Sin dólares

El País 28 de noviembre de 2021
La voluntad de acercamiento con el Fondo que exhibe la cúpula del gobierno y la de pago, que la propia Cristina reiteró por escrito, choca con Washington que reclama una reducción del déficit fiscal, en un país que tiene bajo la línea de pobreza a casi 19 millones de personas.
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Lanzados antes de tiempo a la batalla interna hacia las presidenciales, los dirigentes de la oposición se muestran distantes del gobierno. Piensan que la coalición de gobierno está terminada como experimento político y creen que serán los más beneficiados en dos años si el oficialismo inicia ahora el sendero del ajuste que reclama el Fondo. 

La voluntad de acercamiento con el Fondo que exhibe la cúpula del gobierno y la de pago, que la propia Cristina reiteró por escrito, choca con Washington que reclaman una reducción del déficit fiscal más pronunciada en un país que tiene bajo la línea de pobreza a casi 19 millones de personas y viene de años de descargar sobre los más vulnerables la mayor cuota de sacrificio. Los que se endurecieron son ellos.

El jueves, el gobierno tomó una medida que fue leída como un nuevo gesto al Fondo: la decisión de Miguel Pesce de poner fin a los viajes al exterior en cuotas con tarjeta de crédito con el objetivo de restringir un poco más la oferta de divisas y darle prioridad a los pagos de importaciones y los vencimientos de deuda con el gran acreedor privilegiado de la Argentina. Según los datos del Banco Central, la demanda de dólares por "viajes y pasajes y otros con tarjeta" fue de 265 millones de dólares en octubre y de 1.748 millones en los primeros diez meses del año. 

Tomada en la antesala del Black Friday que esperaban las agencias de viaje y las empresas de turismo generó una eclosión que impactó en varios campos a la vez, incluso entre parte de los votantes del Frente de Todos. De repente, una parte del electorado que todavía acompaña al peronismo, advirtió que la debilidad de un gobierno que no logra reducir la brecha cambiaria y debe bastante más de lo que tiene disponible en reservas, puede impactar en sus aspiraciones de consumo.

Un nuevo indicio de que a la clase media, en especial la oficialista, le cuesta despertar y solo lo hace a los golpes. Sin embargo, en el gobierno lo saben: cuando los sectores medios reaccionan tienen una capacidad de influir en la agenda mucho mayor que las franjas más vulnerables de la población, por lejos las más perjudicadas por la inflación y el derrumbe de los ingresos, que lleva 6 años. 

El problema es estructural y tiene por lo menos 10 años. De acuerdo a datos de la consultora Analytica que dirige el economista Ricardo Delgado, entre 2011 y 2021 la cuenta turismo fue deficitaria para la Argentina en nada menos que 49.426 millones de dólares. En ese lapso, los turistas que vinieron al país dejaron un saldo favorable de U$S 17.867 millones y lo que se perdió por los argentinos que viajaron al exterior fue U$S 67.293 millones. No todos los años fueron iguales: 2013 (-8215 millones), 2015 (-8180 millones), 2016 (-8237 millones), 2017 (-10577 millones) y 2018 (-8432 millones) contrastan fuerte con 2020 (-2129 millones).

La pandemia impidió los viajes y trajo un beneficio excepcional que parece haber quedado atrás. Así y todo, al gobierno del Frente de Todos los dólares no le alcanzaron para acumular reservas.

Lo segundo que está en el manual no escrito del Fondo es la devaluación, como forma de aumentar las divisas de un país que tiene que pagar. Guzmán insiste en que no habrá un salto brusco en el dólar oficial pero Washington obligó a aplicar esa receta en todos los países que cerraron acuerdos con el FMI en los últimos años. Los que conocen la saga remarcan que a Grecia no se lo demandó porque estaba dentro del Euro y a Ecuador porque tiene la economía dolarizada. Aunque Argentina pretende ser una excepción, algo es seguro: se acabó el tiempo del atraso cambiario y es insostenible que, como sucedió este año, el dólar oficial aumente un 20 % cuando la inflación toca el 50% interanual. El gobierno buscará que el dólar acompañe la suba de los precios, pero el mercado presionará para recuperar al menos el 30% que la divisa perdió este año.

Los inversores financieros se desprenden de los títulos argentinos porque temen que el Gobierno de Fernández fracase en su diálogo con el FMI e incumpla en marzo próximo con el vencimiento del préstamo récord que el organismo le otorgó al gobierno de Mauricio Macri. Ese “atraso” (no se llama default en el caso de las deudas con el Fondo) complicaría el financiamiento previsto en el proyecto de presupuesto 2022 por parte de otros organismos multilaterales, como los bancos Mundial e Interamericano de Desarrollo (BID), y del mercado local de capitales. También podría ampliar la brecha cambiaria: en la actualidad, el dólar oficial está a $ 105,75 (el viernes, tras las restricciones a la venta en cuotas de pasajes al exterior, el Banco Central retomó el ritmo de depreciación del peso de 2020, cuando subía la divisa al ritmo de la inflación y no buscaba usarla como ancla contra la suba de precios, como hizo durante casi todo 2021), mientras el contado con liquidación cotiza a 212,08.

Con los tipos de cambio tan disociados, el Banco Central pierde reservas y el Estado, ingresos. La solución pasará por acercarlos. Quizá este viernes el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, haya comenzado por volver a subir el oficial al ritmo de la inflación, pero además habrá que bajar el paralelo. Para esta última misión, el equipo económico apuesta al acuerdo con el FMI. “Por todos los medios”, como dijo el devaluado jefe de Gabinete, Juan Manzur, ante poderosos empresarios este jueves. Pero sin impedir el desarrollo, aclaró Manzur. Parece tan difícil como intentar hacer dieta en Navidad.

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