El mundo en un sólo lugar El mundo en un sólo lugar

La crudeza del desencanto

El País 28/12/2022
DB2D9561-62E9-4641-97D7-C292B185FB7B

La reaparición pública de Cristina en Avellaneda fue interesante en mensajes y entregó elementos de análisis relevantes para el futuro político. Podría señalarse que la primera interpretación pasaría por su talante: mostró la claridad y la crudeza que nacen del desencanto. Un desencanto que, contra viento y marea, pugna aún por convertir en proyecto.

El discurso, fue tan significativo que hasta quitó por unas horas del foco la escalada del dólar blue, problema que Sergio Massa mira con preocupación, pero que promete conjurar.

El sentimiento de desencanto se percibe es multidimensional.

El primer motivo del mismo, a esta altura terminal, es Alberto Fernández, a quien ya ni menciona para destratarlo. Es más, cuando habla de lo que considera "años felices", remite a los doce y medio de las presidencias hasta 2015. La administración actual le resulta completamente ajena, aunque tal vez menos que la macrista.

Su ironía, con todo, se filtró cuando rebautizó al albertismo como la "Agrupación Política del Amague y el Recule".

El segundo objeto de su desencanto es el Poder Judicial. Cristina será culpable o inocente de los cargos de corrupción que enfrenta y, por el momento, nunca explicó cómo Néstor o ella pudieron pensar que no había problemas en alquilarle habitaciones de hotel a Lázaro Báez. Sin embargo, no mintió cuando denunció el tempo de las causas que se han instruido en su contra, de modo que coincidieran con los momentos electorales. Esto remite a los años de Mauricio Macri, cuando usinas del entonces oficialismo decían impúdicamente que el objetivo no era matar ni mantener políticamente viva a Cristina, sino sumirla en un coma judicial.

Tampoco erró cuando señaló que la Corte Suprema se ha dado un rol legislativo. Eso se probó cuando el tribunal declaró inconstitucional, con una mora de 15 años, una ley que determinaba el modo de integración del Consejo de la Magistratura y la reemplazó por la anterior.

La parte judicial de la decepción implica resignación. Cuando fue condenada en primera instancia en "Vialidad", no dijo que desconocería al tribunal oral, que lo desobedecería, que se atrincheraría rodeada de militantes, que se iría del país o que buscaría fueros. Todo lo contrario. "Vengan y métanme presa", desafió a los jueces y a Héctor Magnetto.

Así, Cristina asume que, en última instancia, no tiene cómo oponerse a una Corte que, aunque no le guste, es el árbitro de última instancia de la institucionalidad argentina.

Ante eso, volvió a pedirle a la militancia que actúe, que no pida permiso. En definitiva, que salga de la parálisis y que vuelva a hablar con la gente para, entre otras cosas, explicar lo que entiende como un enorme peligro institucional que se cierne sobre la democracia argentina a casi 40 años de su restauración. ¿Siente también desencanto con "los pibes para la liberación"? Es posible: ese mensaje bajó ayer por segunda vez.

Por último, la amargura también podría dirigirse a sí misma. Si sus mandatos fueron tan virtuosos como plantea, si el macrismo fue tan malo y el albertismo, el "aparismo", tan ajeno, ¿qué cabe decir de la falta de cuadros capaces de tomar su bandera y resultar electoralmente competitivos? ¿Cómo es que en 2015 debió rendirse ante el resiliente Daniel Scioli y en 2019 ante el reculador Fernández? ¿Todo eso se explica solo por el lawfare?

Ayer, a su derecha, la escuchaba Kicillof y, debajo del palco,"Wado" de Pedro. Si esas fueran sus cartas para el año que viene –y es posible que así sea–, Cristina asumiría que no hay cómo evitar la derrota del espacio y se conformaría con resistir.

Te puede interesar

Lo más visto

Newsletter