La carne peronista, el pasado por delante

El País 18 de mayo de 2021
El cierre de exportaciones de carne por 30 días generó la reacción inmediata del campo que rechazó de plano la medida.
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Ante una dinámica de alza de los precios de los alimentos, en especial los de la carne vacuna, el Gobierno decidió suspender por 30 días las exportaciones de un producto clave de la canasta de consumo de los hogares. La carne acumula en doce meses subas de casi el 65 por ciento, por encima del promedio general del IPC.

Esta iniciativa para contener los precios se decidió tras una reunión que mantuvieron en la Casa Rosada el presidente Alberto Fernández, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, con los representantes del sector exportador de carnes agrupados en el consorcio ABC, Mario Ravettino, Carlos Alberto Rusech, Gustavo Kahal y Martín Costantini.

Los directivos de la Mesa de Enlace, por su parte, ya empezaron a mantener conversaciones informales en diversos chats grupales en los que participan. Los dirigentes de las cuatro entidades rurales, según supo LPO, mantendrán reuniones este martes en el seno de sus organizaciones.

"La idea es analizar con los productores qué medidas vamos a tomar. Una vez que tengamos un diagnóstico certero nos reuniremos con la Mesa de Enlace para anunciar un paro, un cese de comercialización o lo que surja del pedido de las bases", adelantó un importante dirigente.

La promesa electoral de Alberto Fernández y del Frente de Todos apuntaba centralmente a que la emergencia de un peronismo reunificado revirtiera las políticas macristas de ajuste, pusiera “dinero en el bolsillo de los argentinos” y se ubicara al frente de una gesta nacional contra la pobreza y la indigencia.

En ese planteo, el precio de los alimentos resultaba una cuestión esencial. Sin embargo, otra vez pasaron cosas, entre ellas, una pandemia que en 2020 paralizó la actividad económica y reprimió una inflación legada por el gobierno anterior, que, sin medidas específicas, no tiene por qué no marchar a una velocidad crucero del 45 al 50 por ciento anual cuando el mercado recupera un pulso casi normal.

¿Está la Argentina ante la primera y más importante promesa no cumplida del Gobierno? ¿Qué pasará con ese asunto ultrasensible ahora que asoma el proceso electoral y que el Presidente regresó de su gira europea con la firme intención de poner manos a la obra?

Una estrategia de fondo, que atienda a lo que Guzmán alude como la “multicausalidad” del fenómeno –la búsqueda de equilibrios fiscales y monetarios, control de largo plazo del tipo de cambio, trabajo sobre los cuellos de botella de la oferta, manejo equilibrado de la puja distributiva–, no parece manejable en los tiempos políticos que necesita el Frente de Todos.

El IPC de 36,1% del año pasado no tenía, a priori, condiciones no ya de bajar más sino de mantenerse este año, después de una masiva emisión de pesos que la calamidad sanitaria forzó como modo de contener la situación social.

Además, influye la cotización de los principales productos de exportación de la Argentina, que, por ejemplo en el caso de la soja, se encuentran hoy en máximos de más de ocho años.

El control de los precios en la previa de las elecciones de mitad de mandato –junto con el empleo, el asunto más sensible para la base electoral del oficialismo– fue el principal mandato que el Frente de Todos le impuso a Guzmán ni bien este completó la renegociación de la deuda en manos de tenedores privados, muy por encima de arreglar los compromisos con el Fondo Monetario Internacional y el Club de París. El ministro confió para ello en un combo compuesto por la concertación social, la reducción del déficit fiscal y la emisión monetaria, la evolución del dólar oficial por debajo de la inflación y cierta contención en materia tarifaria. Su receta no ha dado hasta ahora resultados.

Varios de esos ítems centran la disputa ideológica que cruza la alianza de gobierno, entre el cristinismo y Guzmán o, hasta su gira europea al menos, el llamado albertismo. Para los sectores más vinculados a la vicepresidenta y a su principal referente económico, en gobernador bonaerense, Axel Kicillof, es necesario controlar más que dialogar con los formadores de precios y directamente planchar las tarifas. Esto último punto hizo a la pelea pública reciente entre Guzmán y el intocable subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, que logró vetar la intención de aquel de lograr un incremento de las tarifas promedio alineado con la inflación, aunque segmentado en beneficio de los sectores económicamente más rezagados.

Aunque en tendencia tenga razón, el cortísimo plazo vacía a Guzmán de argumentos. La apertura de las urnas está a la vuelta de la esquina y Fernández necesita para ofrecerle alguna esperanza de futuro a la sociedad, respuestas urgentes en torno a la contención de los precios, que no deje todo lo dicho sobre el asado en el listado de las promesas incumplidas.

Lo que viene puede achicar la grieta entre Fernández y Cristina. Se trata, una vez más, de pasar el invierno.

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