Los cordobeses somos…

Córdoba Beat 06 de julio de 2021
¿Qué cosas nos enorgullecen y cuáles nos avergüenzan? ¿Por qué necesitamos oponernos a Buenos Aires?
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Una canción de Rodrigo dice que a los cordobeses nos gustan el vino y la joda, los bailes, el fernet y la birra. Las publicidades de una cerveza local que pasaron durante años por TV tenían un jingle que cantaba que los cordobeses "somos así": enemigos de la tristeza y amigos de la cerveza (pero cordobesa). El año pasado, la celebración por el centenario de la Reforma Universitaria reinstaló en la discusión pública íconos locales de esa gesta. Este año, algo similar ocurrió con el medio siglo del Cordobazo. Mucho antes, Arturo Capdevila escribía el poema "Córdoba de las campanas". Mucho después, un gobernador instaló la idea del "cordobesismo", núcleo duro que capitalizó una selección de rasgos de identidad locales.

Hay múltiples discursos sobre ese intangible “ser cordobés”. Algunos rescatan grandes momentos históricos del pasado remoto. Otros reducen esos rasgos a ciertas señas recientes. Pero todos, de alguna manera, izan una bandera de orgullo local que, muchas veces, elige oponerse al de Buenos Aires.

"El Rastrojero, el Pulqui, la fábrica militar de aviones, el Cordobazo, la moto Puma. Todos miran el pasado. Córdoba vive mirando un espejo retrovisor. Y tiene un chauvinismo con pies de barro. Porque se avergüenza de lo mismo de lo que se enorgullece: fernet y cuarteto. Para cualquier persona del país, hoy Córdoba es el fernet y el cuarteto. Ni los jesuitas, ni la segunda universidad del continente", opina Gastón Ribba, periodista, escritor, autor del libro La economía de la soledad y expublicitario que trabajó también en la comunicación de varias campañas y gestiones de signos políticos diversos.

Para él, en el resto de las provincias la identidad se presenta de otra manera. En las del norte, por ejemplo, donde hay una relación más directa con su historia y carga simbólica, la identidad se vive, es una vivencia.

Por qué es Buenos Aires el contrincante imaginado y no, por ejemplo, Rosario, que podría ser naturalmente una ciudad con la cual medirse. El origen de esa rivalidad exacerbada hay que buscarlo más atrás.

Marta Philp, historiadora y docente universitaria, remarca que esa rivalidad se retrotrae a los orígenes de la nación argentina: “No es menor que en la Revolución de Mayo de 1810 sectores del gobierno de Córdoba se hayan opuesto. Es desde entonces la disputa. En su momento, Córdoba era una ciudad próspera, en comercio con el norte (Bolivia, Perú) en torno a la economía minera de Potosí. La Revolución de Mayo impuso el modelo de Buenos Aires, en el que la economía giró en torno al puerto. Eso desarticuló la economía local. Se sumó el sur de la provincia, en lo agrícola-ganadero. Pero al norte empobrecido de hoy le quedó un espacio de lugar histórico, ya no de economía pujante”.

El puerto no sólo cambió la economía, sino que fue la puerta de entrada de las ideas ligadas a la Revolución Francesa que inspiraron a los revolucionarios de Mayo, mientras la Córdoba colonial mantenía una mirada conservadora. Muchas lecturas ven allí otra manera de pensar Córdoba, a través de un conservadurismo que a pesar de sí mismo da lugar a otras expresiones.

Diego Tatián, docente de la Facultad de Filosofía y Humanidades y autor del libro Contra Córdoba (Caballo Negro, 2016), cree que Córdoba tiene un chauvinismo bastante provinciano ("Todo chauvinismo lo es", aclara), con raíces lejanas.

"Fue detectado ya por Sarmiento en el Facundo ('Córdoba no sabe que existe otra cosa que Córdoba'). Ostenta un narcisismo extraño, algo torvo, desconfiado de cualquier experimentación cultural o transformación social –dice–. Lo que Córdoba ha producido de interesante cultural y políticamente lo ha hecho en ruptura contra sí misma, contra ese conservadurismo autorreferencial que le da identidad. En revuelta contra esa Córdoba profunda (y no como expresión de ella), existe una tradición, menor pero intensa, de una Córdoba universalista, abierta, inventiva, que logra abrir una y otra vez la pregunta por otras formas de vida posibles, pero que termina casi siempre devorada por la Córdoba 'cordobesista'".

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