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Brasil: En clave electoral

El mundo 02/05/2022
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“¡Ni muerta ni presa!” Cuentan que así amonestaba Jaime Durán Barba a un Mauricio Macri que todavía no había jugado su primer tiempo. En el escenario político de 2015, cuanto más vivaz y locuaz se manifestara Cristina, mayor sería el presentismo en la jornada electoral y más votos llenarían las urnas para votar sin amor por Mauricio. Solo era el odio a Cristina, o lo que la clase media aborrecía de ella. 

Un programa que comulga con el dogma central parecen proveer, a los ojos de Bolsonaro, la guía y el plan suficientes para intentar la reelección en las presidenciales del 2 de octubre.

El autodesignado representante del 'hombre común', del buen cristiano, de la biblia y la bala, del hartazgo tóxico ante la agenda ideológica social de la izquierda.

En 2018 había que apartar a Lula de la candidatura presidencial. Para estar seguro de ganar, a Bolsonaro no le bastaba con el golpe de 2016. Para las elecciones de 2018 necesitaba también del lawfare. Resultó providencialmente oportuno que el juez federal Sérgio Moro hubiera condenado a tiempo a Lula y ya lo tuviera encarcelado antes de la primera vuelta de las presidenciales celebrada el 7 de octubre de 2018. 

En el octubre venidero, para ganarle otra vez el balotaje al PT y ahora retener la presidencia, nada parece mejor a Bolsonaro que el duelo con un Lula libre y candidato.

La inocencia de Lula debilitó las posibilidades de Moro, aliado de Bolsonaro en su campaña electoral, y su primer ministro de Justicia, para después abandonar el cargo.. De hecho, la presentó, y la retiró.

Tanto más influye, en este sentido, lo ocurrido esta semana. El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU) determinó la parcialidad del juez Moro contra Lula en el marco de la Operación Lava Jato.

Lula es el rival de Bolsonaro en el balotaje. Desde que proclamó su candidatura, las encuestas lo dan consistentemente como el ganador. Pero la distancia entre ambos seguramente disminuya.

Para Bolsonaro la pandemia se ha ido (o nunca estuvo), Río festeja sus carnavales otra vez, y la guerra de Ucrania abre un boom para el agronegocio brasileño.
Sólo Lula candidato puede unir con intensidad en el electorado un bloque anti L, que a nadie detesta más que, precisamente, al propio Lula.

Una masa de votantes a la que le importa derrotarlo, frustrar que el primer presidente obrero del país regrese al poder. Y entonces no faltará a la cita.  Para votar contra Lula. Es decir, a favor de Bolsonaro. Un preanuncio de lo que puede suceder meses después en Argentina.

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