Reutemann, el sueño de una Argentina aspiracional

El País 07 de julio de 2021
Fue una leyenda del automovilismo Dos veces gobernador de Santa Fe. En 2002 rechazó el ofrecimiento de Duhalde que lo sentaba en la Casa Rosada: "vi algo que no me gustó".
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Murió Carlos Reutemann. Los últimos meses los había pasado internado por una serie de sangrados digestivos, un cuadro que se complicó. Tenía 79 años y el anuncio de su fallecimiento lo hizo su hija Cora en Twitter. Reutemann fue un piloto profesional que hizo historia en Europa. Fuera de las pistas, en 1991, el ex presidente Carlos Menem lo invitó a sumarse a las filas del Partido Justicialista. Fue gobernador de Santa Fe, su provincia natal, en dos periodos: del ‘91 al ‘95 y de 1999 a 2003. Su último cargo público fue en el Senado, banca que ocupó desde 2003 hasta su muerte. 

En aquella época de gloria automovilística, Reutemann tomaba aviones como quien toma colectivos. Era, además de triunfador, un deportista buen mozo. Al lado del auto, vestido con el traje antiflama: el fuego y el extintor en el mismo cuerpo, en la misma cara. No se bronceaba, se doraba.

El Lole era nuestro Paul Newman, una estrella que venía a renovar la constelación en una farándula local que pedía vuelta a boxes. Y el silencio, ese halo de misterio --voluntario o no-- que lo potenciaba. 

En su último año como gobernador, en 2003, las lluvias y el desborde del Río Salado inundaron buena parte de la ciudad de Santa Fe.Fue una catástrofe que podría haberse evitado, dado que el entonces gobernador había sido advertido. El río subía, pero además había obras pendientes. La lista oficial indica 23 muertos. Para los vecinos y las organizaciones sociales la cifra es 160.Desaparecidos, evacuados, daños materiales. La denuncia terminó en procesamiento para puestos públicos menores: el intendente de la ciudad, Marcelo Alvarez, fallecido cinco años después de la inundación; el secretario de Asuntos Hídricos, el ministro de Obras Públicas. A Reutemann lo habrá tocado la pena, pero no la Justicia.

Iba a la escuela a caballo: cinco kilómetros de ida y cinco de vuelta. Los días de tormenta montaba igual, a pesar del susto que le generaban los rayos. Si el cielo chispeaba, montaba igual. Si el cielo escupía sus rayos, tiraba el caballo a la zanja. A los siete años aprendió a manejar: una Ford A, modelo ‘28. Fuera del circuito, para los ‘90 se dedicó al campo, una actividad heredada de sus abuelos inmigrantes.

Creció como gringo pampeano, rodeado de vacas para ordeño. “Nací chacarero”, solía decir Reutemann. En los últimos años se dedicó a la siembra y cosecha de trigo, maíz y soja en “Los Aromos”, unas cuantas hectáreas en las afueras de Santa Fe. 

Pero la verdadera clave del éxito del ex gobernador fue la política. Ahorrativo en palabras y mucho más en los gestos, mantuvo siempre una distancia prudente y nunca se comprometió en exceso con ningún dirigente nacional y en más de una oportunidad protagonizó desplantes como el que le hizo a Duhalde.

Tras la crisis con el campo por la Resolución 125, Reutemann, que tuvo su base de sustentación entre los productores agrícolas, se alejó del kirchnerismo. Tuvo su acercamiento a Sergio Massa luego de caerle de sorpresa en un plenario que se estaba realizando en la localidad de Ramallo pero esa sociedad tampoco duró mucho y terminó en Cambiemos.

Pero no era solo la velocidad o su astucia al volante. Reutemann también fue el sueño de una Argentina aspiracional, esa que aprobaba la fórmula belleza, jet set, campo y política.

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