La negociación con el FMI, geopolítica y Cristina empujan el acuerdo

Claves 06 de diciembre de 2021
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Hay dos fechas clave en Argentina durante este mes:

13 de diciembre. Voceros del FMI adelantaron que la posible eliminación de las sobretasas se trataría por el directorio el próximo lunes. En caso de que se deroguen, significaría un ahorro para la Argentina de U$S 1.000 millones. 
22 de diciembre. Argentina debe pagar la segunda amortización de capital del préstamo por U$S 1.900 millones. En caso de que se alcance un acuerdo antes de esa fecha, la suma entraría en la refinanciación.

Entre los técnicos del Fondo reconocen que el plan que se defina no incluirá el ajuste que piden los comités de bonistas ni se parecerá a la dureza de sus habituales programas. Eso se explica por la resistencia del gobierno de Alberto, pero también porque el Fondo quiere un acuerdo con su máximo deudor y comprende que no puede pedir mucho más en el contexto de una pandemia que aún amenaza al mundo, ahora con la variante ómicron.

Aunque se descuenta que el staff reclame un mayor ajuste en 2022 que el previsto en el proyecto de presupuesto, no se descarta que Guzmán se mantenga firme en su meta de déficit fiscal primario (antes del pago de la deuda) del 3,3% del PBI. Implicaría una reducción del rojo de 2021 del 4%, si se excluye el impacto del aporte extraordinario y por única vez de las grandes fortunas, y se lograría sobre todo con la reducción de los subsidios a la energía y la retirada de los apoyos a empresas y trabajadores independientes por la pandemia.

A una semana de la última carta, Cristina defrauda y desconcierta las apuestas del Círculo Rojo. Ni se radicalizó para tomar el gobierno ni se alejó del albertismo en forma estruendosa. También ella da señales de que busca caminar por el centro el campo minado que le queda por recorrer al Frente de Todos. 

La falla que la dirigencia opositora nota en el gobierno, que este peronismo no tiene nada que ver con los anteriores, también se advierte al otro lado de la polarización. Hay una descomposición del liderazgo tradicional. Hoy nadie puede construir un liderazgo que discipline. La falta de conducción iguala tanto al gobierno como a la oposición y se apodera de todo el sistema político en un marco de alta inflación, 40% de pobreza, caída de reservas y presión devaluatoria. Son muy pocos los que destacan el vaso medio lleno de la recuperación, como hizo el empoderado Matías Kulfas ante la UIA. 

Sobre ese cuadro, se proyecta la urgencia de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. La resurrección de López Murphy, las citas de autoridad a Domingo Cavallo, la irrupción de Javier Milei, el deambular en oferta de Martín Redrado y la llegada de Carlos Melconian a la Fundación Mediterránea coinciden con un gobierno que viaja de apuro a Washington.  

Dos años después de haber llegado al gobierno y a quince meses de la reestructuración de la deuda privada, la comitiva del gobierno que encabeza Sergio Chodos tiene que ir a rendir examen a Washington en un contexto de notoria fragilidad. Según la consultora Equilibra, mientras la brecha cambiaria ronda el 100%, el Banco Central quemó en noviembre US $1.205 millones de reservas entre lo que vendió en el mercado oficial (US $889 millones) y en el de bonos (US $317 millones). Le quedan US $4.350 millones de reservas netas, lo que explica que haya dejado de intervenir en el mercado paralelo y haya prohibido los viajes en cuotas al exterior. A eso se le suma la ofensiva que ahora suma fake news como la que costó en los primeros tres días de diciembre la salida de U$S 600 millones de los depósitos privados. 

Todos saben que, cuando se atraviesan las puertas del Fondo y se entra en los despachos de la burocracia, mueren todos los relatos. Planillas, números, proyecciones y supuestos están atravesados por una pregunta clave: ¿de dónde vas a sacar los recursos?

Acreedor privilegiado y actor principal de la política argentina, el Fondo vuelve para disciplinar a un sistema político que se autoanula producto del desconcierto, la tiranía del corto plazo y la falta de claridad para salir de la crisis. Si se aprueba como todo indica, el ajuste que exige el organismo va a poner en caja al gobierno actual y al próximo, a tono con las demandas del establishment local, que está cansado de sus políticos. 

La única variante que parece clara es la de reducir subsidios vía aumento de tarifas en 2022, lo que Martín Guzmán intentó hacer sin éxito durante el año que se va, cuando chocó con La Cámpora. Los últimos datos de la consultora Economía y Energía que dirige Nicolás Arceo muestran que los subsidios al sector energético llegaron a 9.000 millones de dólares durante 2021. Es lo que cuesta el “sistema de subsidios pro ricos” -Guzmán dixit- que sigue vigente y es además una montaña que no para de crecer: en 2021 se destinó a ese fin un 75% más de lo que se había destinado en 2020 y un 131% más que en 2019.

Quienes conocen a la burocracia del organismos sostienen que todo el proceso interno del Fondo demanda por lo menos seis semanas. En las primeras cuatro, que son las que ya están corriendo, opinan el staff, la auditoría y todas las áreas que deben pronunciarse sobre el memorándum de entendimiento. En las últimas dos semanas, es el directorio el que decide. Con suerte, el acuerdo podría estar en la tercera semana de diciembre, aunque sin la aprobación del board. En ese momento, el proyecto iría al Congreso y la oposición tendrá que tomar postura. 

Aunque hoy aparece reticente a cualquier acuerdo y exige con razón que primero sea el oficialismo el que logre consensuar una postura común, la dirigencia de Juntos sabe que no tiene mucho margen para oponerse, tal como lo prevé el propio gobierno. Rechazar el acuerdo sería empujar a la Argentina hacia el default con el Fondo y admiten que les conviene que sea el peronismo el que inicie el sendero de ajuste. Crease o no, hoy para algunos es Cristina la garante de que el pacto con el organismo va a ser digerible para toda la dirigencia.

Habrá que verlo. Si el Fondo logra imponer sus criterios y ordenar en tiempo récord a un sistema político polarizado en torno a la austeridad fiscal, todavía quedará pendiente el último veredicto: el de una sociedad que viene de largos años de padecimientos, tiene los ingresos pulverizados y la paciencia saturada.  

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