Córdoba. Sin documento…, porque llevo el acento

Córdoba Beat 06 de julio de 2021 Por ​​​​​​​​​Arq. Miguel “cocó” Cabrera
Córdoba desde aquel 6 de Julio de 1573 no solo se ha dilatado en el espacio sino que también su historia ha dejado constelaciones míticas que muestran en su tiempo pasado hitos fulgurantes que han dejado como un tatuaje, marcas responsables de nuestro polémico ADN.
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Cuenta Diego Tatian, en su obra “Contra Córdoba, Historias mínimas” que cuando fueron expulsados los jesuitas de nuestras tierras allá por el año 1767, obligados a abandonar sus misiones y reducciones y por supuesto a dejar el Colegio Mayor de nuestra ciudad, hubo una larga fila de carretas aquella madrugada en que los religiosos cargaron sus pertenencias, sus libros, sus escasos bienes, “sus temporalidades” –resalta Tatián-  y antes que sol brillara, estaban lejos de Córdoba.

Esta cita vale como como intento de rescatar una proposición que resume quizás la compleja empresa que emprenden los hombres de cualquier sociedad al tiempo que van materializando el medio que los acoge. Van tejiendo sustemporalidades, esas construcciones materiales e inmateriales creadas por las sociedades acordes a los imaginarios que supieron erigir para darle un sentido a sus vidas. 

Toda sustancia, todo fruto de la producción de infinitos dispositivos artificiales que ha creado la especie humana para posibilitar su vida en común, se ve plasmado luego en sus prácticas, sus creencias, sus costumbres, su producción económica, su moda y también en sus ciudades. No imaginó Jerónimo Luis que de aquella minúscula pero ordenada traza en damero que nacía del punto cero, hoy la esquina de Deán Funesy San Martín, con su cabildo, la Iglesia y su casa de dos pisos; la mancha humana y urbana se iba a derramar caóticamente cubriendo más de 500 kilómetros cuadrados e iba a crecer incontrolable bajo el imperativo de la especulación salvaje que fija el mercado.

Córdoba desde aquel 6 de Julio de 1573 no solo se ha dilatado en el espacio sino que también su historia ha dejado constelaciones míticas que muestran en su tiempo pasado hitos fulgurantes que han dejado como un tatuaje, marcas responsables de nuestro polémico ADN. Tal vez más importante saber si venimos de la selva, de los indios o de los barcos sea recordar que venimos de los acontecimientos, de las experiencias  que quedaron fotografiadas en nuestra historia.  Muchas de esasimágenes han contribuido a una suerte de mitología del ser cordobés.

El mito se trata de un modo de significación, que nace y tras la operación de repetirse va ganando la naturalidad que al mismo tiempo derrama gota a gota su contenido histórico, vaciándolo… ya es rehén de la doxa. Ya tiene el peso absurdo de una verdad que nadie objeta.

“Los cordobeses somos guapos”; “llevamos la rebeldía en la sangre”. Y así pasan de largo la ambigüedad del “demos” de nuestra democracia, la dualidad del “pueblo” que a veces somos todos y a veces solo los pobres. Los cordobeses somos “La Docta” y levantamos ciegos el numero de 160.000 estudiantes universitarios como una garantía de generación lucida con sangre de la reforma, o los cordobeses “no nos doblegamos” y defendemos el origen del “Che” en nuestra Alta Gracia o Barrio General Paz y los cordobeses somos sinónimo de emancipación y descubrimos orgullosos la liturgia del “Cordobazo”, el “Gringo” Tosco o el clasismo del Sitrac.  

Y siguen pasando de largo que también fuimos capaces de producciones míticas como el inicio la Revolución “libertadora”, la sede de una eliteconservadora y reaccionaria que aún conserva buena salud, supimos producir Julio A Roca (h), Ibarguren, (abanderado del Fascismo) Menendez y Primatestas.

Así esas constelaciones brillan en el firmamento alucinatorio embriagado de épica y olor a pólvora y amenazando penosamente la imprescindible e inmediata necesidad de desmitificar este tiempo de perplejidades. Desarmar las operaciones culturales con que lo dado y el poder hegemónico distorsionan la esencia de los sentidos con coartadas que obturan la entrada de la lucidez y la reflexión, en tanto volver sobre lo pensado. 

​Foucault también lo dijo bien claro: “A veces nos comportamos como sabios estúpidos cuya estupidez consiste, precisamente, en refugiarse en reglas de pensamiento que, diciéndonos en voz alta cómo debemos pensar, nos susurran en voz baja que somos inteligentes, nos seducen garantizándonos que la estupidez no tiene nada que ver con nosotros.”  

Pero Cordoba seguirá incansable elaborando muchas fotografías, muchas escenas míticas de las que viviremos enamorados andando por la vida “sin documento porque llevamos ese acento de Córdoba Capital”

 

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