Luces y sombras a un año de la primera vacuna

Sociedad 08 de diciembre de 2021
La histórica campaña mundial de vacunación contra el Covid cumple un año.
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A un año de la primera vacuna administrada en Occidente, se distribuyeron más de 8.200 millones de dosis en el mundo, aunque de forma desigual con unos 73 países de bajos ingresos, más de la mitad en África, que no van a lograr una cobertura del 40% de su población para fin de 2021 mientras los más desarrollados ya analizan una cuarta inyección de refuerzo.

A este cuadro se suma la reciente aparición de la variante Ómicron de coronavirus, en Sudáfrica, que generó una nueva alarma mundial, aunque funcionarios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguraron este martes que no hay pruebas de que esta nueva cepa provoque una enfermedad más grave que las anteriores variantes

"Tenemos vacunas muy eficaces que han demostrado su poder contra todas las variantes hasta ahora, en términos de gravedad de la enfermedad y de hospitalización, y no hay ninguna razón para pensar que no vaya a ser así" con Ómicron, explicó el director de emergencias de la OMS, Michael Ryan.

El funcionario de OMS señaló también que los estudios aún están en una fase temprana, ya que la variante se detectó apenas el 24 de noviembre. Desde esa fecha se ha identificado casos en unos 40 países.

El 8 de diciembre de 2020 la británica Margaret Keenan fue inoculada con el fármaco de Pfizer/BioNtech en lo que por entonces los funcionarios sanitarios llamaron el "Día V", un juego de palabras con el "Día D", como se conoce el desembarco de Normandía que permitió el avance posterior de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

A fines de enero el Reino Unido había administrado más dosis que Alemania, Francia, Italia y España juntas, consiguiendo doblegar la curva impulsada por la variante Alfa que en ese momento se había extendido rápidamente.

Pese a este inicio, el país es hoy el más golpeado por la pandemia en Europa con más de 10 millones de casos confirmados de coronavirus y más de 145.000 fallecidos a causa del virus, y al Gobierno de Johnson se lo culpabilizó por esta situación.

Según un informe de los comités de Salud y Ciencia del Parlamento, el Gobierno cometió “una de las fallas de salud pública más importantes” de la historia británica durante la primera parte de la pandemia, debido a que tardó demasiado tiempo en imponer un aislamiento, lo que provocó miles de decesos evitables.

Tan solo ocho meses después de decretado el inicio de la pandemia, la imagen de la mujer se convirtió en símbolo de esperanza como la primera persona que empezó a ser inmunizada en Occidente, en una noticia de repercusión global.

Tres días antes, el 5 de diciembre, Rusia ya había empezado una campaña de inoculación en Moscú con menos dosis y menos prensa, mientras que China tuvo el lanzamiento oficial de su operativo el 15 de diciembre del año pasado, de acuerdo a la agencia Xinhua.

Desde entonces se administraron más de 8.200 millones de dosis en el planeta, de acuerdo con sitios especializados como Our World in Data de la Universidad de Oxford y la Universidad Johns Hopkins, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula poco más de 8.000 millones.

Donde los datos coinciden es en la inequidad en el acceso a estos fármacos: cerca del 55% de la población del planeta recibió al menos una dosis de alguna de las vacunas, pero ese promedio baja al 6% si se consideran solamente los países de ingresos bajos.

La agencia sanitaria de la ONU puso como meta que al menos el 40% de la población de todos los Estados hayan recibido una inyección para fines de este año, algo que 73 países (44 de ellos en África) no están en camino de alcanzar, de acuerdo a la última proyección de Our World in Data (fuente de la que Google saca los datos para las búsquedas).

Por el contrario, las naciones que tuvieron un mayor acceso a inoculantes ya iniciaron la administración de terceras dosis e incluso algunos como Israel ya analizan la posibilidad de otorgar un cuarto refuerzo.

Uno de los factores que contribuye a esta desigualdad es que los países priorizaron los contratos bilaterales con las grandes farmacéuticas para hacerse de las vacunas, que en muchos casos como el de la Unión Europea (UE), Reino Unido, Estados Unidos y Canadá llevó a un acaparamiento más grande que el necesario para satisfacer la demanda de su población.

Esto en detrimento del multilateralismo propuesto por el Covax que, ante la escasez de reservas y las prohibiciones a las exportaciones, entregó hasta el momento 610 millones de dosis, muy lejos del objetivo de 2.000 millones propuesto originalmente para 2021.

En paralelo, la iniciativa para suspender temporalmente las patentes de las vacunas contra el coronavirus, presentada en octubre de 2020 en la Organización Mundial del Comercio (OMC), sigue frenada por decisión de un pequeño grupo de países industrializados.

La UE, el Reino Unido y Suiza, sedes de las grandes farmacéuticas, son los principales responsable de bloquear la iniciativa elevada por Sudáfrica e India y respaldada por más de 100 países, entre ellos la Argentina.

La alarma que genera la aparición de nuevas variantes como Ómicron, en parte motivada por este acceso desigual a los inoculantes, puede provocar una brecha aún más grande como muestran distintas medidas que apuntan a avanzar con la inoculación en menores de edad y hasta la vacunación obligatoria.

En ese marco, el Gobierno británico informó esta semana de un nuevo contrato para adquirir 114 millones de dosis de Pfizer/BioNtech y Moderna por el temor que genera la mutación, de la cual todavía se estudia si genera más posibilidades de reinfección del virus.

La buena noticia en este aniversario es que todos los inmunizantes de forma masiva demostraron ser efectivos contra la Covid-19, tal como lo exponen las tasas de mortalidad en los países con campañas más avanzadas y pese a lo que exclamaron los grupos antivacunas, muchos de ellos todavía organizando protestas en Europa, Australia y Estados Unidos principalmente.

Además, en el último mes aparecieron tratamientos alternativos como las píldoras fabricadas por los laboratorios Merck y Pfizer, que empezaron a tener el visto bueno de los entes regulatorios y que se comercializan con una patente mucho más abierta que las vacunas.

Así fue como Margaret Keenan, de 90 años por entonces, se convirtió en la primera persona en recibir un inoculante como parte del programa destinado a poner fin al Covid-19.

La decisión del Gobierno británico de aprobar el fármaco del gigante farmacéutico Pfizer impulsó a los reguladores de medicamentos del resto de los países a acelerar también el visto bueno a ese y otros desarrollos.

El 30 de diciembre y con el objetivo de acelerar la campaña, la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios británica (MHRA) aprobó el inmunizante de AstraZeneca, lo que le permitió al país en ser el primero también en tener una vacuna más barata y de más fácil distribución.

El coronavirus es una enfermedad infecciosa y continua siendo un amenaza a nivel mundial, mientras exista en cualquier parte del planeta, se pueden dar variantes que se pueden extender de nuevo a los países vacunados, provocando en los países ricos más muertes y además que se alargue la crisis por sus efectos.

Aunque en muchos países con los niveles de vacunación más altos, que coinciden con los países más ricos, la vida de muchos habitantes está volviendo a una pseudo normalidad, la situación en los países con menos recursos es muy diferente

Una distribución desigual de las vacunas profundiza en las desigualdades entre los países ricos y los países pobres, aumentando la brecha ya existentes, y revierte los años de inversión en progresos que ha costado en conseguir, teniendo un impacto con larga duración a nivel socioeconómico y retrasa así el progreso.Esa visión errónea del manejo de la pandemia no sólo costará vidas, hará la crisis más larga. Ojalá se entienda.

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