El show debe continuar

Sociedad 13 de mayo de 2021
En medio de la crisis social que atraviesa Colombia, la Copa Libertadores vivió una noche triste. Hubo disturbios, gases y bombas de estruendo en Barranquilla.
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La escena es estremecedora. Mientras en el estadio Romelio Martínez se realiza el habitual minuto de silencio que establece la Conmebol en homenaje a las víctimas de la pandemia y en agradecimiento a los profesionales de la salud, irrumpe un ruido ensordecedor. Una explosión, luego otra, y otra más. Son las bombas de estruendo que se detonan en las zonas aledañas a la cancha.

Es el reclamo de los manifestantes que salieron a las calles para impedir la realización del partido. Se hicieron escuchar y lograron visibilizar en parte lo que está sucediendo en Colombia, pero no pudieron frenar la pelota. Junior y River jugaron un partido de fútbol en un contexto difícil e inconcebible. Una noche triste para el fútbol sudamericano que Marcelo Gallardo resumió en una sentencia: “El resultado es anecdótico. No se puede mirar para otro lado. No nos podemos ir contentos hoy por las circunstancias”.

Sus manos tapándose los ojos en la previa del partido por los efectos de los gases lacrimógenos retrataron la gravedad de la situación.

“Era un momento complejo y uno no se puede abstraer de lo que está pasando. No es normal venir a jugar en una situación inestable como la que vive Colombia. No fue normal la previa y se jugó en situaciones muy incómodas, con humo, gases, escuchando estruendos y estallidos. Fue una situación anormal en todo sentido y no podemos mirar para otro lado”, enfatizó con fastidio.

Junior-River debió ser interrumpido a los 23 minutos del primer tiempo porque ingresaron gases lacrimógenos al campo de juego y afectaron la visión de varios jugadores, incluído el propio Marcelo Gallardo. Más allá de la reanudación, muchos se siguieron refregando los ojos, se taparon la boca y hasta se dieron aire.

La Conmebol podría haber trasladado la sede, pero el Gobierno le garantizó que la seguridad estaba preparada. Era una prueba clave: la Copa América está a la vuelta de la esquina entre junio y julio y la organización de Colombia podría correr peligro. Así, no se optó por la decisión de la semana pasada: aquella vez, como no estaban dadas las condiciones para jugar en Pereira, el cruce entre Santa Fe y River se trasladó a Asunción y se pasó del miércoles 5 de mayo para jueves 6. En esta oportunidad, se mantuvo el cronograma original. Y todo lo que ocurrió era predecible, a pesar del cordón de seguridad montado en el estadio.

En las redes sociales, al comienzo de la semana circularon afiches convocando marchas y alentando a la gente a salir a la calle para impedir el encuentro. Tres horas antes del partido comenzó la concentración de ciudadanos colombianos que se juntaron en la cancha con banderas y carteles. Y la paz se terminó con el correr de los minutos: tras la llegada de los micros de los equipos, comenzó el caos con enfrentamientos entre los civiles y la policía, con gas pimienta y gases lacrimógenos por doquier.

Las protestas en Colombia comenzaron el pasado martes 27 de abril contra el proyecto de reforma tributaria del presidente Iván Duque. El gobierno decidió reprimir las movilizaciones sociales: la violencia institucional dejó un saldo de al menos 41 muertos civiles. Ayer hubo futbol. El show debe continuar.

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