Un mundo más desigual es el legado de la pandemia

El mundo 09 de diciembre de 2021
El 0,001% de la población incrementó su fortuna un 14% durante ese período, mientras 100 millones de personas se sumaban a la extrema pobreza, según el World Inequality Lab.
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La brecha entre ricos y pobres siguió creciendo entre 2019 y 2021, cuando la covid-19 impuso un abrupto paréntesis a la etapa de crecimiento que vivía la economía global. En la cúspide de la pirámide, un reducido y selecto club de multimillonarios –el 0,001% de la población– vio cómo sus fortunas crecían un 14%.

En una amplísima base, 100 millones de personas más se veían abocadas a la extrema pobreza. Según un macroestudio elaborado por el World Inequality Lab, en los últimos dos años se ha producido una aceleración del proceso de concentración de las rentas y la riqueza que arrancó en la década de los ochenta. “Observamos un mundo todavía más polarizado: la covid ha amplificado el fenómeno del ascenso de los multimillonarios y ha dejado más pobreza”, afirma Lucas Chancel, que ha liderado la investigación.

El prestigioso laboratorio de ideas francés (codirigido por Lucas Chancel, Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman), registra otro año más en el proceso de desigualdad de rentas y riqueza, que se agudizó a raíz de la oleada de políticas desreguladoras y privatizadoras de los años ochenta. Ese fue el comienzo. En las dos últimas décadas, la distancia entre los ingresos del trabajo y el capital que percibe el 10% más rico de la población y el 50% más pobre se ha duplicado. Y la concentración de la riqueza ha llegado a una cuota “extrema”, puesto que el 10% más poderoso posee ya tres cuartas partes de todo el patrimonio mundial.

El coronavirus no ha truncado esa tendencia. Más bien al contrario: ha acelerado ese proceso hasta llegar a una suerte de nueva belle époque para las élites de todo el mundo, puesto que la desigualdad entre los de arriba y los de abajo nunca había sido tan grande desde comienzos del siglo XX. “No se observa que el proceso iniciado a comienzos de los ochenta haya cambiado hasta ahora. Más bien se mantiene esa tendencia y lo que cabe esperar es que se haya acentuado, en particular en 2020”, sostiene Luis Bauluz, investigador del World Inequality Lab.

Sin embargo, no todo son malas noticias. La pandemia ha obligado a multitud de países a tender redes de protección para sus ciudadanos. En Estados Unidos, el estallido de la pandemia se cebó desproporcionadamente con los ciudadanos más vulnerables. Las tasas de empleo cayeron un 37%. “Y, sin embargo, vimos que no se produjo un aumento de la pobreza. Justo lo contrario: hubo un descenso”, destaca Chancel. La actuación de la Administración mediante gasto y transferencias sociales no solo protegió a esos ciudadanos, sino que permitió reducir las tasas de pobreza entre 2020 y 2021 en un 45% en comparación con 2018. En total, 20 millones de personas escaparon de esa situación de vulnerabilidad. “¿Qué significa eso? Que las políticas sociales son efectivas, que podemos reducir la extrema pobreza en los países ricos. Y esto enfatiza un mensaje clave: la desigualdad y su reducción no es una cuestión de limitaciones económicas, sino que es una elección política sobre el tipo de sociedad en el que queremos vivir”, añade el economista. Esas ayudas, no obstante, no fueron suficientes para reducir las desigualdades a causa de la elevada tasa con la que crecieron los ingresos y el patrimonio de los más ricos.

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