Los pasaportes COVID pueden impulsar la vacunación entre los más jóvenes

Claves 14 de diciembre de 2021
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De Francia a Alemania, una imagen es ya habitual en muchos países de Europa: clientes mostrando el código QR de su certificado COVID-19 para poder entrar en restaurantes, cines, teatros y otros espacios cerrados.

Un estudio publicado en la revista The Lancet Public Health ha concluido que los certificados COVID-19 pueden aumentar la adopción de la vacuna contra el coronavirus en países con una cobertura vacunal menor. 

En concreto, se trata de un estudio basado en modelos, elaborado por investigadores del Centro Leverhulme de Ciencias Demográficas de la Universidad de Oxford y revisado por pares, según el cual los certificados COVID han provocado un aumento de la vacunación 20 días antes, con un efecto duradero hasta 40 días después de su introducción en países con una cobertura de vacunación inferior a la media de los países analizados.

Este tipo de certificación, también conocida como "pasaporte", exige que las personas tengan una prueba de pauta completa, un test con resultado negativo o un certificado de recuperación de COVID-19 para acceder a lugares y eventos públicos. Muchos países los han introducido o están barajando introducirlos, pero hasta ahora no está claro si la medida aumenta la adopción de la vacuna, como indica la revista en un comunicado.

El estudio publicado ahora en The Lancet relaciona los datos de los pasaportes introducidos entre abril y septiembre de 2021 con la adopción de la vacunación en seis países en los que eran legalmente obligatorios: Dinamarca, Israel, Italia, Francia, Alemania y Suiza. Utiliza un modelo para estimar cuál habría sido la adopción de la vacuna sin los certificados en cada uno de los seis países, basándose en las tendencias en 19 países de control sin certificados, pero por lo demás similares.

Los autores estiman el número de dosis adicionales por población atribuible a esta política y también examinan el impacto de la medida en las infecciones notificadas, así como las diferencias en los efectos por grupos de edad y la influencia de la aplicación de los certificados COVID-19 en tipos específicos de lugares públicos (por ejemplo, discotecas y grandes eventos solo).

En los países en los que la cobertura era inferior previamente, la introducción de los pasaportes se asocia con un repunte considerable del número de dosis adicionales por millón de personas: 127.823 en Francia, 243.151 en Israel –pionero en esta medida–, 64.952 en Suiza y 66.382 en Italia.

En cambio, en Dinamarca y Alemania, donde las tasas medias de inmunización eran más altas antes de exigir los certificados, no se produjo un incremento significativo de la vacunación. Dinamarca los introdujo en abril, cuando la oferta global de vacunas era todavía limitada a pesar de que la demanda era elevada y su objetivo principal con esta medida, puntualiza la medida, fue aumentar las pruebas antes de asistir a lugares públicos, en lugar de fomentar la vacunación, "lo que pone de manifiesto los múltiples objetivos o consecuencias potenciales de las políticas de certificados COVID-19".

Si se compara con los países de control, el número de casos diarios de COVID-19 disminuyó tras la aplicación del pasaporte en Francia, Alemania, Italia y Suiza, pero creció en Israel y Dinamarca –muchos países aplican la medida en respuesta al repunte de casos, lo que dificulta la evaluación del efecto de los certificados en las infecciones notificadas, advierte The Lancet–.

El aumento de la vacunación es mayor en los menores de 30 años en comparación con los grupos de mayor edad. Cuando se usaron los pasaportes para restringir únicamente el acceso a las discotecas y a los grandes eventos en Suiza, solo se observó un aumento en la adopción de la vacunación en las personas menores de 20 años. Cuando se amplió para incluir todos los locales de hostelería y ocio, también aumentó entre las personas de 20 a 49 años.

Los autores dicen que esto sugiere que la medida puede ser útil para fomentar la adopción de la vacuna en determinados grupos, "pero es necesario investigar otros factores, como el nivel socioeconómico y el origen étnico, para comprender plenamente a quiénes podrían dirigirse los certificados". El estudio además cuenta con limitaciones como la falta de acceso a datos detallados sobre el consumo diario de vacunas por edad.

Los investigadores recuerdan asimismo que la medida plantea múltiples cuestiones éticas, como el riesgo de exacerbar desigualdades entre ciertos grupos que tienen una menor confianza en las autoridades.

"Sabemos que ciertos grupos tienen una menor adopción de la vacuna que otros y puede ser que los certificados COVID-19 sean una forma útil de animar a los grupos complacientes con la vacuna [debido a una menor percepción del riesgo], como los jóvenes y los hombres, a vacunarse", dice el coautor del estudio, Tobias Rüttenauer, de la Universidad de Oxford. "Sin embargo, los certificados por sí solos no son una varita mágica para mejorar la adopción de las vacunas y deben utilizarse junto con otras políticas. Las dudas sobre la vacunación debidas a la falta de confianza en las autoridades (...) pueden abordarse con más éxito mediante otras intervenciones, como las iniciativas de vacunación específicas y el diálogo con la comunidad para lograr una mayor comprensión sobre las vacunas".

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