Mal de muchos…

Claves 07 de diciembre de 2021
Nadie tiene los valores de inflación de la Argentina, pero la pandemia generalizó este fenómeno económico que preocupa hoy a las principales potencias.
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“Los recientes episodios de restricciones en las cadenas de valor y en los canales logísticos y la escalada de los precios energéticos y de las materias primas podrían ocasionar mayores y más intensos efectos sobre la inflación y sobre el ritmo de recuperación económica”.
No son palabras menores, aparecen en el comunicado de la última reunión ejecutiva del Banco Central Europeo (BCE). Casi al unísono, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, en su primera comparecencia tras renovar su segundo mandato como jerarca de la Fed, sucumbía a los cantos de sirena del mercado e incidía en que era el instante de retirar el término "transitorio" para describir la inflación en EEUU.

El nudo logístico y energético está presionando.

Varias economías del mundo servirían como botones de muestra de esta dicotomía: rebajar las cargas de combustible monetario de tasas de referencia excepcionalmente bajas para añadir más dinamismo al incipiente ciclo post-Covid. Pero apareció la variante Ómicron; precisamente cuando el dinamismo empezaba a ir, en este último trimestre de 2021, viento en popa. Tres de estos países, EEUU, Alemania y España reflejan a la perfección la fricción de un fenómeno que se asemeja a una tormenta perfecta.

 
EEUU: alta tensión de precios
En la primera potencia global, el veredicto de Wall Street, que presagia que el PIB norteamericano navega a alta velocidad, con ganancias empresariales batiendo previsiones desde marzo. Este dinamismo viene impulsado por el gasto de sus consumidores y sostenido por un mercado laboral en el que los subsidios por desempleo se deslizaron, en su último cómputo semanal, a su nivel más bajo desde 1969. 

Desde la Fed de Atlanta se anticipa que el PIB entre octubre y diciembre, un 8,6%, será el de más fortaleza desde el verano de 2020, extraordinario no sólo porque sacó a EEUU de la recesión técnica de la Gran Pandemia, sino por su explosión, al marcar un crecimiento del 33,4%. Morgan Stanley y JP Morgan acaban de poner números a esta oleada de datos de dinamización económica. El servicio de estudios del primero eleva su predicción al 8,7%, desde nada menos que el 3%, dada la “salud del PIB y la capacidad de gasto e inversión” de consumidores y empresas. En su caso, por la “notable corrección” del déficit comercial, que deja como sorpresa una contribución positiva al PIB, dentro de unas señales de cierta mejoría de la crisis logística y comercial internacional.

Este empuje de la economía estadounidense no debe relegar que el Libro Beige, que elaboran los doce bancos estatales de la Fed integrados en su sistema, apele a la moderación por el daño colateral que aún trasladará a la economía el cuello de botella comercial y el encarecimiento de la energía al consumo y la inversión privada.

Alemania, potencia comercial pero...
Más retrasada, la economía europea vuelve a ser epicentro de cierta preocupación global. El informe IFO acaba de revelar caídas de los índices directores germanos por su cuarta ola de epidemia, pero, sobre todo, por el perjuicio ocasionado a la gran potencia comercial de la UE la obstrucción de las cadenas de suministro. Este factor mermó la confianza de consumidores y empresas, que no retomarán el aliento hasta después de Navidad. 

Paradójicamente, las expectativas inversoras siguen en fase de semi-euforia, dando por hecho aún que los brotes de inflación serán pasajeros en la zona del euro, pese a que el Ministerio de Finanzas admite un “ligero incremento del PIB” en el trimestre final del año y ultima su revisión a la baja de las previsiones para 2022, que el panel de expertos de Bloomberg relega al 0,7%. El nuevo canciller solicita al BCE que actúe “si la inflación no remite” en la misma longitud de onda que su antecesora, Angela Merkel, quien, en sus últimos días en la oficina, reclama un giro estratégico de la política monetaria europea en caso de que persista el ascenso de precios: el 4.9%, los más altos en los dos décadas de existencia del BCE.

“La reactivación de la economía global continúa, pero se debilitó por la doble crisis logística y energética, que alimentó nuevos desequilibrios” resume el último informe de la OCDE en el que se alerta de la mayor incertidumbre creada por la cepa Ómicron.

España, en medio del huracán
A España, con una coyuntura a medio camino entre el vigor americano y el paro alemán y precios similares a ambas superpotencias económicas, le otorgan un alza del 4,5% este año -por debajo del 6,9% de EEUU y muy por encima del 2,9% a Alemania-. Además le conceden el galardón del PIB industrializado más dinámico del próximo ejercicio (5,5%) y de 2023 (3,8%). Sin embargo, el clima de “alto riesgo” sobre la factura del gas, provocará mayores desequilibrios en la demanda de consumo y en la creación de empleo. 

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