¿Hace falta actualizar las vacunas?

Sociedad 13 de diciembre de 2021
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Cuando en diciembre de 2020 la variante alfa hizo acto de presencia, los fabricantes de vacunas no tardaron en reaccionar: Uğur Şahin, director ejecutivo de BioNTech, aseguró que era "muy probable" que la vacuna de Pfizer funcionara contra alfa pero que, de ser necesario, podría actualizarse "en seis semanas". Algo similar pasó con beta: aunque Moderna también defendió que su vacuna resistiría, sí anunció, al igual que Pfizer, que estaba trabajando en dosis adaptadas contra ella y llegó a compartir resultados positivos. Desde entonces los fabricantes siguieron investigando cómo adaptar sus vacunas contra variantes, existentes o hipotéticas.

La historia se repitió con delta. Pfizer anunció que en agosto comenzaría un ensayo clínico con una dosis de refuerzo adaptada contra esta variante, a pesar de insistir de nuevo en que esta no sería necesaria. "El primer lote ya fue fabricado", aseguró la empresa en una nota de empresa. Hasta la fecha no se volvió a saber de este estudio enfocado en la que todavía es la variante dominante del planeta.

Ahora que ómicron amenaza el final de 2021, cabe preguntarse: ¿dónde están las vacunas adaptadas a variantes? ¿Eran necesarias? ¿Son tan fáciles de obtener? ¿Querrán las farmacéuticas fabricarlas? Y, sobre todo, ¿cambiará todo esto por culpa de ómicron o podremos capear el temporal mediante dosis de refuerzo clásicas? 

¿Hace falta actualizar las vacunas?
Es una pregunta que lleva en la mente de muchos científicos desde la lejana Variante alfa. Las vacunas disponibles contra el Covid-19 resistieron el paso de todas las variantes, delta incluida. Sobre todo, a la hora de evitar hospitalizaciones y muertes. Además, las dosis de refuerzo permitieron recuperar la efectividad perdida contra infecciones y mejoraron la protección de los grupos más vulnerables. Pero la duda seguía ahí. 

"En algún momento, inevitablemente, vamos a necesitar hacer vacunas contra variantes", advertía el virólogo de la Universidad Rockefeller de Nueva York Paul Bieniasz en un profético artículo publicado en Nature en octubre. En él se explicaba cómo los fabricantes se estaban preparando para una variante "peor" que delta y que, hasta ahora, todo había sido un entrenamiento. "Practicar con las variantes existentes parece una aproximación razonable", añadía el investigador.

En los últimos días llegaron los primeros datos sobre ómicron compartidos en preprints y redes sociales. Estos, además de preliminares, fueron poco concluyentes e incluso contradictorios: mientras que los datos de Pfizer aseguran que la tercera dosis podrá con la nueva variante, otros no son tan optimistas. Mientras algunos muestran una enorme reducción de hasta 40 veces por parte de los anticuerpos neutralizantes respecto a la variante original, otros estiman una reducción muchísimo más moderada. Mientras algunos ven una disminución considerable en comparación con delta, en otros es mucho más reducida.

Los investigadores con atino piden calma respecto a la miríada de datos que veremos a lo largo de los próximos días y explican discrepancias. "Los ensayos de neutralización [con anticuerpos] son métodos en los que influyen muchas variables, por lo que es necesario una buena puesta a punto y el empleo de varias réplicas que permitan tener un resultado estadístico fiable". En esas opiniones, esta complejidad es la que pudo influir en los resultados "dispares" que se observaron en los datos compartidos hasta la fecha.

Los investigadores consideran que los datos más relevantes tardarán más tiempo en llegar y nos permitirán ver cómo protegen las vacunas actuales, ya sea con dos o tres dosis, frente a cuadros graves, hospitalizaciones y fallecimientos. "No podemos olvidar que la respuesta inmunitaria es mucho más que solo la generación de anticuerpos", señala el investigador del King’s College José Jiménez.

Es por eso por lo que investigadores como el inmunólogo de la Universidad Complutense de Madrid recuerdan que "las vacunas frente al Covid-19 no protegen solo mediante la generación de anticuerpos neutralizantes, también generan linfocitos T capaces de combatir al virus". Estos son "menos sensibles" a las mutaciones.

Por ello, y aunque la pérdida de neutralización por parte de los anticuerpos frente a ómicron se da por asumida, la mayoría de los científicos piensa que las vacunas seguirán siendo efectivas a la hora de evitar cuadros graves, hospitalizaciones y muertes. 

¿Querrán las farmacéuticas actualizar las vacunas?
Desde el principio las farmacéuticas apostaron por compensar la pérdida de eficacia causada por las variantes mediante una tercera dosis de la misma vacuna, ya producida. Esto plantea la pregunta de si preferirían apostar por terceras y cuartas dosis de un producto ya fabricado antes de actualizarlo definitivamente.

Si llega ese momento viviríamos de nuevo una "carrera" entre las farmacéuticas por ver quién consigue antes resultados positivos para posicionarse con mayor rapidez en el mercado. Esta sería "más o menos despiadada" según factores diversos como "la urgencia sanitaria y los nuevos grupos de riesgo, que determinarán los volúmenes necesarios, el interés de adaptar la producción a la demanda y a la necesidad, y el precio". En el peor de los casos, si hubiera una "gran diferencia de efectividad" entre las vacunas nuevas y las actuales, habría un escenario de "gran inequidad". Incluso que la industria "use su capacidad de marketing" para "vender el nuevo producto a quien lo quiera comprar a un precio más elevado, aunque el beneficio real sea cuestionable". 

Aun así la mayoría entiende o cree que lo normal es que las vacunas actuales mantengan su utilidad y, por lo tanto, que haya un "período de transición" en el que ambas se administraran paralelamente tras identificar a los grupos prioritarios que deberían recibir las nuevas.

Mientras tanto, el director ejecutivo de Pfizer Albert Bourla aseguró a CNBC que hará falta "una cuarta dosis"un año después de la tercera. No especificaba si esta ya estaría adaptada contra ómicron, pero sí aclaraba que la nueva variante podría acelerar esos tiempos.

Ojalá prevalezcan los criterios científicos y no el márketing. Los científicos piden un modelo similar al de la vacuna de la gripe, en el que todos los agentes, desde agencias reguladoras y centros de vigilancia a la propia industria, trabajan de forma coordinada para adaptar las vacunas. Ahí el liderazgo está en las instituciones y organismos públicos y se fabrica en función de lo que se prevé que va a necesitarse.

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