El arte ataca

América Beat 13 de julio de 2021
El rap es una vía de desahogo para comprender la realidad de un sector de cubanas y cubanos que protestan en la calle.
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El domingo las redes sociales descubrieron la crisis cubana con hashtags, consignas e imágenes de manifestaciones en contra del gobierno en distintos puntos de la isla. El presidente Miguel Díaz-Canel respondió con dos conferencias de prensa en las que primero convocó a la población a defender la revolución en las calles y luego pidió al mandatario de EEUU que pusiera fin al bloqueo que sufre su país y al que responsabilizó por las carencias de la población. En esa línea se manifestó el presidente argentino Alberto Fernández, quien destacó que “si realmente nos preocupa Cuba, terminemos con los bloqueos".

La furia del rap en español llegó a Cuba a comienzos de los ‘90. Al tiempo que el país entraba en esa etapa de miseria llamada Período Especial los casetes de artistas como Vico C, El General y Míster Funky circulaban de mano en mano entre los jóvenes. Maykel Castillo Pérez escuchó por primera vez esas cintas a los 15 años. Era un adolescente desorientado: había dejado la escuela en cuarto grado y vivía deambulando por La Habana, comía de la caridad ajena y amanecía en ómnibus. Su única familia era una abuela con la que no quería vivir. Mientras, soltaba aquel dolor en rimas. Aún no se llamaba Maykel Obsorbo ni existía el Movimiento San Isidro. 

Maykel pasó un tiempo en un reformatorio y en la cárcel. Lo cuenta al pasar: no le interesa hablar del tema. En 2003 empezó a trabajar como ayudante de construcción. Casi todo el dinero que ganaba lo gastaba en backgrounds y grabaciones. Para los funcionarios locales de Cultura consideraban sus canciones, crudas como su vida, disidentes y contrarrevolucionarias.  

En esa época, Denis Solís González era un niño que crecía sin padre: este no había dado señales de vida desde que se lanzó al mar rumbo a Estados Unidos en 1994. Siete años después su madre murió por una negligencia médica. Denis sobrevivió en La Habana Vieja al cuidado de un tío. Aún no se llamaba El Lobo Solitario ni existía el Movimiento San Isidro. Estudió enfermería, luego empezó a manejar un bicitaxi. Probablemente ya escuchaba rap y componía versos crudos como su vida.

Para artistas como Maykel y Denis la música es una forma de terapia. Los textos largos, en primera persona, sociales, filosóficos, casi crónicas, con una vía de desahogo, de escape y comprensión de la realidad. También las usan como tribuna: “El rap es el periódico del barrio”, dicen. 

El 9 de noviembre de 2020 un oficial de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) entró a la casa de Denis sin permiso suyo ni orden judicial. Según la televisión nacional, había sido citado por las autoridades policiales “para esclarecer vínculos con elementos terroristas de Miami”. Denis, enfurecido, le gritó que su presidente era Donald Trump. Dos días después fue condenado en juicio sumarísimo a ocho meses de cárcel por desacato.

La detención y condena desató una serie de protestas pacíficas encabezadas por miembros del Movimiento San Isidro, un grupo de artistas y activistas independientes comprometidos con la libertad, la cultura y los valores democráticos. Las protestas terminaron en un acuartelamiento y una huelga de hambre y sed durante más de una semana. Entre los huelguistas se encontraba Maykel Castillo Pérez, ya conocido como Maykel Obsorbo en el panorama de la música urbana. 

Maykel y Denis son amigos del barrio. Poco antes de que Denis cayera preso Maykel iba a producir su disco debut.

La noche del 26 de noviembre, después de que la Seguridad del Estado desalojara por la fuerza a los huelguistas con la excusa del Covid-19, los medios nacionales presentaron a los miembros del Movimiento como marginales, falsos artistas, mercenarios pagados por Estados Unidos para generar caos en la isla. Sobre esto último no han mostrado pruebas. 

A pesar del tibio apoyo de las Casas de Cultura, de la Asociación Hermanos Saíz y de la Agencia Cubana de Rap -tres espacios culturales de las comunidades- el lenguaje rabioso y realista de los raperos siempre ha sido objeto de censura por parte de las instituciones culturales. Demasiada libertad es un problema.

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