijo el miércoles durante el debate.

En los últimos 30 años, el voto de Agrupación Nacional, antiguo Frente Nacional, formación de Le Pen, ha aumentado en las zonas rurales,  sobre todo en las que tienen dificultades sociales, resultado de la desindustrialización. Y se puede establecer una relación entre ese crecimiento y el aumento de los precios inmobiliarios, la expansión urbana, la restricción del gasto y el impacto del precio del combustible.

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