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Destrucción de un millón de hectáreas: el plan de Chaco para sus bosques nativos

Sociedad 14/12/2022
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Argentina es uno de los países con más deforestación del mundo en las últimas tres décadas. Las topadoras arrasan fundamentalmente en la región del Gran Chaco por el avance de la frontera agropecuaria; soja y ganadería que mayormente se exportan a China y Europa.

A pesar de que a fines de 2007 se sancionó la Ley Nacional 26.331 de Bosques Nativos,  en la provincia de Chaco se deforestaron 470.000 hectáreas, y la mitad fueron desmontes realizados en forma ilegal o con permisos irregulares otorgados por el gobierno provincial.

Tras masivas manifestaciones en las calles y una presentación de organizaciones sociales, en octubre de 2020 la justicia provincial suspendió los desmontes, por falta de actualización del mapa de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos, que define las zonas en las que se puede deforestar y en cuáles no.

A pesar de ello, más de 47 mil hectáreas fueron destruidas por las topadoras desde entonces, lo que evidencia la falta de decisión política del gobierno para aumentar los controles e implementar en forma eficiente el fallo de la justicia. 

Pero hoy, el bosque chaqueño se ve amenazado con el decreto 2157/22 del gobernador Jorge Capitanich recientemente remitido a la Cámara de Diputados de la Provincia del Chaco para su ratificación legislativa. El decreto actualiza el Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos de la provincia, pero resulta ser regresivo al dejar sin protección áreas boscosas que anteriormente se encontraban protegidas. 

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La deforestación en Chaco y la propuesta de actualización del gobierno provincial generó alarma en el mundo académico. Más de mil científicos argentinos enviaron una carta al mandatario manifestando su preocupación y advirtiendo que “la evidencia científica que generamos en las últimas décadas demuestra el rol clave de los bosques nativos para el mantenimiento de la biodiversidad y los servicios ambientales que sostienen la integridad social y ambiental de la región. La pérdida de bosque nativo en la región del Chaco Seco tiene múltiples consecuencias negativas para la sociedad, el ambiente, el clima y la economía. Por un lado, aumenta el riesgo de extinción de especies emblemáticas como el tatú carreta, el tapir, el oso hormiguero, el chancho quimilero y el yaguareté, entre otras. Por otro lado, aumenta la frecuencia y severidad de eventos climáticos extremos como las olas de calor, sequías y fuertes vientos que erosionan la fertilidad del suelo”.  

El nuevo mapa no respeta los territorios de las comunidades de pueblos originarios, y no se garantizó su participación en la elaboración, lo que viola la Ley Nacional de Bosques, la Constitución Nacional y los tratados internacionales firmados por Argentina en materia de derecho indígena.

Hace un año, en la Cumbre Climática realizada en Glasgow, nuestro país firmó un compromiso de Deforestación Cero para el año 2030. Aunque siete años es demasiado tiempo y el acuerdo no es vinculante, significa un primer paso en la dirección correcta. La provincia de Chaco, de la mano de su gobernador, va a contramano del compromiso firmado por el Gobierno Nacional. 

La grave crisis climática y de biodiversidad en la que nos encontramos nos obliga a actuar en consecuencia. Más deforestación significa más cambio climático, más desaparición de especies, más inundaciones, más desertificación, más enfermedades, más desalojos, y más pérdida de alimentos, maderas y medicinas. 

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